Sociedad

Con alma de barrio: relaciones vecinales de ayer, hoy y siempre

por Alan Laursen

10/02/2015

El hecho de tener vecinos implica una infinidad de relaciones potenciales, que van de la amistad a la enemistad, de la admiración a la envidia, del cariño a la indiferencia. Sin dudas el barrio es un universo en sí mismo y hay de todo, como en botica. En Magna te invitamos a conocer los distintos tipos de vecinos con los que podes encontrarte si es que no te los has encontrado ya. Y por qué no, a cuestionarte que clase de vecino sos, ¿venís?

Con alma de barrio: relaciones vecinales de ayer, hoy y siempre
En “La ventana indiscreta” (1954) de Alfred Hitchcock, el protagonista tiene la pierna enyesada y en su reposo comienza a espiar al sospechoso vecino de enfrente mediante unos binoculares y una cámara de fotos. Muchos parecen aspirar a hacer la secuela.

A menos que vivas en un páramo, seguramente has tenido vecinos (y vecinas, para no quedar mal con quienes mencionan toda palabra con sus dos variantes de sexo). Y tal vez hayas tenido muchos si te has mudado frecuentemente o si los que se han ido mudando han sido ellos. El término “vecino” es utilizado para hacer referencia a los habitantes de un mismo barrio y también de un mismo complejo habitacional si residís en un edificio de departamentos, aunque también engloba a quienes viven pegados inmediatamente a tu casa.

La relación con los vecinos en el mejor de los casos termina en una amistad y en el peor en una guerra declarada con todo tipo de circunstancias, incluso graves si alguno se pasa un poco de la línea de la cordura. Pero si nos remitimos al crecimiento poblacional y a la capacidad habitacional en las grandes ciudades -y en las más chicas también- advertimos que trae aparejada la aparición desmedida de vecinos en un barrio. ¿Donde hasta hace unos pocos años había una casa antigua con un gran patio te construyeron un complejo de departamentos para diez familias? Estás sonado, tenés exceso de vecinos. ¿Qué se puede hacer contra esto? Nada.

Si vivís en una localidad chica como yo, que todavía es un poco pueblo y un poco ciudad, la relación con el vecindario es levemente más fluida de lo que podría darse en ciudades grandes en donde en muchos casos ningún vecino sabe nada del otro y casi ni se cruzan. Sea cual sea el caso, hay distintas variantes entre los vecinos que pueden darse en todo tipo de lugar.

Vecinos buena onda: son aquellos que son solícitos a prestar cualquier tipo de ayuda que puedan ofrecer. Ya sea prestarte el teléfono, una manguera para lavar el auto o regar el jardín, una tacita de azúcar, o tal vez un consejo. Son aquellos que valen oro y que hay que esforzarse por mantener de tu lado. Brindamos por ellos.

Vecinos mala onda: les molesta todo lo que hacés y son capaces de buscar la más mínima cosa para generar conflicto, quejarse y echártelo en cara. ¿Golpeás muy fuerte la puerta al cerrarla? ¿Tu perro hizo un breve ladrido? ¿Te reíste más fuerte de lo normal? Si tenés un vecino así, esperá el sonido del timbre en cualquier momento y una cara de pocos amigos al otro lado de la puerta. Son aquellos capaces de decirle a un hombre en compañía de una mujer “Esta no era la que trajiste la semana pasada” o inventarle un trabajo en el mundo de la noche a una simple cajera de estación de servicio con turno nocturno por simple malicia.

También está el vecino que no te responde un “Buenos días” y pasa por al lado como si fueras una maceta o el que de manera amable -y falsa- siempre encuentra la forma de tirarte algún palo o comportarse sarcástico. Insufribles.

Vecinos abusivos: esta raza de la especie vecinal suele ser una de las más peligrosas e intolerables. Generalmente aparecen para pedirte un “pequeño favor” que termina siendo algo de dimensiones incalculables en perjuicio de uno. Un “¿Me prestaría un rato su taladro?” puede derivar no sólo en un sonido insoportable sino también en que tengamos que recuperar el taladro con carta documento, si es que lo logramos. Estas personas que se aprovechan del concepto de buena vecindad -o poseen un desubicado nivel de confianza- son las primeras en ofenderse si alguien les hace notar su falta. ¿Algún vecino te estaciona siempre en el garaje? ¿Te llena tu basurín de porquerías que no le entran en el suyo, si es que lo tiene? ¿Pone a hacer las necesidades de su perro en tu puerta? Tenés un vecino abusivo. Afrontá esa dura realidad.

Desde 1951, “Daniel el travieso” vuelve loco a su vecino George Wilson. La tira cómica se sigue publicando en 1.000 periódicos de 48 países en 19 idiomas... ¿será que la temática nunca pasa de moda? | Imagen: arcamax.com Desde 1951, “Daniel el travieso” vuelve loco a su vecino George Wilson. La tira cómica se sigue publicando en 1.000 periódicos de 48 países en 19 idiomas... ¿será que la temática nunca pasa de moda? | Imagen: arcamax.com

Vecinos detectives: generalmente asociados al sexo femenino y de mayor edad, la realidad nos indica que cualquier vecino puede ser un detective frustrado con mucha imaginación para completar las partes que no logró descubrir y darle un cierre al relato. En la época colonial, “vecino” era un título nobiliario que se les daba generalmente a los criollos hijos de españoles, con cierto poder adquisitivo, que les otorgaba el derecho de dar su opinión en las juntas de gobierno. Se ve que las ganas de obtenerlo ha quedado en muchos porque cuando se arman esas juntas espontáneas de vecinos en la vereda muchos se toman el derecho de dar su opinión, aunque a nadie le parezca relevante. Por supuesto que tampoco pierden la oportunidad de hacerte un interrogatorio, sin disimular ni un poco el interés. Llamémosle chusmerío, no queda otra.

