Nacional

Argentina, un país con buena gente… y no tanto

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15/05/2014

Argentina, un país con buena gente… y no tanto

¿Qué nos pasa a los argentinos? ¿Cómo entendemos los hechos de violencia cotidianos a la par de nuestras grandes virtudes? ¿Somos buenos o somos malos? Una nota que quiere invitarte a pensar humildemente sobre nuestras actitudes diarias. Te dejamos abierta la puerta.

Por Alan Laursen | alaursen@revistamagna.com.ar

Quiero invitarte en esta nota a hacer un poco de ejercicio introspectivo. Para comenzar vamos a hacer un poco de nacionalismo autocomplaciente –y no por ello menos válido-: somos un país inmensamente rico económicamente, el Creador ha sido por demás generoso en esta parte de la tierra y esta porción que nos supo quedar fragmentada en un país llamado Argentina al cual pertenecemos. Culturalmente somos inmensamente reconocidos, tenemos premios Nobel, destacados científicos, exquisitos literatos, talentosos bailarines, pintores, escritores, deportistas, actores, cineastas y ahora una Reina en Holanda y al Papa Francisco. Sin dudas la Argentina se destaca y no tiene nada que envidiarle a ningún país del mundo. Bueno, casi nada.
La Ley Anti-bullying, aprobada con bombos y platillos hace más de medio año, sigue sin reglamentarse. | Imagen: diarionorte.com

A la par de nuestros talentos, paisajes, riquezas y culturas también tenemos lo que podemos llamar “un costadito oscuro”. ¿Por qué si tenemos tanto sufrimos tanto? Un tema bastante ambicioso de abarcar en una nota, pero humildemente pensado para reflexionar y también para disentir. Porque disentir también se puede si se hace con respeto.

En estos últimos días fueron resonantes dos casos violentos (más allá de la inseguridad y la violencia familiar): el de una chica en Junín a la que tres hermanas golpearon hasta provocarle la muerte y el de una nena de 8 años que fue golpeada por compañeritos más grandes en la escuela. También un par de casos más en donde chicas son golpeadas por otras por “hacerse la cheta” ¿Usted puede encontrar causas a tanta violencia? Seguro se le están ocurriendo miles como a mí.

Lo cierto es que si bien en todos lados se cuecen habas y todos los países tienen casos de violencia –basta ver casos recientes en Venezuela, Ucrania, España- en el nuestro estamos a merced de la tolerancia a la violencia y la falta de acción y compromiso de quienes deberían hacer algo. ¿Es esto cuestión de “buena gente” y “mala gente”? Sin duda no es posible ser tan tajantes y llevarlo a esos extremos, pero en épocas de radicalizaciones los casos de gente con alto grado de maldad están a la orden del día.

Uno de los últimos eslóganes de esta administración nacional reza: “Argentina, un país con buena gente”. Creo que como generalización es válida. La Argentina ha mostrado su lado más humilde, más solidario, en situaciones que a todos nos han acongojado. Cuando una familia pierde todo en un incendio, siempre hay gente dispuesta a brindarle ropa, colchones, comida, lugares. Ante la avería de un auto siempre hay alguien para ayudar, incluso ante el temor de ser víctimas de un hecho de inseguridad. Las inundaciones en La Plata fueron uno de los casos en que la gente se volcó masivamente a ayudar. Claro que la hermanastra malvada de la “solidaridad”, la “viveza criolla”, también se hizo presente. Y discúlpenme señores políticos por la generalización pero hay que hacer más honor a los eslóganes en casos como esos. En fin, tenemos esa gran virtud los argentinos. Y también el gran defecto de  ser el polo opuesto al mismo tiempo. Dr. Jekyll y Mr. Hyde. O para ponernos bersuiteros, como bien dice su canción “La argentinidad al palo”: “…podemos ser lo peor pero también lo mejor, con la misma facilidad”. Es una de mis canciones favoritas y de las que mejor nos describe al igual que “Siglo XX cambalache” –perdónenme los tangueros si les molesta la comparación-.

