Turismo

Balneario Orense, una "Ciudad Lenta" en la costa argentina

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20/05/2014

Balneario Orense, una

“Il Dolce Far Niente” es la magia que se respira en los aires de este lugar también llamado Punta Desnudez. Siendo una de las tres localidades costeras de Tres Arroyos -junto con Reta y Claromecó- esta, la más virgen y menos poblada, nos invita a disfrutar unos días de relax, naturaleza, y típicas costumbres argentinas. No está condecorada con el “famoso caracol” -distintivo de estas ciudades-, pero nos remonta a lo mismo: la importancia de desacelerar nuestras vidas y vivir en una ciudad de características únicas en el mundo, donde la lentitud está en boga.

Por Julieta Mazzeo | jmazzeo@revistamagna.com.ar

Volver a las fuentes, a los patrimonios culturales, naturales, a la conexión con la naturaleza, el caminar despacio, mirar el cielo, saborear una comida, disfrutarla. Vivir en una pequeña ciudad, conocer a los vecinos, todos sus rincones y a todos sus vendedores. Comprar y comer productos de elaboración regional, participar de eventos locales, un baile, una peña. Pasear… hacer una caminata diaria apreciando cada estación del año, mirando los árboles hasta llegar a lo más alto de su copa, su color, sus hojas… y más allá el sol y las nubes, cerrar los ojos y dejar que el viento nos pegue en la cara, quizás un poco de lluvia si el clima nos la regala. Conectarnos con el paisaje y ser parte de él, del todo. Nuestros extremos se alargan tanto que nos sentimos más grandes, más flexibles, más armónicos con el entorno. Nuestra energía nos hace sentir al sol, a la tierra, y a la masa de aire que nos abraza, como parte de nuestro propio cuerpo. Tenemos tiempo y ganas de tener más tiempo, vivir más despacio, y disfrutar de las cosas simples de la vida.

El Balneario Orense es también denominado Punta Desnudez debido a que se trata de un accidente geográfico con un entorno absolutamente agreste. | Imagen: Julieta Mazzeo

El movimiento filosófico “Slow” comenzó a tener conciencia hace algo más de 15 años en el norte de Italia. Surgiendo con la crítica de un empresario gastronómico, se fundó lo que empezó a llamarse la práctica del “Slow Food”. Esta defendía el consumo de productos regionales, los frutos y vegetales sólo de estación para respaldar un cultivo más espontáneo y natural, los métodos ancestrales de elaboración, así como también la firme postura en contra de las franquicias internacionales de comida, que estaban americanizando Europa. Todo esto a la par del disfrute -casi obligado- de cada bocado. Esta tan distinta manera de apreciar la alimentación fue creciendo en la conciencia de muchos, hasta llegar a abarcar el concepto de “ciudad”. Fue así como surgieron las “Ciudades Lentas”, en su afán de combatir el ritmo de vida frenético actual y hacerlo más sencillo. Ya existen más de 100 ciudades a lo largo de todo el mundo que defienden la práctica del Slow.

Si bien para obtener la certificación internacional -proveniente de Italia- una “CittaSlow”, “Slow City” o “Ciudad Lenta” necesita varios requisitos, es lindo destacar cuando uno conoce una ciudad y se enamora de su estilo de vida y su tranquilidad, y siente esa filosofía por doquier. Y la costa de Orense tiene mucho de eso. Quizás todavía no considera la práctica de una política medioambiental basada en la recuperación y reciclaje de residuos, ni la implementación de energías renovables a nivel municipal. Quizás tampoco una industria local, ni una firme política urbanística; ni la concienciación de los habitantes acerca de lo que significa vivir en una ciudad de esta esencia, sus repercusiones y la convivencia de estos con los turistas. Pero a su manera lo es y, para eso, no necesita trabajar tan duro.

El lugar posee un singular trazado en torno a una plaza circular y el nombre de sus calles responde a la vegetación típica del lugar. | Imagen: Julieta Mazzeo

En Punta Desnudez, dónde no viven más de 100 habitantes, no falta ese aura “Slow” en cada persona, su modo de vida, y la razón del porqué se instalaron en este balneario. En medio de uno de los bosques hay un complejo de pocas cabañas -completamente construidas en madera-. Su dueño, quien también vive en una y tiene un local de artesanías y varietés ahí cerquita, nos cuenta que hace aproximadamente 30 años abandonó el furor de Buenos Aires para instalarse en este paraíso. En aquella época, allí vivían solamente 12 familias. Hoy, son unos pocos más. También cabe destacar que muchas de las casas son residencias de fin de semana de los habitantes de Orense, ubicado a veinte kilómetros y conectado por una ruta de tierra.

Esta pequeña villa balnearia es ideal para pasar unos días rodeado de abundante naturaleza, disfrutar de playas extensas casi desérticas, cabalgatas a la orilla del mar, asistir a una peña, alquilar una cabaña y hacer una rica comidita. Estar tranquilo. Sus aguas son de las más limpias de la costa atlántica, y la seguridad es la reina del lugar. No hay problema si uno deja sus cosas en la playa y se va a caminar o nadar un largo rato. Un paseo imperdible es ir hasta el “Médano 40”, una gran duna forestada por los primeros habitantes de Orense -hace más de 100 años- desde donde se puede tener una vista amplia de todo el pueblo; se puede llegar hasta allí a pie o en auto.

Sus atractivos particulares entrelazan la naturaleza y la mano del hombre: el mirador del "Médano 40", el Centro Cultural Francisco Hurtado, los saltos de pesca... | Imagen: Julieta Mazzeo

Quien se dirige desde una alocada urbe hacia los puntos más conocidos de nuestra costa tiene que saber que, haciendo unos kilómetros más, puede conocer uno de los rincones más lindos y tranquilos de nuestras tierras; donde abunda lo verde y falta el asfalto; sobran los arboles y no hay semáforos, ni tránsito, ni grandes aglomeraciones de gente. Y ahí está: cerca, virgen y muy argentino. Lo más parecido a los paisajes que supieron apreciar nuestros pueblos originarios.

#Nota: si bien Orense no cuenta aún con planes de utilización de energías renovables, es oportuno destacar que en la ciudad de Reta se está construyendo un campo eólico de 50 molinos de viento, y en la ciudad de Copetonas -también perteneciente a la localidad de Tres Arroyos- unos 25 molinos más. El mayor inversor es una empresa china: XENC NE Corporation, que invirtió 200 millones de dólares. Ojalá este gran paso sirva de precedente para que esta zona de nuestro país se convierta en un territorio óptimo y confiable para este nuevo tipo de energías alternativas. Y para que la buena vibra se expanda por todo Argentina.