Somos Raros

Comprate una paciencia

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11/02/2015

Comprate una paciencia

La ciudad es una fuente inagotable de experiencias para incursionar en uno o dos brotes psicóticos por semana.

Por Bárbara Schtirbu

Este sería mi identikit en una búsqueda policial por agresión en la Vía Pública: Pelo castaño, alta y tenía mucha cara de culo. Me amenazó y me dijo que si volvía a desearle “Felices fiestas” me iba secuestrar al perro. No fue tan así, pero se acerca bastante. Un saludo por las fiestas, te lo banco. 500 en media hora también, pero con sedantes.

Para mí, a la paciencia siempre es más fácil perderla que encontrarla. Es peor que con las llaves. La tenía recién en la mano y ahora ya no está, se fue. ¿Pero a dónde?

Yo arranco bien, parece que va a ser un buen día, me levanto, hay sol. Abro la ventana y hago la gran publicidad de toallitas femeninas: inspiro y dejo entrar la brisa, exhalo, el viento me despeina, una golondrina se posa en mi mano, la acaricio. Sonrío. Salgo a la calle, veo cómo se me pasaron cinco bondis juntos y se fue todo al joraca.

Perder la paciencia suele ser más fácil que encontrarla. | Imagen: cocohipwood.com

Sí, la ciudad es una fuente inagotable de experiencias para incursionar en uno o dos brotes psicóticos por semana. Hay ejemplos:

Brote 1. “La señora del monedero.”

La señora del monedero es esa mujer de más de 60 años que siempre tiene tiempo y ganas de colaborar con TODO lo que le pida la cajera.

¿No tendrá una moneda de 50 centavos?

-Dejá que me fijo.

¿Y un billete de $2?

-Dejá que me fijo.

¿Y un billete de $3?

-Dejá que me fijo.

-¿Y un sobrino que esté bueno, que no esté pelado, poca panza, que me mantenga?

-Dejá que me fijo.

Y les juro que lo busca y lo encuentra.

¿Por qué la señora del monedero no se da vuelta y se fija que hay 300 personas esperando y al menos 100 ya se cortaron las venas con el sachet de leche?

Brote 2. “El preambulero”.

Este tipo de persona es incapaz de hablar en forma directa. Antes te prepara para lo que se viene con otro discurso que dura el doble de lo que vino a contarte: “Te tengo que decir algo, pero prometeme que no te lo vas a tomar a mal. ¿Puede ser? Y te lo digo porque te quiero, pero prefiero que quede claro para que después no haya problemas porque sé que sos sensible. Te veo tensa, charlamos cuando te calmes mejor. No hay apuro”.

¡¡¡¡Hablá de una vez!!!! ¿¿Cuál es tu problema?? ¡¡WTF!!

Brote 3. “Esquinas”.

Somos demasiados en la calle. Es insoportable. Llegás a Acoyte y Rivadavia, te chocás con alguien y te reproducís. En esa esquina la gente atropella autos. Yo una vez casi dejo en coma farmacológico a un Twingo.

Hay días que tengo que decidir: o le piso las bombachas en oferta al mantero o me pisa el 132. Le comprás una pashmina y de regalo te llevás un ataque de pánico.

Brote 4. “La secta de los anti-tachos”.

¿Vieron alguna vez Lo que el viento se llevó? Es un clásico. Yo lo veo todos los días en la calle cuando la gente deja volar cualquier porquería porque el tacho le queda muy lejos. Y andá a decirles algo:

-Se te cayó un papel

-Sí, ¿y?

-Disculpame, ¿por qué no buscás un tacho?

-Y vos buscate una vida.

-¿Querés que lo tire yo?

-Tirate a las vías, mejor.

Hay gente que te recomienda que hagas yoga para relajarte. Un día fui. La clase era a las 20.00 hs. Empezó 20.30 porque el profesor se quedó hablando con una chica en la puerta. La música oriental tenía matices de ringtones cada dos segundos y la gente cortaba el Saludo al Sol para saludar a alguien por whatsapp.  Ahí tenés, un lindo brote número 5.

Debo ser yo. Pero calculo que nos pasa a muchos. ¿Alguien sabe cómo cultivar la paciencia? Ideas, pasen ideas.