¿Podemos estacionarnos en la rampa de discapacitados y a la par considerarnos “buena gente”? | Imagen: mdzol.com

Como si fuera un título anticipatorio y relativizador del eslogan “Un país con buena gente”, en 2004 salió el ensayo “No somos tan buena gente” del reconocido psiquiatra Dr. José Abadi y del periodista Diego Mileo. Es un ensayo de componente psicológico y desde que lo leí me encantó y a la vez me dolió porque nos canta las cuarenta de modo crudo. Nos dice sin tapujos cómo somos los argentinos en nuestras miserias. Está bueno reconocer y ensalzar nuestras cosas buenas pero también necesitamos darnos cuentas de las no tan buenas, para cambiar. Sin dudas recomiendo este libro. Pero ojo, ya tiene 10 años y sigue más vigente que nunca, triste indicio de que hemos cambiado muy poco.

En lo competente a la violencia –disparador de esta nota- el libro dice:

“Al hablar de la impunidad social como una estructura de incumplimiento de las leyes, observamos que cuesta un gran esfuerzo generar una tradición en ese sentido, desde los más sencillos códigos aplicados a la convivencia hasta los principios más fundamentales. Cuando transgredimos una norma, creemos que lo hacemos de un modo abstracto, sin involucrar o comprometer al semejante, y no tomamos conciencia de que estamos atacándolo de modo directo” (Pág/12).[i]

A la par de que vamos corriendo “el umbral de dolor” ante todos estos casos de violencia, corrupción y desidia, también vamos perdiendo el sentir que transgredir una norma es grave. Perdemos de vista realmente que nuestra actitud afecta al otro. Por supuesto que cuando nos toca ser ese otro ponemos el grito en el cielo. Estas mujeres agresoras que mataron a otra chica y esos niños que golpearon salvajemente y sin razón a su compañerita son las dos caras de una misma moneda: esos chicos sin dirección adecuada serán los agresores adultos que mataron a la adolescente y serán los padres de futuros chicos agresores. Como si fuera poco, la Ley Anti-bullying aprobada con bombos y platillos hace más de medio año sigue sin reglamentarse. ¿El Sr. Estado? No parece estar enterado de que esto lo atañe y se desconcentra en buscar culpables externos, en campañas políticas y en sucesiones. Si bien el Estado somos todos, lo expreso aquí encarnado en la figura de sus administradores de turno.

En Argentina, el tema de la inseguridad preocupa y parece instalarse como uno de los puntos más importantes a resolver. | Imagen: d24ar.com

Para cerrar, un párrafo de este libro, a mi juicio el mejor y por ende mi favorito:

“Los ídolos políticos de nuestro país siempre intentaron arrogarse y apropiarse de la nacionalidad. Ser idolatrado implicó siempre monopolizar la argentinidad, dejando a los oponentes el lugar del antipatria, de lo no nacional. Los ídolos políticos se posicionaron en una dicotomía básica y terminante: eran ellos o el infierno, el caos, la nada. Y plantearon esos énfasis maniqueos a sus seguidores: “o yo o el caos”, “o yo o la dictadura”, “o yo o el régimen”. “Me eligen a mi o eligen la mediocridad, la traición, la maldad”. De esta manera se presentaron como la única posibilidad, como la totalidad del universo posible a favor de la patria. Obviamente, toda referencia a la totalidad tiene puentes inmediatos con las zonas del totalitarismo”.

¿Bastante conocido no? Para darle un guiño literario, bastante orwelliano el panorama. Recuerde el lector que es un análisis de 2004 y no de 2014.

Podemos estacionarnos en la rampa de discapacitados y a la par considerarnos “buena gente”. Por eso pedir “buena gente” en el poder siempre puede ser ambiguo en base a la vara que tenga cada uno para medir. Pero sin dudas el ejercicio necesario del argentino tendrá que ser volver a recuperar el conocimiento certero sobre lo que está bien y lo que está mal y sobre todo entender que lo que hacemos con nuestro costado de “mala gente” afecta a la sociedad más de lo que creemos y que como a ella pertenecemos, ese mal nos vuelve. ¿No querés delito? Podés aportar  no comprando robado y fomentar así el círculo vicioso de un mercado negro manchado de sangre inocente, que potencialmente te puede caer encima. ¡Bien simple!


[i] ABADI, J; MILEO, D (2004) “No somos tan buena gente”, DeBolsillo: Buenos Aires.