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Caminando por ahí llegué hasta Chinchón

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15/10/2014

Caminando por ahí llegué hasta Chinchón

Si alguna vez estás de viaje por España y pasás por Madrid, tenés que conocer este pueblo, uno de esos en los que se respira el verdadero espíritu de una nación.

Por Jazmín Slat

Creo haberles contado sobre mi gran pasión por los viajes. Quizás esa sea una de las causas por las cuales me hice azafata, aunque no es la única. Si estuviera en una entrevista de trabajo debería decir que “nací con una actitud de servicio, que me encanta relacionarme con gente de otras nacionalidades y que por eso estudie inglés y francés, que siempre estoy atenta a las necesidades de los demás, que me encanta trabajar en equipo y, por sobre todas las cosas, que soy re coqueta y que me encanta estar impecablemente maquillada a toda hora y en todo lugar”.

Pero como no estoy en una entrevista de trabajo, me voy a dedicar exclusivamente a hablar de viajes. De-via-jes. Esos que afortunadamente puedo hacer cuando me encuentro de posta en otro país y que se diferencian tanto de las vacaciones. No sé por qué, pero cuando estamos de posta, los tripulantes (conozcamos o no esa ciudad) vamos por la vida como si fuéramos locales. En criollo diríamos "como por el barrio". Paramos a tomar cafecito aquí y allá y buscamos algún lugar donde poder desarrollar actividades que hacemos en Buenos Aires. Por ejemplo, tomar clases de yoga. Seguimos buscando para encontrar ese supermercadito donde vamos a volver cada vez, ese barcito donde sirven la cerveza más rica, la ensalada más suculenta y que tiene la mejor vista. Un centro de El Arte de Vivir para ir a respirar de vez en cuando, un centro de depilación definitiva y una peluquería con toda la onda. Esa disquería perdida por el Soho que tiene álbumes espectaculares, y hasta algún lugar donde tomar clases de inglés alguna que otra vez. Todos encontramos algo de lo nuestro. Y así, vamos conociendo las ciudades: a medida que las vamos viviendo.

Chinchón es uno de los pueblos más pintorescos y de mayor personalidad de la Comunidad de Madrid. Su emplazamiento, cercano a la capital, no ha impedido que conserve su singularidad.

Y viajamos. Vemos qué pueblitos están más o menos cerca como para ir a pasar el día, e incluso la noche. De esta manera conocí muchos, cosa que no hubiera hecho estando de vacaciones. Porque cuando uno se va de viaje, se dedica a conocer las capitales, con sus museos y sus sitios principales, y no hay mucho tiempo para salirse de la grilla. Pero yo, que suelo salirme bastante de la grilla, un día de mucho calor me tomé un bus con mi querida compañera de vuelo -Laverne- y dejando atrás la calurosa meseta madrileña, surcamos campos hasta llegar a este rincón medieval casi perdido en el olvido: ¡un pueblito divino llamado Chinchón!

Si alguna vez estás de viaje por España y pasás por Madrid, cuando termines de recorrer todo lo que hay para ver, date una vuelta por este pueblito y comete un gazpacho en alguno de los balcones de la Plaza Mayor que, como dicen, es una de las más lindas del país, y no me cabe la menor duda.

Un solar que se abre entre medio de callecitas curvas, angostas y silenciosas, pero que hacen emanar más de un suspiro. Allá a lo lejos un castillo abandonado, propiedad de los antiguos Condes. Y desde la Torre del Reloj y desde la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, las mejores vistas que nos remontan a otra era.

Si el Gazpacho no te tienta (porque no sos vegetariano como yo), entonces te vas a ver seducido por la gastronomía de casería, bien típica y castellana de Chinchón. Por las celebraciones taurinas que se hacen en la plaza algunas fechas al año, también. Y cuando estés ahí, no te olvides de probar el aguardiente de anís que es la especialidad de la casa, siendo la mayor producción de la industria local y lo más reclamado por los turistas.

Sin duda en estos pueblos es donde se respira el verdadero espíritu de una nación. Es la manera más rápida y romántica de viajar al pasado: emborrachándose con un poco de su historia y palpando las costumbres de siempre que se siguen celebrando en el siglo XXI.

Y sólo queda a 40 minutos de tu destino principal.