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Caso “Castro Rodríguez”, un hecho que tiñó de rojo la historia local

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09/01/2014

Caso “Castro Rodríguez”, un hecho que tiñó de rojo la historia local

Más de un centenar de años atrás, el primer cura párroco de Olavarría asesinó a su esposa y a su hija de diez años, estremeciendo a toda la sociedad de la época.

Por Revista Magna

A pesar de haber sido un suceso trágico, no podríamos dejar afuera de esta sección el asesinato que conmovió y espantó a la comunidad de Olavarría, y que hoy sigue siendo un tema de interés.

126 años después de aquella noche del 5 de junio de 1888, el sólo indagar en esta sangrienta historia nos lleva a pensar cómo en aquellos años se vivía la noticia, en un contexto muy diferente al actual, en donde los hechos de violencia y crueldad son moneda corriente.

El sacerdote Pedro Castro Rodríguez, un español de 44 años que había experimentado el protestantismo (proceso durante el cual contrajo matrimonio) llegó a Olavarría en 1880 luego de su asunción a cura párroco, el primero de la ciudad. Una vez instalado recibe la visita de su esposa Rufina Padín y Chiclano y de su hija Petrona María Castro quienes, según publicaciones de la época, venían a visitarlo desde Azul.

Castro Rodríguez, su hija Petrona y su mujer Rufina, en imágenes publicadas por un periódico de la época.

La historia narrada por muchos cuenta que después de una discusión basada en las sospechas de Rufina acerca de la fidelidad de su marido, este habría comenzado a idear un macabro plan.

Valiéndose de un poderoso veneno llamado sulfato de atrophina -que fue sustraído por él a un farmacéutico local- Castro Rodríguez decidió poner fin a la vida de su mujer. Después de darle a beber una fuerte dosis, mientras el cuerpo de esta comenzaba a sufrir los efectos de la droga, el cura tomó un martillo y comenzó a golpear a su esposa con él, ante la mirada horrorizada de su hija Petrona.

Envalentonado por la reacción de esta última, decidió llenarle la boca de miga de pan embebida con el resto del veneno mientras la apretaba fuertemente contra su cuerpo y la asfixiaba.

El asesino durmió esa noche junto a las víctimas y al día siguiente pidió permiso a las autoridades municipales para sepultar a una mujer del campo, que supuestamente se llamaba Indalecia Burgos. Mandó a confeccionar un cajón muy grande alegando que la fallecida era gorda, con el fin último de colocar los dos cadáveres en su interior y enterrarlos.

Tiempo después, movilizado por la desaparición de las dos mujeres y seguro de que Castro Rodríguez había tenido algo que ver con ello, su asistente en las ceremonias religiosas tomó valor y decidió denunciar al párroco, quien fue investigado por las autoridades de la época, hasta que finalmente confesó los crímenes cometidos.

Castro Rodríguez fue sentenciado a cadena perpetua, condena que cumplió en el penal de Sierra Chica. Más tarde su cadáver fue sepultado en el Cementerio Municipal para luego ser exhumado. Su cráneo habría caído en manos de médicos azuleños con el fin de ser estudiado.

La macabra historia, que seguramente quedará en la memoria de pocos por su antigüedad pero que al mismo tiempo ha sido retomada en otras oportunidades por diferentes publicaciones, nos lleva a preguntarnos cómo un hecho que convulsionó a todo un país en esa época sería en la actualidad sólo un artículo más de una de las tantas hojas de cualquier diario que al día siguiente dejará de ser útil o interesante.

A continuación, compartimos un film basado en el caso Castro Rodríguez realizado en el año 2005 por el grupo de cine "Fusion" de Olavarría, siendo esta su primera producción: