Turismo

S.O.S, turistas sueltos

por Alan Laursen

25/02/2016

Salir de veraneo es una de las mejores cosas para desenchufarse y relajarse, especialmente en nuestra costa bonaerense. Pero lejos de lo que se espera de una persona responsable, algunos turistas se relajan demasiado y se olvidan de las reglas de convivencia. Basura, incendios y accidentes son el “regalo” de algunos irresponsables año a año para la región que los recibe. Reflexionar es el primer paso para ser verdaderos turistas.

S.O.S, turistas sueltos

El turismo es llamado “la industria sin chimeneas”. Industria porque mueve -especialmente en Argentina-  mucho dinero anualmente, a veces más y a veces menos de acuerdo a los vaivenes económicos o a algún otro imponderable. Y sin chimeneas porque no es un lugar físico como sí lo es una fábrica. Además, la expresión denota que esta “industria” tiene la supuesta ventaja de no contaminar.

En esta época del año, millones de argentinos se desplazan por las rutas para ir a veranear. La costa bonaerense es uno de los destinos privilegiados en esta marea de gente con ansias de desenchufarse de la rutina. Hoteles, restaurantes, comercios, estaciones de servicio, empresas de concesión de rutas, artistas y actores callejeros o consagrados y una infinita lista de emprendimientos económicos basan directa o indirectamente su economía en el turismo. Incluso hay ciudades o regiones que dependen casi exclusivamente del mismo para su bienestar económico.

Pero, ¿qué tan amigable es el turismo para nuestro medio ambiente? Por supuesto, no tengo en lo personal ningún resquemor respecto a dicha actividad sino todo lo contrario. Me parece una de las empresas más atrayentes e interesantes para desarrollar y su beneficio para la economía regional es uno de los más generosos ya que todo aquel que tiene un bien o servicio para ofrecer tiene la posibilidad de subirse al tren de la industria turística. Sin embargo, ciertos factores culturales de nuestra sociedad a veces hacen que el impacto del turismo en algunos aspectos sea negativo.

La basura no es un souvenir

Teniendo la posibilidad de pasar parte de mi tiempo en la zona rural suelo salir a caminar por el costado de la ruta para hacer ejercicio. Es en esta época veraniega que el nivel de basura en las banquinas se incrementa. No puedo aseverar que se deba exclusivamente al turismo ya que también es época de intensa actividad en los campos, en donde camiones y máquinas de otras partes del país también se desplazan por las rutas bonaerenses. Sin embargo, mucha de la basura parece tener un origen más “familiar”: pañales usados, botellas de jugo, cajas de chocolatada, paquetes de cigarrillos  y bolsas de supermercado empiezan a formar parte del ambiente.

Quizás sea una costumbre ritual, algo así como un agradecimiento del turista para la zona que le traerá un poco de despeje de la agitada vida que lleva durante el año, una especie de souvenir al destino que lo cobijará unos días. O cual Hansel y  Gretel, la basura desperdigada en el trayecto sea un método para no perderse en el camino a casa… ¡Pero si ya inventaron el GPS, caramba!

Lamentablemente todos esos “regalitos” tardarán años en desintegrarse, se sumarán a los de la temporada anterior, andarán a merced del viento volando por los campos y afectando a la fauna y la flora del lugar, y también perjudicando a las personas que allí viven y que desarrollan otras actividades durante el resto del año. Ni hablar de la basura que queda en las playas cada jornada, más allá de los esfuerzos de pobladores y el Estado de erradicar dicha costumbre.

Dame el fuego de tu amor

Otra forma de demostrar amor y agradecimiento de los turistas en su visita es arrojar los cigarrillos encendidos por la ventanilla. Claro que eso pasa todo el año y la colilla del cigarrillo pareciera no ser algo tan contaminante. Pero la cosa cambia en pleno verano, con pastizales secos y periodos  en los que no llueve: tras su paso, un turista puede crear un incendio que se propague por los campos y los pueblos.

Tampoco falta el turista ávido de hacer una parrillita en algún lugar poco conveniente que termine en un incendio incontrolable, como pasó en un par de ocasiones en algunos bosques del país y en mi zona, en el vivero de Claromecó. Eso sí, fuego para los chorizos no les va a faltar.

Rally de verano

Hay algunos turistas que aman la velocidad, y qué mejor oportunidad para sacar el Juan María Traverso que todos llevamos dentro que mostrar nuestras habilidades al volante en médanos, playas, caminos rurales y calles poco transitadas. Algunas personas no muy familiarizadas con el lugar pueden causar verdaderas tragedias con ese descontrol absoluto del sentido de la responsabilidad.

Por supuesto que esto no es una crítica al turismo, ni un intento por desalentar la actividad ni incitar a la población a recibir hostilmente al visitante. Sin embargo sí es una crítica a un rasgo propio que tenemos como sociedad que es el descuido y la falta de respeto al otro. El verdadero valor de ser un turista es admirar y disfrutar un lugar y dejarlo igual o mejor para el disfrute y el goce de los que vendrán. El auténtico apasionado de los viajes y el turismo entiende que la preservación y el respeto es una parte fundamental del paseo y que el mejor agradecimiento para quien te recibe es retribuirlo con acciones responsables.  ¡Hagamos un cambio cultural! 


IMAGEN DE LA NOTA: vamosabucear.com