Cultura

Carla Laneri, una mujer en el escenario

por Marisol González Nazábal

03/04/2018

…pero también delante de él, detrás de él y aprendiendo de él. Sin miedo a exagerar, se puede decir que su vida está atravesada por la actuación, y así lo demuestra siendo alumna, profesora, directora e intérprete. Si todavía no la conocés ni la seguís en las redes sociales, ¡hacelo!

Carla Laneri, una mujer en el escenario
También ha trabajado como creativa en el rol de Redactora Publicitaria, obteniendo los premios Cosecha 2009 y el Premio de Plata como mejor pieza creativa en el Festival Iberoamericano de Publicidad FIAP.

Detrás de la locura de Stefany, de la dura realidad de la docente Ilda y de la Mirtha Legrand del futuro, está Carla. Estos personajes tan divertidos, junto a tantísimos otros, conforman su universo virtual. Pero la actuación es protagonista en su vida desde mucho antes.

Se formó con grandes como Fabio “Mosquito” Sancineto, Pompeyo Audivert y Andrés Mangone. Ha dictado clases de teatro y realizado funciones en Buenos Aires, en distintas provincias de Argentina, en Perú, en Paraguay y en Chile. También ha dirigido obras como “Doce Soles” en Teatro La Tertulia y “Un Niño Inflado por la edad” en el teatro Tole Tole.

En el rol de actriz, se la pudo ver en su unipersonal “Lo que hacemos con el tiempo que nos queda”, así como en diversos elencos y festivales.

Actualmente, reparte el tiempo entre la Licenciatura en Actuación del IUNA, las clases que dicta en su estudio Denegro Teatro y Comedia, las funciones en el Camarín de las Musas del unipersonal “Una mujer en su computadora” y el flujo de sus canales virtuales, cada vez más visitados.

En esta entrevista con Magna, Carla nos cuenta sobre la creación de sus personajes, las presiones de Internet y reflexiona sobre el teatro de nuestros días en Argentina.

Carla: sos alumna, profesora, actriz, Instagrammer, Youtuber y muchas cosas más. ¿En cuál de todos esos espacios te sentís más cómoda?

Sin duda como actriz, puntualmente como actriz de teatro. Es esa la profesión que me inspira a desarrollarme en otras áreas.

En tus clases de improvisación y de creación de personajes, ¿das claves para lograr una buena interpretación? ¿o fomentás que cada alumno las descubra por sus propios medios?

Creo que es una fusión de ambas cosas, trato de darle la mayor cantidad de herramientas, pero siempre termina de formarse con la mirada de ellos. Les propongo una base, un lenguaje actoral que me representa a mí, para hablar todos en el mismo idioma. Después de saber hablar, cada uno dice lo que quiere.

¿Cómo cambió tu día a día desde que comenzaste a aparecer en las redes sociales?

La verdad es que sigo siendo la misma, por ahí lo que más cambió es cómo distribuyo el día para trabajar, porque aunque no parezca lleva mucho tiempo trabajar con las redes sociales. Sí me pasó que me saluden en la calle, y aunque no lo crean soy bastante tímida, pero siempre me da mucha alegría, como si me hubiese encontrado con un amigo.

En dos años, tu cuenta de Instagram consiguió tener más de 30.000 seguidores, ¿eso te representa una presión?

Sí (risas), realmente sí. Es un trabajo, la presión se la pone uno, pero lo más importante es no perder el objetivo de vista. Siempre está la crítica en internet, que a veces es muy agresiva, y también están los que tiran buena onda, les gusta lo que hacés, y te incentivan a continuar, estos son la mayoría, y es donde uno tiene que enfocarse. La masividad de las redes tiene eso, te pueden querer tanto como te odian… aunque no te conozcan realmente.

Revista Magna

¿Cuánto tiempo pasás creando tus personajes? ¿Simplemente surgen o están basados en personas reales?

