Sexo

Celos: del amor a la psicosis

por Natalia Coderch

28/02/2013

¿Serán, como suele decirse, inseguridades? Es indudable que todos los sentimos y que ese sentir va mutando a lo largo de nuestras vidas o según pasa el tiempo en cada relación sentimental.

Celos: del amor a la psicosis

Cuando Cupido se encargó de flecharte y hacer que sintieras un alud de mariposas en el estómago por ese vago chamuyero que se levantaba minas con tan sólo decirles: “Hola”, te retorcías de la bronca cuando alguna “tilinguita” se sonreía al verlo pasar o le hacía caidita de ojos. Ese retorcijón es un claro ejemplo de celos. Manifestados o no, hayas enloquecido o no, pero esa bronca, esa impotencia, son nada más y nada menos que celos.

Lógicamente, Cachito no tenía la culpa de estar más bueno que mojar el pan en el tuco, y que las señoritas suspiraran por él. Pero te reventaba que generara eso, aunque esas virtudes de Donjuán fueran las que en su momento te enamoraron de él.

Por más que todo el mundo te dijera: “No te hagas problema si lo miran, porque él está con vos”, los celos se apoderaban de tu ser y las miradas asesinas hacia el pobre, “acosado visualmente” de Cachito, se clavaban como puñales sobre él, cosa casi peor a que le hicieras una escenita de celos.

Cuando Cachito te conoció, lo que más le atrajo de vos probablemente hayan sido tus virtuosas remeritas escotadas o esas minifaldas que parecían fajas. Le encantaba que sacudieras el “pandeiro” al compás del Reggaeton y que todas las miradas masculinas se posaran sobre vos. Lógicamente que apenas sellaron el noviazgo, fue pidiéndote que cambiaras un poco tu manera de vestir y de actuar. Y vos, loca de amor, le hiciste caso sin chistar, y terminaste convirtiéndote vos más en un “Cachito” que el mismismo Cachito.

Los celos son tan extraños que hacen que lo que te atraía de alguien, como la simpatía y el chamuyo de Cachito, luego sea lo que te molesta y lo que te haga rogar que cambie. Celos sentimos todos, algunos hacia sus parejas, otros hacia sus hijos, otro hacia las relaciones de amistad que tenga nuestro ser querido. A todos nos gusta ser celados de cierta forma, y si eso no sucede empiezan las preguntas: “¿Por qué no me cela?”;“¿Será que no le importo?”“Antes me celaba, ¿por qué ahora no?”.

Pero también está el caso inverso en el que tantos celos terminan  siendo un dolor de cabeza. Existe la clásica pregunta con su posterior respuesta: ¿Sos celoso? No, lo normal. Pero… ¿Qué es lo normal? Acaso decirle a tu chica: “Si vas sentada en el colectivo y se sienta un hombre al lado tuyo, levantate” ¿es normal? O cada vez que una persona es simpática y le sonríe a alguien de su sexo opuesto hay que taladrarle la cabeza con: “Te gusta ¿no?, bueno si tanto te gusta porque no te vas con esa persona” ¿Acaso estamos todos locos? ¿Eso es algo normal? Naturalmente lo que es normal en esta materia es simplemente difícil de determinar, salvo algunos casos extremos en los que los niveles de locura alcanzados por un ataque de celos son preocupantes.

Hay una teoría que dice que mientras el enamoramiento está en pie, los celos son fuertísimos, pero a medida que pasa el tiempo y los años, cambian o se van aplacando, y lo que era: “Esa pollerita tan cortita no te la pongas, porque todos te miran”, se termina convirtiendo en: “Ponete lo que quieras”. Esa frase algo asesina:“Ponete lo que quieras”, despierta infinidades de preguntas en tu pequeña cabecita llena de incógnitas como por ejemplo: “Claro, me dice ponete lo que quieras, porque piensa que nadie me va a mirar”, o “Se hace el que no le importa que me vista sexy, pero se muere de celos”, o “¿Por qué antes le importaba cómo me vestía y ahora no?”. 

A no reventarse el marote intentando responder cada una de estas inútiles preguntas, porque no llevan a ninguna respuesta que satisfaga lo que realmente se quiere “escuchar”. Es normal sentir celos, anormal es hervirle un conejo a alguien por ellos. Si tenés algún síntoma de celos dentro de los parámetros que el común de las personas considera normal, OK, no hay por qué preocuparse.

Generalmente cuando alguien te interesa es usual tener este tipo de sentimientos encontrados. Ahora si cada vez que los celos se apoderan de vos, un monstruo interno cual diablillo te dice al oído que tenés que: cortarle la ropa a alguien, rallarle el auto, apuñalar un almohadón o tener algún comportamiento psicótico similar, lamento tener que comunicarte que: estás en el horno. “Así no”, diría la señora Mirtha Legrand. Una cosa es celar por amor y otra celar para tener total control sobre el otro. ¿Dónde está el límite entre una y otra cosa? Quién sabe.