Sexo

Amor a la distancia: ¿funciona?

por Carla Lioi

24/02/2015

Hoy en día muchas relaciones se mantienen vivas a través de las redes sociales, los teléfonos inteligentes y los encuentros esporádicos. Pero, ¿es posible hacer que sean duraderas?

Amor a la distancia: ¿funciona?
Las razones para asumir relaciones de este tipo son cada vez más frecuentes: oportunidades laborales en otras partes del globo, becas en el extranjero o medias naranjas que se conocieron a través de Internet. | Imagen: lustfulwhispers.tumblr.com

Los amores platónicos existen desde siempre y a estos se suman las relaciones de verano y hasta los encuentros en donde uno conoce a su media naranja en la otra punta del mundo. Es cierto que al comienzo de este tipo de relaciones todo es mágico, atractivo e incluso el sabor de aquello que es difícil nos incentiva cada vez más, pero en la mayoría de los casos estos vínculos tienen un punto final.

“Es real que el deseo y las ganas de encontrarse nuevamente alimentan este tipo de relaciones mientras duren. Pero al cabo de un tiempo la frustración y el querer tenerse frente a frente pesa más“, indica la psicóloga Romina Fernández. “Esto ocurre porque el ser humano vive en sociedad y, a tantos kilómetros de distancia -por más que estén conectados vía Skype las 24 horas del día- no sólo no existe el contacto físico, sino que también uno se pierde cosas de la vida del otro“.

En los tiempos que corren el abanico de herramientas para comunicarse es cada vez más amplio. Los teléfonos y las computadoras cuentan con cámaras web y tanto Skype, Facetime y sus cuatro nuevos reemplazos -Linphone, Ekiga, Empathy y SFLphone- se han transformado en aliados de este tipo de relaciones. Pero más allá de que la tecnología acompaña, es un tanto complejo sostener estos vínculos.

La Lic. Fernández remarca que, en muchos casos, una de las partes queda de alguna manera pegada a esta relación resignando salidas, encuentros sociales y obsesionándose sólo con el momento en el que habla con su pareja de manera cibernética.

Lo más aconsejable es que si ambos componentes consideran y creen que la relación tiene futuro, se intente apostar por algún tipo de encuentro midiendo a consciencia lo que eso implica. Es decir, antes de dar un paso tan grande como mudarse a otro país o ciudad, dejando atrás a la familia, las oportunidades laborales y las costumbres, lo ideal es probar un tiempo y ver si realmente esa relación vale la pena. De alguna manera este período de prueba es un punto medio entre mudarse definitivamente a otro lugar o quedarse atado a una relación sostenida a través de un software que, en definitiva, no sabemos cuánto va a durar.

Una historia real

Johanna Prato es argentina y viajó un tiempo a Perugia, Italia, por cuestiones laborales y además para pasear durante algunos meses. Allí, en una especie de condominio en donde las personas tienen su cuarto y baño propios pero comparten las instalaciones -un sistema muy común en Europa-, conoció al italiano Francesco Chessa.

Al principio se hicieron amigos y, lejos de pensar en una relación amorosa, ambos pasaban sus días trabajando y haciéndose compañía. Pero después de un tiempo se volvieron inseparables y el amor llegó a sus puertas. Johanna ya tenía un pasaje de vuelta, no estaba en sus planes vivir en Italia. Al principió optó por retrasar un tiempo el retorno y luego regresó a Buenos Aires. La relación se sostenía vía Skype y Whatsapp pero para ninguno de los dos era suficiente, aunque ambos sabían que tenían compromisos y responsabilidades en sus sitios natales.

En el fondo los dos apostaban a una relación sólida y ninguno se sentía feliz sin el otro. Tras mucho pensarlo, Johanna volvió a Perugia a visitarlo. Ella regresó a su país y Francesco la fue a visitar a Argentina. Así varias veces, ambos conocieron a la familia del otro hasta que el desgaste de viajar y el dinero agotó las opciones de ir y venir. Entonces Johanna se mudó a Italia durante un año. Pero a fines de 2014, ambos decidieron volver a Buenos Aires y probar suerte, sin separarse y teniendo en cuenta todos los obstáculos y variables que pueden existir en este tipo de relaciones. Aunque como verán, el amor fue más fuerte.

La historia de Johanna y Francesco sólo puede dejarnos una conclusión: tener una relación amorosa a distancia no es fácil, pero si hay voluntad y amor verdadero -además de confianza y fidelidad- puede funcionar.