En el caso de Instagram no pensé demasiado, la composición y el tiempo que podés tomarte para hacer un video de un minuto no es la misma que en la preparación de una obra teatral. Casi todos surgen de algo que vi, me pasó, muchas vivencias de chica, creo que ahí están la mayoría.

¿Cómo es estar sobre las tablas en 2018? ¿Creés que la gente va menos al teatro?

Esta es una pregunta que me hice muchas veces, incluso debatiendo con varios colegas. Mi conclusión es que la gente sigue yendo al teatro, pero elige otro teatro, más cercano, y por sobre todas las cosas interactivo, porque estamos en una era de interacción. Espectáculos en los que el espectador, de alguna forma, sea parte. Por supuesto siempre generalizando, hay excepciones. Lo interesante es pensar cómo nos podemos acercar, el teatro tiene que poder mutar y entender los nuevos lenguajes, las nuevas formas, nuevos tiempos y términos de una sociedad que tiene otra mirada. Un buen ejemplo es el auge del microteatro, no es coincidencia que funcione un esquema de obras cortas cuando nos estamos acostumbrando a ver videos de un minuto, diez minutos, quince segundos incluso. También tiene que ver con una realidad económica del teatro actual, y una necesidad de convocatoria. Estas son las cosas que, particularmente, pienso que hay que registrar desde un lugar de creación. Y por supuesto, pueden hacerse obras clásicas, obras que duren tres horas, obras en las que el espectador se siente y observe, siempre y cuando sepas a quién te estás dirigiendo, porque muchas de estas obras tienen como público a actores y actrices, a alumnos de actuación, a directores, etc.

A mí me satisface que venga cualquiera y que le pase algo viendo la obra, porque eso contribuye al teatro y no a una auto-paja mental de lo buena que puedo ser para mis colegas.

Hablanos de “Una mujer en su computadora”.

La obra es a grandes rasgos un unipersonal de humor, contado principalmente con los personajes que hago en la cuenta de Instagram. Sin embargo, la pensamos para que cualquiera, sea seguidor de las redes o no, pueda verla y divertirse.

Cuenta la historia de una mujer que escribe en su computadora, en la madrugada de un domingo. De pronto, es sorprendida por los desperfectos técnicos que se vuelven cada vez más misteriosos, trasladándola al mundo virtual una y otra vez, hasta no saber qué es parte de la realidad y qué es parte de la ficción.

¿Es verdad que abrazás a la gente cuando termina la función? ¿Qué te lleva a hacerlo?

Sí, tampoco soy una loca que abrazo gente por ahí (risas). Pero me siento muy agradecida por el hecho de que vayan al teatro y estén ahí disfrutando algo que paradójicamente es muy personal, pero a la vez también es de ellos. En la última función, un chico viajó desde Córdoba para venir al teatro y me pidió una foto y yo pienso: “¡No, soy yo la que quiere una foto tuya!”. El teatro es un presente hermoso.

¿Qué proyectos tenés para el resto del año? ¿Dónde podremos verte además de en tus canales de Internet?

Este año estoy enfocada en trabajar con las redes sociales, lleva mucho tiempo y tengo varias ideas de producción y creación que quiero sumar. Todo en torno a lo audiovisual y por supuesto continuar con las funciones en teatro de “Una mujer en su computadora” con la finalidad de realizar algunas giras más adelante. Hay otros proyectos teatrales dando vueltas, pero sinceramente estoy con la mirada puesta en el unipersonal y las funciones que pueda hacer.

La última, ¿hacia dónde creés que se encamina el teatro en Argentina?

Pienso que siempre vamos a estar buscando una identidad y un lenguaje que nos represente, y cada tanto lo encontraremos para perderlo de nuevo. Lo bueno es que hay tantas influencias en Argentina, tanta cultura de mezcla, somos tantas cosas juntas, tantas cosas al mismo tiempo. Me gusta pensar que nos estamos buscando, hay más creatividad cuando estás perdido.

Si querés seguir a Carla, podés hacerlo en @elmundoseguncarla, en Instagram, en YouTube y en lanericarla.net.