Tecnología

Chat vs. Café: ¿cómo charlamos detrás de las pantallas?

por Yasmín Suyay Jalil

05/01/2015

El tiempo pasa y, además de ponernos viejos, el escenario donde nos manejamos cotidianamente se modifica. En los últimos años, las pantallas han tomado un rol protagónico, afectando especialmente la forma en que nos comunicamos. Los chats, los e-mails y los mensajes han dado lugar a una nueva forma de hablar que no involucra la voz pero nos mantiene conectados.

Chat vs. Café: ¿cómo charlamos detrás de las pantallas?

Hace más o menos 10 años eramos felices porque nuestros celulares tenían linterna, no vinculábamos la palabra Smart a la tecnología, ni pensábamos en bajarnos una App. Los teléfonos de nuestras casas hacían "ring ring" y llamar para saber cómo estaba alguien era una costumbre. Sin embargo la tecnología ha avanzado y con sus creaciones se modificaron nuestros hábitos. Vivimos en un tiempo donde las pantallas nos rodean y chatear se ha convertido en una forma de conversar que usamos intensamente. Tenemos recursos con webcam y audios, o e-mails que permiten respuestas más extensas, pero el chat (por celular o computadora) es un recurso interesante para comparar con las ya relegadas charlas de café.

Las conversaciones por pantalla son una buena opción para ponernos en contacto con otros. Se adaptan a las abultadas agendas de hoy y nos permiten contactarnos mientras estamos con otras ocupaciones. Sin embargo, del otro lado hay ojos que brillan y la pantalla no los deja ver. Se queda con los gestos, la voz y esas particularidades que hacen especial el dialogo con cada persona. ¿Cuántos amigos son divertidos tan sólo por su forma de decir las cosas? ¿Cuántas historias se disfrutan mejor por las muecas y la entonación de quien las cuenta? Las fotos y videos a veces nos ayudan, pero no alcanzan para transmitir lo particular de uno.

El entorno en cual se produce una charla también condiciona la conversación. Cuando chateamos, se genera un ambiente más individual y distinto para cada persona, mientras que cara a cara suele generarse un clima común y compartido. Las palabras por pantalla son mayormente neutras. Los mensajes suelen volverse muy interpretativos, afectados por el entorno y estado de ánimo particular. En cambio, las charlas café o mate mediante nos dejan explayarnos sin que los dedos se cansen. Nos permiten interrumpir y repreguntar con más facilidad; hacer gestos y variar tonos de voz para mostrar el sentido de las cosas in situ. Tienen matices, continuidades y silencios. Pero cuando chateamos el silencio se convierte en ausencia.

En algunos casos, las charlas por pantalla ayudan a decir cosas que cara a cara resultan complicadas. Suspiramos en secreto, tomamos aire y deletreamos palabras que las emociones no nos dejan soltar en vivo. Confesiones, temas ásperos, cuestiones por las que nos ponemos nerviosos y la pantalla funciona como escudo. El chat, sin embargo, funciona mejor para charlas cortas, concisas, donde lo más importante es la información de la que hablamos (“Nos vemos en casa a las 17 hs”).

En líneas generales, la tecnología y sus avances surgen para facilitar las actividades de las personas. Las computadoras y celulares han permitido la masificación y expansión de la comunicación. Nos contactamos más, sin dificultades de distancias, a menores costos y sin límites de horario. Pero en este uso se pierden cuestiones ligadas a lo propio del encuentro con cada persona y situación. Quizás la clave esté en aprovechar los beneficios del chat, recordando que son un medio para complementar y facilitar el acercamiento entre personas.


AHORA PODÉS SEGUIR LEYENDO: Tiranía del Ring: pesares de una Comunicación Full Life