Sociedad

Así es el calor: el verano y sus peculiaridades

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13/01/2015

Así es el calor: el verano y sus peculiaridades

Ya arrancó la que para la mayoría es la mejor época del año. Aunque el verano siempre tiene cosas para sorprendernos, hay aspectos bastante predecibles que vivimos cada vez que llega. Como Magna no te abandona haga frío o calor, te invitamos a disfrutarlo a través de nuestra mirada. ¡Tirate a la pile!

Por Alan Laursen | alaursen@revistamagna.com.ar  

El verano es especial, tiene algo que lo distingue de las restantes estaciones. Es un periodo en el que todo es completamente distinto. Ni mejor ni peor, simplemente distinto. Al menos en Argentina. Y por supuesto, arranca en todo su esplendor luego de las fiestas. Cada año en esta época hay situaciones que se repiten. Nos abstendremos, eso sí, de ahondar en el tema robos, accidentes viales, tragedias marítimas, cortes de luz y demás cosas desagradables. Sólo hacer hincapié en aquello que hace que el verano sea EL VERANO.

Puro teatro

Por ejemplo, el verano y su actividad teatral-farandulera tienen un rol preponderante en el entretenimiento televisivo del resto del año. Las obras de teatro revisteriles, principalmente de Mar del Plata y Villa Carlos Paz son el rejunte de figuras consagradas, figuras que hasta no hace mucho eran figuritas, y simplemente figuritas. El escándalo entre figuritas y figuras transmitido durante todo el día en programas de espectáculos es la máquina suprema en la fabricación de futuras novias mediáticas, galanes hiperactivos y participantes del programa de Tinelli. Sólo los reality shows le disputaron el cetro a las obras de verano pero lejos de molestarse entre sí, se retroalimentaron.

Verano 1

Los nombres de las obras también son un clásico veraniego, ya que generalmente parodian situaciones y eventos ocurridos durante el año, abundantes en picardía y rozando ligeramente el mal gusto. Este año destacan “Regatos salvajes” (por la película Relatos Salvajes) y “Tu cola me suena” (por el programa de Marley). Un desborde creativo.

La caja boba

También es el momento en el que la televisión abierta entra en receso. Los programas de espectáculos extienden su duración ya libres de los programas que terminaron su temporada en diciembre. Y es el momento propicio para que nazcan nuevos programas de relleno, que en el mejor de los casos se quedan durante todo el año y en el peor de los casos también. Salvo aquellos que duran poco tiempo, de una semana a un mes. Pasan sin pena ni gloria y jamás serán recordados.  Todos están conectados con lo que pasa en la farándula y la actividad teatral en las zonas turísticas, regando las semillas de los conflictos que le van a dar de comer el resto del año.

Por su parte, además de dar las noticias cotidianas -buenas, malas y malísimas- los noticieros tienen que entrar de manera obligada en el juego del verano. Los móviles desde los lugares turísticos más relevantes son infaltables. Movileros en bermudas, ojotas y chomba recorriendo la playa y zonas de baño de día y las calles de noche ya son un género en sí mismo. La picardía de los camarógrafos ante las mujeres disfrutando del sol también. Respecto a los informes la cosa no varía casi NADA respecto a otros veranos: la comida que comemos en el verano y cómo subimos de peso, los cuidados ante el sol, los peligros de cortar la cadena de frío, los talles de la ropa, los costos de vacacionar, y los más atemorizantes, que van desde hacernos dudar si el helado tiene fruta de verdad a evaluar las posibilidades de si nos va a partir un rayo.

Verano 2

Como si esto fuera poco, aparecen las repeticiones de viejos programas y series, así como de películas que ya nos conocemos de memoria, completando este abanico televisivo que nos regala el verano.

Y por casa… ¿cómo andamos?

Fuera de las frivolidades el verano también nos plantea otras incertidumbres. Una tiene que ver con el calor y cómo te aplasta. Ni hablar si tu trabajo te obliga a permanecer afuera. Podemos disfrutarlo durante la tardecita con una cerveza bien fría y una picada sencilla en el balcón, el patio o la terraza vestidos con ropa suelta. Y es la gloria si tenés una pileta, sea cual sea. Sólo se te viene el mundo abajo cuando, transportado por la brisa, llega el olor inconfundible de una parrillada o asado en algún lugar vecino. La primera idea que viene a la cabeza es agarrar el cuchillo y una trincha de pan y salir como los zombies de la película de Brad Pitt a buscar con el olfato ese lugar y tomar la parrilla por asalto.

Otro tema es el de la envidia (¿sana?) que te da cuando ves en la tele a la gente disfrutar de la playa y vos tenés que quedarte rodeado de cemento. La cosa se invierte cuando muchas personas de esas se vuelven y el que se va (con suerte) sos vos.

Y como no todo es sencillo y banal, también es de destacarse -lamentablemente- el grado de irresponsabilidad de muchas personas que durante el verano dan rienda suelta a su egoísmo y su falta de empatía y compromiso. Tristemente, los incendios forestales por fogones clandestinos y los incendios de campos por turistas que tiran los cigarrillos a la banquina desde el auto son un clásico de casi todos los años. Ni hablar de los conductores alcoholizados, los bañistas que incumplen las señales y la aberrante costumbre de abandonar mascotas en rutas y pueblos en el camino.

Verano 3

No obstante, lo que hace único a este periodo son aquellos momentos y situaciones que disfrutamos y que tienen la particularidad de no ser repetitivos ni banales: un amor de verano, unas vacaciones en algún lugar único, una lectura o una película que nos marque, un reencuentro, conocer gente interesante o pasar momentos con amigos y seres queridos o simplemente disfrutar de los momentos de esparcimiento y calidez que sólo el verano tiene para ofrecer. Todas las estaciones tienen su costado maravilloso pero el verano, es el verano.