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Ashley Madison: una aventura no es tan divertida con hackers de por medio

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23/08/2015

Ashley Madison: una aventura no es tan divertida con hackers de por medio

El escándalo de la red social para infieles que se desató la semana pasada cuando piratas informáticos revelaron datos de usuarios continúa, ya que el hackeo fue ampliado este sábado con una filtración de 300 GB con informaciones que van desde los correos electrónicos y direcciones postales hasta el peso y altura de los usuarios.

Por Gustavo Gerrtner | 23/08/15

Querías tener una aventura discreta, dejaste tus datos personales en un portal web que prometió darte una mano para conseguir lo que querías y de pronto formas parte de un escándalo sentimental-informático a nivel mundial. Esta es la situación por la que están pasando las más de 39 millones de personas que confiaron en Ashley Madison, la plataforma que permite tanto a hombres como mujeres contactarse con quienes estén dispuestos a cometer una infidelidad.

ashleymadison

“Era más barato salir de joda…”

Si bien el registro en Ashley Madison es gratuito, lo más divertido -que es entablar conversación con una dama o caballero, según corresponda- tiene costo. El envío del primer correo electrónico a la persona que con una foto llamó nuestra atención cuesta cinco créditos, que serán descontados del total de créditos por el que hayamos pagado a la hora de hacer el registro.

Tener una aventura amorosa no es algo precisamente barato: los precios van desde u$s50 hasta u$s250. Sin embargo, la plataforma asegura que por esos valores se puede encontrar a alguien con quien tener un revolcón en menos de tres meses, y en caso contrario, devuelve el dinero. Con el precio más bajo se accede a 100 créditos, mientras que con el más alto se obtienen 1.000. Estas monedas electrónicas son necesarias para poder iniciar conversaciones por correo electrónico privado (cinco créditos), tener chats de 30 minutos (30 créditos), una hora (50 créditos) y hasta mandar regalos virtuales -los ya bien conocidos emojis-, que van de los cinco a 50 créditos. Cabe destacar que el costo de las conversaciones aplica solo para los hombres. En otras palabras: si sos mujer y querés fiesta, la cuestión se vuelve mucho más económica.

El escándalo en cuestión

Ya el mes pasado, la organización de hackers “Impact Team” anunció el robo de millones de cuentas de Ashley Madison, con datos que incluían nombres, direcciones de mails y tarjetas de créditos de los usuarios, y amenazaron con que iban a hacer públicos esos datos a menos que AvidLife Media, responsable de Ashley Madison, diera de baja el sitio. Algunos especialistas en marketing o en teorías conspirativas -como quien escribe-, interpretaron el caso como una magistral maniobra de prensa. En efecto, hace dos semanas, todos los medios le estaban explicando a los más desprevenidos que había un sitio donde por unos mangos podrías tener una aventura con un señor o señorita en términos mucho más discretos que los que ofrecen las redes sociales convencionales.

Sin embargo, si lo que los tramposos deseaban era vivir una aventura, el hackeo realizado la semana pasada, y que fue ampliado este sábado con una filtración de 300 GB, les dio exactamente lo que estaban buscando. Los piratas informáticos colgaron un archivo en la web que contiene casi 10 GB de datos filtrados, que incluyen informaciones que van desde los correos electrónicos y direcciones postales hasta el peso y altura de los usuarios -que son vitales a la hora de encontrar a nuestra media naranja temporal-. La investigación pasó a manos de la oficina estadounidense del FBI, que aseguró que no va a dar detalles sobre avances en las averiguaciones. Y no es para menos, porque entre los datos que circulan libremente por internet se encuentran millones de direcciones de correos de funcionarios del Gobierno de los Estados Unidos o ejecutivos de alto nivel del Reino Unido porque, ya lo sabemos, un gran cargo siempre trae aparejada una gran responsabilidad. Según citó el diario español ABC, vocero de la empresa de seguridad informática Kapersky Lab, la aparición de los datos en línea de las personas que figuran en la lista excede las consecuencias sociales, que pueden llevar tanto a un auto rayado por despecho como a un pedido de divorcio. “El impacto que la exposición de estos datos puede tener no solo es perjudicial para la seguridad de los usuarios al develarse detalles personales; también puede tener graves consecuencias financieras”, afirmó. Esto significa que en este momento, mientras estás leyendo este artículo, hay un montón de personas desesperadas llamando a sus compañías emisoras de tarjetas de crédito para dar la baja de las mismas. “Los usuarios que están confiando información privada en un sitio web deben poder estar seguros de que su información está a salvo y todas las empresas que manejan datos privados tienen el deber de garantizarlo”. Sin embargo, el Ashley Madison-Gate demostró que esto no es así.

