Sociedad

Alejandra Stamateas: "A la única persona que podemos cambiar es a nosotros mismos"

por Mariana Muryn

26/06/2015

Con una sólida trayectoria en medios nacionales e internacionales, su trabajo se centra en despertar la potencialidad de las personas. Su libro “No me maltratan ni maltrato” es fuente de inspiración para muchas mujeres que sufren o han sufrido violencia de género. En conversación con Revista Magna, habla de cómo ponerle fin a esa situación.

Alejandra Stamateas:
Alejandra brinda conferencias a nivel nacional e internacional en temas relacionados con el mundo de la mujer actual.

En tu libro “No me maltratan ni maltrato” abordás el tema de la violencia de género en todas sus vertientes, ¿cuál es el primer paso que debe dar una mujer que sufre de maltrato?

En primer lugar entender qué es el maltrato. Cuando una persona te oprime, cuando una persona comienza a ordenarte lo que tenés que hacer, a prohibirte ciertas cosas; esa persona empieza a asfixiarte en tu propia vida, a achicar tu mundo, a demandarte lo que podés y lo que no podés dar sin permitirte elegir ni decidir y sin permitirte crecer: ahí estamos hablando de maltrato. Es una relación de mal amor, puramente unilateral en la cual solamente uno quiere construir algo oprimiendo al otro. Esto genera en el otro una sensación de vacío permanente. Hay muchas mujeres que han aceptado estas relaciones de maltrato porque no conocen cuál es su valor o su capacidad y están esperando que otro las valore cuando en realidad la valoración nace de uno mismo.

Sobre la valoración que mencionás, ¿cuánto ayuda tener la autoestima alta para salir de una situación de maltrato?

Una de las características de las mujeres maltratadas es que tienen una gran capacidad y los hombres maltratadores pueden percibir esto, por eso van a encargarse de demostrarles que no son capaces de nada y las rebajan hasta tal punto que ellas se sienten miserables, impotentes y sin capacidad de nada, pero cuando estas mujeres recuperan su libertad -porque cuando uno es maltratado es un esclavo del maltratador- debe utilizarla para fortalecerse interiormente y superarse. Esa mujer que se ha recuperado y se supera es una mujer fuerte.

Este concepto de mujer fuerte es algo que enfatizás en tus libros, ¿cómo son las mujeres fuertes a las que te referís?

Como cualquier mujer que ha pasado por situaciones difíciles pero que se ha vuelto a levantar: son las mujeres resilientes. Hay que saber que uno tiene herramientas y potencial; que venimos equipados para poder vivir bien. Lo que pasa es que esa caja de herramientas ha estado cerrada por mucho tiempo o bien hemos utilizado pocas. Cuando nos damos cuenta de que tenemos muchas más para poder vivir plenas ahí es cuando despertamos. Todavía hay muchas mujeres que están dormidas a lo que es la relación afectiva y a quererse. Una mujer fuerte es una mujer que despierta, que reconoce que la pasó mal pero ahora está dispuesta a despertar y a aprender. Es quien sabe que puede superarse, puede abrir los ojos y con lo que aprendió puede lograr una relación exitosa sin repetir la historia del pasado.

¿Por qué hay mujeres que naturalizan las situaciones de violencia?

Porque culturalmente se ha enseñado a la mujer a ser sumisa, por supuesto que algunas mujeres lo han tomado y otras no; pero culturalmente se nos ha preparado para el mundo interno y al hombre para el mundo externo. De alguna manera nos creímos el cuento de que nosotras somos buenas para la casa, para el mundo pequeño o interior y el hombre tiene poder para otras cosas como para hacer dinero o para los negocios. Nos han hecho creer que la mujer es el sexo débil. Pensemos que si van dos mujeres solas por la calle, un hombre puede que les diga “¿solitas?” pero si van dos hombres solos, a nadie se le ocurre decirles “¿solitos?”; culturalmente ha estado esa sensación de que la mujer no se las podía arreglar sola y que eramos un anexo de alguien que tenía que sobresalir, entonces muchas mujeres se quedaron al costado de su vida por su marido y por sus hijos; que eso no estaría mal, sino que lo que está mal es olvidarse de uno mismo.

Muchas mujeres comparten la creencia de que pueden cambiar a la persona que las manipula, ¿es cierto esto?

