Cultura

Beber para crear

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27/12/2013

Beber para crear

Poe, Rimbaud, Baudelaire, Quiroga y tantísimos otros grandes de las letras cayeron en el vicio del alcohol, algo que se vio luego reflejado en sus obras.

Por Martín Delfino

A lo largo de la historia literaria ha habido innumerables personajes que, en evidente relación con la vida de sus propios autores, terminaron por formarnos distintas ideas acerca del consumo de alcohol en exceso y sus consecuencias. Mientras que algunos escritores vieron en la bebida y en las drogas el expandir de la conciencia, otros terminaron trágicamente su vida a partir de la adicción, alejados de la notable actividad creativa que los había hecho célebres.

No es extraño hallar menciones al alcohol y sus cualidades, para gracia o desdicha de los personajes, en la literatura de la Antigüedad. Es muy común encontrar en La Biblia o en la serie trágica griega, personajes y hasta dioses que en estado de ebriedad cometen todo tipo de excentricidades en nombre de la bebida. De hecho Noé, al salir del arca y rehacer su vida, planta vides y se emborracha hasta quedar tirado en su tienda de campaña; en su amargo despertar, para colmo de males, maldice a su hijo menor por haberlo resguardado de su borrachera. Ulises, en La Odisea, emborracha al cíclope Polifemo para derrotarlo y escapar de sus dominios. También los dioses de la mitología eran buenos amantes del alcohol; Dioniso (Baco entre los romanos) representaba al Dios del Vino y cada vez que aparece en acción se suceden situaciones relacionadas con la pérdida de conciencia producto de la borrachera y desgracias varias, como sucede en el texto Las Bacantes, de Eurípides.

Poe fue interpretado por John Cusack en la película "El cuervo" y representado como un gran amante del alcohol y los bares. Imagen: tomcarrico.blogspot.com

Pero el culto al alcohol en la literatura llegaría mucho más lejos en los siglos venideros, porque escaparía a los meros personajes y nos hablaría también de los propios autores. Los escritores del Siglo de Oro español fueron grandes bebedores que dejaron ver su predilección por el alcohol en muchas de sus obras, particularmente en las poesías, en donde solían mezclar la existencia nefasta de la vida con el amor perdido y el consuelo sanador del bebedor insaciable; hasta el Quijote se muestra borracho en la célebre novela cervantina.

En cuanto a los escritores extranjeros, fue tal vez Edgar Allan Poe el primer ejemplo de la literatura moderna, sumido además, como se sabe, en un peligroso cóctel de alcohol y drogas que acabaría tempranamente con su vida. En sus historias, al igual que en las del genial Dostoievsky, se suceden a menudo enfermizos ludópatas aireados por el alcohol y otros vicios aún peores, que buscan escapar de los problemas refugiándose en vano en añejas barras de perdición. Tampoco los “poetas malditos” franceses como Rimbaud, Verlaine y Baudelaire escaparon en sus obras (y en sus vidas mismas) a la onerosa presencia del alcohol y las drogas, que bien podrían explicar algunas de sus locuras y obsesiones. Ya en el siglo XX, otros autores como Henry Miller, Hemingway o algo después el filoso Charles Bukowski terminaron de entrelazar el placer de las letras bien escritas con el éxtasis del vino, retratando en sus obras a oscuros personajes perdidos en los bares y sumergidos hasta el hartazgo en los “falsos” placeres del alcohol.

“El alcohol es probablemente una de las mejores cosas que han llegado a esta tierra, además de mí. Entonces nos llevamos bien", aseguraba Bukowski. Imagen: rollingstone.es

Autores argentinos como Roberto Arlt o Julio Cortázar, con su célebre El perseguidor, en donde se describen los serios problemas de alcohol de los que era víctima el legendario Charlie Parker, supieron por momentos aportar historias y personajes fuertemente relacionados con el alcoholismo, el mundo suburbano y las drogas. Otros escritores célebres de América Latina han reflejado también su desdicha desde el fondo de un vaso vacío: Horacio Quiroga y hasta el propio Rubén Darío se relacionaron en vida con el alcohol, cuestión que puede verse reflejada en la genialidad de sus obras pero algunas veces mucho más en su accionar.

La lista de los bebedores insaciables de la literatura universal es tristemente interminable. Durante mucho tiempo se tuvo la creencia de que el alcohol o las drogas eran necesarios para alcanzar el trance creador; en nombre de esa falsa suposición genios inobjetables se vieron caídos en desgracia para siempre. En una idea algo más depurada de la realidad, alguien podrá decir que beber no es necesario para crear, pero nadie podrá negar jamás que las obras legadas por la literatura sobre el alcohol son una permanente invitación al brindis y a la salutación.