Una de las curiosidades que no podemos pasar por alto son los caracteres por los que están compuestas las contraseñas que usan los usuarios. La filtración reveló que la claves más utilizadas son “123456”; “password” (contraseña); “pussy” (vagina) y “6969” (no, no esperen que explique qué significa eso).

¿Piratas? ¿nosotros? Nah

Si bien los principales apuntados en el escándalo fueron extranjeros, lo cierto es que en la lista de involucrados hay 150 funcionarios argentinos. De acuerdo con el sitio argentino especializado en informática SeguInfo, los dominios pertenecen a ministerios, gobernaciones provinciales y entes nacionales. Los más tramposos están en la provincia de Mendoza, ya que fueron registrados en el sitio 16 direcciones de mail de esa provincia. Luego le siguen los economistas, con nueve correos del Ministerio de Economía. Mientras que los terceros son los funcionarios del gobierno de la ciudad de Buenos Aires, con siete mails inscriptos. Ojo, también hay de la AFIP, el ARBA, la ANSES y el Incaa.

Sin embargo, el mismo sitio les da el beneficio de la duda al aclarar que no todos los usuarios inscriptos son personas infieles. Es posible, sostiene SeguInfo, que algunos se hayan registrado con el mail de otra persona e incluso muchos de ellos sean falsos, dado que Ashley Madison es una página que no pide confirmación de correos. Esto significa que se puede usar cualquier mail para crear un perfil, mientras no haya sido ingresado antes.

El escándalo de Ashley Madison permite reflexionar un poco sobre la infidelidad y las nuevas tecnologías. Tramposos los hubo siempre, de ambos géneros y colores. Pero es cierto que internet genera esa sensación de anonimato que no se descorre hasta el momento en que se concreta el encuentro. No obstante, para eso es necesario entregar información personal clave a sitios que, aunque juren que son completamente seguros, se encuentran sometidos a la voluntad y creatividad de hackers especialistas.

Por otro lado, la infidelidad y la promesa de discreción constituyen un verdadero negocio. Como había sido señalado antes, la inscripción gratuita funciona como carnada para que los más desprevenidos entreguen detalles de sus vidas tales como direcciones de mail y tarjetas de créditos (en la sociedad de la información, la unidad de valor equiparable al dinero es el dato). Sin embargo, luego ingresa el dinero como factor clave para la negociación y coqueteo. Y ante una oportunidad de avanzar con la persona que nos atrae en un ambiente “seguro”, somos más proclives a pagar por eso.

Otra cuestión que llama la atención es el tratamiento mediático que se hizo del tema. Lejos de evitar propagar las identidades de los tramposos, algunos diarios y portales de internet hicieron públicos nombres ligados a las cuentas, lo que expuso masivamente a quienes ya se encontraban en una situación delicada. En vez de cuidar al lastimado, lo tiraron al suelo y lo patearon, mientras algunas audiencias disfrutaban del espectáculo.

Quien escribe es defensor de la fidelidad, pero si podemos rescatar una certeza de este escándalo es que sigue más vigente que nunca la frase “si vas a hacerla, hacela bien”.


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