Vecinos ruidosos: incluye un montón de variantes y en esta todas podemos caer con facilidad. Claro que hay ciertos límites. Tenemos vecinos con perros que viven ladrando y aullándole a la luna o a cuanto peatón pase por la vereda durante todo el día y la noche, vecinos cariñosos que gustan de expresar su amor y del que todos podemos enterarnos fácilmente aunque las paredes no sean tan delgadas. También son dignos de mención los vecinos con niños y fundamentalmente aquellos con bebés que gritan toda la noche y por los que uno termina teniendo compasión ante la infinidad de intentos fallidos de calmar a la criatura de llanto potente.

Aunque el verdaderamente irritante es el vecino con moto, que gusta de prender su máquina y dejarla un rato largo al lado de tu ventana, si es de noche mejor y sin importarle el gasto de combustible. Lo hace por el simple placer de sentir que todo el barrio está escuchando su motor. Pasa también con algunos que tienen autos, pero esos prefieren más la hora de la siesta. Ya sea para revisar el motor o para lavarlo con la música a todo lo que da, siempre podemos disfrutar gracias a ellos de un poco del ambiente de autódromo sin salir de casa.

Vecinos misteriosos: son aquellos a los que vemos a diario, con los que tal vez cruzamos un saludo de cortesía, pero no sabemos ni quiénes son, ni a qué se dedican, ni qué hacen, y tal vez ni cómo se llaman. Sin que sea necesario que tengan algo que ocultar, dueños tal vez de un deseo de perfil bajo fuera de lo normal, son el motivo de la especulación de todo el barrio y sus frustradas carreras en el mundo de la investigación. Estos vecinos misteriosos ponen a prueba nuestra curiosidad y son el puntapié inicial para que nos convirtamos en vecinos detectives. Y de eso dicen que no se vuelve.

Nuevos y viejos vecinos: esta es sin duda una distinción importante al hablar de los vecinos. Puede haber malas y buenas relaciones entre los mismos que se dan durante años e incluso generaciones (bueno tal vez no, pero puede pasar), pero por lo general la antigüedad en el barrio da a algunos una mayor confianza y estima entre sí que con los más nuevos que tienen que, de algún modo, integrarse al ritmo del lugar o del edificio. En numerosos barrios la antigüedad del vecino es casi una cuestión de prestigio, es el que sabe todo lo que ha ocurrido en ese espacio a lo largo de los años. Muchas veces incluso mantienen cierto liderazgo, especialmente cuando hay que emprender alguna campaña apoyando su antigüedad con el carisma. Esto se ve en los barrios pero también en las reuniones de consorcio de los edificios, dónde siempre hay uno o un grupo de vecinos al que todos miran esperando su opinión.

Vecino exhibicionista: si te acordás del caso del hombre que bailaba en bóxer en su balcón en La Plata para hacer ejercicio vas a entender a qué me estoy refiriendo. No se da siempre, pero hay vecinos que lejos de sentir pudor salen al frente del jardín a la vista de todo el mundo en lo que para muchos son paños menores. Pero claro, si comprendemos que a veces los trajes de baños masculinos y femeninos que usamos en la playa muestran más que la ropa interior, resulta un tanto zonzo espantarse por un vecino que sale en calzoncillos o en bombacha y corpiño. Y seguramente si el vecino es Cristian Sancho o Jesica Cirio, no sé si serían muchos los que pondrían el grito en el cielo. Cuestión de hipocresía, contexto o como queramos llamarlo, lo cierto es que si querés mantener una relación cordial con el vecindario y no sos muy pudoroso, al menos comprate una bata.

Vecino mirón: debo admitir en este punto que, aunque me resulte chocante, este vecino es más frecuente en el sexo masculino que en el femenino. El vecino mirón es aquel que a falta de una vecina exhibicionista, por ejemplo, siempre tiene algo que arreglar en el techo a la hora que la que vive al lado toma sol en el patio. Aunque podemos abrir el abanico y asociar al mirón con el chusma (y acá sí que caen hombres y mujeres por igual). Unos cuantos han sufrido lesiones por escudriñar así que no lo hagan en sus casas.

Sea cual sea el caso, mientras que no sobrepase ciertas barreras del respeto y la confianza vivir entre vecinos también es una experiencia enriquecedora por más matices que pueda tener. Convertirse en un vecino intolerante ante cualquier error del otro tampoco es una buena opción, y siempre es mejor hablar las cosas y negociar. ¡Si hasta Doña Florinda y Don Ramón, en el fondo, se querían!

¿Qué otra clase de vecinos conocés?