Muchas mujeres tienen el síndrome de Atlas, es decir “yo soy todopoderosa y yo voy a poder cambiar a ese hombre que nadie lo supo querer ni entender”. Pero no está en su poder cambiar al otro. A la única persona que podemos cambiar es a nosotros mismos. Sí puedo trabajar en mí pero el otro tendrá que encargarse de trabajar en sí mismo. Puedo abrir los ojos, puedo despertar, puedo cambiar la conducta que repito, es decir, darme cuenta qué parámetro en mi vida sigo repitiendo, quizás ese sometimiento, ese entregar mi vida al otro para que el otro la maneje. Tenemos que despertar en ese sentido para usar todas las herramientas que tenemos y que son parte de nuestra fuerza interior.

"No me maltratan ni maltrato" se convirtió también en una fuerte campaña en diferentes puntos del país que apunta al fin de la violencia de género.Con esto de la naturalización, ¿cómo podemos detectar “momentos peligrosos” que nos anuncian violencia?

A través de la educación. A través de este artículo, de la gente que difunde, del trabajo al cual me dedico y se dedica mucha gente. De los debates que afortunadamente están teniendo peso en la sociedad. Esto ayuda a abrir los ojos y a entender qué cosas están mal, por ejemplo las parejas que se basan en la desigualdad, que debería haber soberanía en la pareja. La soberanía no la debe tener uno solo, ya sea hombre o mujer. Y empezar a detectar algunos comportamientos, como por ejemplo que la mujer no sepa en qué se invierte el dinero, o cuando él empieza a controlar las finanzas en la casa. Empieza a decidir qué se hace o qué no se hace. Estos comportamientos nos dan el indicio sobre la disfuncionalidad de la pareja.

En tu libro hablás de la cosificación, ¿de qué se trata?

El maltratador ve al otro como una cosa, como un objeto. Lo ve, lo analiza y lo estudia al igual que podría tratar a un televisor. Entonces la desarma para ver cómo funciona y la vuelve a armar, y ahí empieza a destruirla porque ya sabe cómo; ya sabe cómo hacerla llorar, cómo frustrarla y entonces empieza a controlarla como un objeto. Cuando el objeto le sirve para sus fines, está todo bien pero cuando no le sirve para sus fines, lo descarta, lo maltrata, lo rompe, lo tira. Esto es la cosificación y una se pregunta, ¿pero él no tiene sentimientos? No, no tiene sentimientos, porque para él el otro no es un ser humano con emociones sino un objeto que puede usar a su antojo.

¿Qué opinión tenés sobre la manifestación del 3 de junio, “Ni una menos”?

En primer lugar una alegría grande porque tiene que ver con lo que antes hablábamos: el despertar. Vi a muchas mujeres y a tantos hombres acercándose al lugar para la causa y yo pensaba e imaginaba, y esto es lo que más me pone feliz, un montón de nenas y de nenes preguntándoles a sus padres por qué se juntaban ahí, y los padres teniéndoles que explicar que esto fue en contra de la violencia y que la violencia está mal. Esta fue una manera de desnaturalizar lo que por mucho tiempo se dio como natural y una oportunidad de establecer un diálogo con los hijos para enseñarles que nadie debe maltratarlos, esto me pareció muy acertado. Por otro lado me dio tristeza el ver la cantidad de mujeres maltratadas, y pienso también en las que se quedaron en su casa porque sabían que si salían, la vuelta iba a ser peor porque la violencia iba a ser más grande.

Y ha instalado el debate en la sociedad, ¿verdad?

Ver todo esto junto en un solo día y en tantos lugares fue impactante, nos mostró qué es lo que ha hecho la cultura y qué es lo que debemos cambiar, qué parámetros debemos corregir y fundamentalmente qué debemos enseñar. Necesitamos una nueva educación para nuestros hijos, para nosotras las mujeres que somos quienes formamos a nuestros hijos, y para los varones también. Es necesario enseñar porque hemos sido mal educados en ese aspecto. Lo del 3 de junio estuvo muy bien y está bien que haya leyes y que el Gobierno se ocupe, pero esto también tiene que ver con lo que hacemos nosotros con nuestra familia: qué les enseñamos y qué les mostramos a nuestros hijos porque uno puede hablar mucho pero el ejemplo lo toman de lo que viven.


Más información:

Alejandra Stamateas tiene una interesante web con mucha información sobre su trabajo y ofrece la posibilidad de escribirle directamente para recibir consejos y tips: alejandrastamateas.com