Medio Ambiente

Arturo y la pregunta de siempre: zoológicos, ¿sí o no?

por

28/01/2014

Arturo y la pregunta de siempre: zoológicos, ¿sí o no?

El caso del oso polar Arturo del Zoológico de Mendoza evidenció la situación de muchos animales en cautiverio que no están en las mejores condiciones y también volvió a poner en el tapete la cuestión sobre el rol de los zoológicos como institución. ¿Querés pasar a reflexionar?

Por Alan Laursen | alaursen@revistamagna.com.ar

A fines de 2013 a muchos nos conmovió la noticia del oso polar del Zoo de Mendoza, Arturo, cuyo caso despertó un sinfín de críticas en los medios por parte de defensores de los derechos de los animales que movilizaron decisiones gubernamentales y reflotaron viejos cuestionamientos al zoológico como institución.

Todo comenzó a partir de las denuncias de la ONG ecologista Greenpeace quien puso de manifiesto las condiciones en las que vivía el animal, en un contexto de altas temperaturas por la ola de calor que afectó a gran parte del país. Siendo un animal cuyo hábitat natural es el frío polar, con una temperatura inferior a 40° bajo cero, es comprensible que las altas temperaturas mendocinas sumadas a una inadecuada infraestructura no sean un hogar adecuado y piadoso para el oso.

En Greenpeace.org/argentina se puede vislumbrar en toda su plenitud la campaña emprendida para salvar al animal de un sufrimiento mayor que puede terminar con la muerte de este ejemplar de casi 30 años. La ONG ecologista le entregó al gobernador mendocino Martín Pérez un petitorio con 160.000 firmas con la intención de que el Gobierno provincial apruebe el traslado de Arturo a Canadá para que viva en mejores condiciones.

Este petitorio casi logra el objetivo: el Gobernador había dado el visto bueno a fines de enero y se había comprometido a trasladarlo una vez que un grupo de especialistas veterinarios entreguen el informe respecto al espécimen decidiendo si era posible o no su traslado. Finalmente –y contra todos los pronósticos- los especialistas concluyeron el 7 de febrero de 2014 que no era posible llevarlo hasta Canadá porque corría riesgo de vida, aunque también coincidieron en que el estado de salud del animal era bueno. Además los expertos se comprometieron a profundizar el seguimiento al oso y a mejorar las condiciones del hábitat del zoológico en donde vive, aunque ratificaron que las condiciones en las que está actualmente son acordes a los requerimientos del oso polar.

Uno de los centros que se proponían para trasladar a Arturo está en la provincia de Manitoba (Canadá), donde vive el 60% de los osos polares que están en cautiverio en el mundo. Imagen: telam.com.ar

Pero… ¿hasta qué punto un zoológico es un buen lugar para un animal? ¿Cuán óptimas van a ser las condiciones de ese hábitat artificial que recrea a duras penas el original?

Relativo a ello, en declaraciones a Télam al comienzo de esta campaña, el director ejecutivo de Greenpeace Argentina Martín Prieto resaltó que “si bien nos convoca la situación particular del oso polar, el tema de fondo es la reconversión del zoológico (…) es importante que el zoológico tenga como objetivo la investigación y la educación y también la rehabilitación de especies autóctonas“.

¿Zoológicos sí o zoológicos no?

El zoológico como institución ha mutado con el tiempo, dejando de ser un mero centro de entretenimiento que poco se preocupaba por el bienestar de los animales hasta convertirse –cambio de paradigma de por medio- en una institución más atenta al bienestar animal, focalizando también en la educación más que en el entretenimiento per se. Sin embargo, el zoológico sigue siendo una institución cuestionada, y más en países como la Argentina en donde todavía queda mucho por hacer en materia de conservacionismo.

Según un análisis de situación y reflexión del ecólogo argentino Alejandro Malpartida en su artículo “La visión y el rol de los zoológicos en el siglo XXI”, actualmente la concepción del mismo como espacio incluye “la exhibición de ejemplares vivos, y con ello el poder y dominio (sobre la naturaleza)”, la distracción y el esparcimiento, el conocimiento y la educación, la investigación científica, la protección y la conservación. Aunque sostiene que estas perspectivas están presentes en mayor o menor medida en los zoológicos, la posibilidad educativa no deja de ser una contradicción ya que nace de la exhibición y el dominio. Es interesante el artículo, no es extenso y resulta muy ilustrativo (si desea leerlo completo -se lo recomiendo- click aquí) .

Un triste antecedente

Luego de la Navidad de 2012, el Zoológico de Buenos Aires tuvo que dar una lamentable noticia que no estuvo exenta de polémicas: Winner, el último oso polar de ese zoológico, falleció -según las autoridades- por las altas temperaturas, “comportamientos nerviosos” y la pirotecnia de Nochebuena y médicamente se lo trató como muerte por hipertermia.

El excesivo calor y los ruidos de la pirotecnia fueron las causas de la muerte de Winner, que ocurrió durante la madrugada de Navidad del 2012. Imagen:  theclinic.cl

Luego de esta muerte salió a la luz un informe de Auditoría General de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, que en 2009 había puesto de manifiesto que el hábitat de los osos presentaba deterioros y no tenía la temperatura adecuada. Se acusó al Jardín Zoológico de desoír tales recomendaciones y se lo responsabilizó desde sectores ecologistas de la muerte del animal, que al momento tenía 16 años, tratándose así de un animal demasiado joven teniendo en cuenta que Arturo cuenta ya con casi 30 años de edad.

Por este motivo, tanto Mauricio Macri en calidad de Jefe de Gobierno como la Presidenta Cristina Kirchner recibieron cartas de agrupaciones ecologistas que reclamaban que no existan más en la ciudad lugares donde haya animales en cautiverio para el entretenimiento “siniestro” de las personas, y pidieron que se eduque a los chicos en el respeto y la libertad de toda forma de vida. Esto reavivó la llama de los tradicionales cuestionamientos a los zoológicos.

Llamativamente, tanto Winner -quien falleció- y Arturo, cuyo estado de salud fue puesto en duda por las diversas denuncias, fueron casos resonantes en la misma altura del año: en verano. Suena lógico considerando la diferencia extrema entre el hábitat natural de los osos polares y el área geográfica en la que nos encontramos.

¿Un caso de zoocosis?

Entre las cosas que se dijeron y se denunciaron, algunos ecologistas argumentaron que Arturo estaba sufriendo de zoocosis. ¿Qué es la zoocosis? Es el nombre que se le da a una patología animal producto del confinamiento extremo, ya sea en zoológicos, circos o en lugares en donde estén en cautiverio y condiciones inapropiadas. El término fue acuñado por el zoólogo norteamericano Bill Travers, para señalar así el tipo de comportamiento anormal de los animales en los zoológicos producto del daño mental que les produce, resultando en comportamientos obsesivos, anormales y repetitivos que no se dan en el estado salvaje.

Dichos comportamientos comprenden desde caminar sin cesar siguiendo un mismo recorrido, balancearse constantemente, mostrar apatía o agresividad, automutilarse, hasta comer y jugar con sus excrementos, según infozoos.org.

Seguramente el zoológico pueda tener la mejor buena voluntad, y es innegable la oportunidad que se les da a todos aquellos que no pueden viajar a ver animales que no son propios de su país. Pero también la reflexión sobre los zoológicos debe extenderse a nuestra propia relación como sociedad con la naturaleza; al consumo que hacemos de ella y el rol de las políticas de estado al respecto que en muchos países casi no existen.

 ¿Cuál es tu opinión sobre el tema?