Sociedad

Conspiraciones, una pasión de multitudes

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10/11/2014

Conspiraciones, una pasión de multitudes

Las teorías conspirativas son tan viejas como la sociedad humana organizada. Sin embargo, cada paso del hombre en la tierra puede ser generador de una teoría conspirativa. Una nube rara en el cielo, una época de lluvia más abundante de lo normal y cuanto se nos pueda ocurrir, despiertan la fantasía de muchísimas personas que pueden defender una teoría hasta el grado de fanatizarse con el tema y ajustar la realidad a su creencia, así tenga que deformar los hechos. ¿Qué puede esconderse tras esto? En Magna nos pusimos a reflexionar al respecto.

Por Alan Laursen | alaursen@revistamagna.com.ar 

Conspiraciones comprobadas hubo muchas a lo largo de la historia, y numerosos hechos históricos son vistos desde una óptica conspirativa aunque nunca nadie aporte las pruebas al respecto. Algunas suenan más plausibles que otras pero nunca dejan de perder esa apariencia de “mito global”. Internet es terreno fértil para el florecimiento de todas estas alocadas teorías. Y mucho más inverosímil y alocado es cuando más salida de una película de terror y ciencia ficción parezca dicha teoría conspirativa.

En una nota anterior de Magna dábamos cuenta de una supuesta conspiración mundial de vigilancia masiva a todos los ciudadanos. La creación de los nuevos DNI argentinos -y la cantidad de veces que fue rediseñado en pocos años de Gobierno K- despertó estas sospechas en algunas personas.

Se puede decir que los teóricos de las conspiraciones ya son casi una institución en sí mismos, algunos son personajes más reconocidos por trayectoria, más creíbles porque parecen otorgarle cierta lógica a sus argumentos. No hay que descartar de plano que alguna de estas teorías conspirativas -o parte de ellas- puedan ser ciertas. Sin embargo, muy distinto es cómo llegan esas teorías al público masivo, mediante la difusión en revistas especializadas y actualmente en la web. Y son muchísimas.

Por ejemplo, la que habla sobre el Blue Beam Project (Proyecto Rayo Azul), impulsada por un canadiense llamado Serge Monast en el que agrupa, entre otros, al Gobierno de los Estados Unidos, al Grupo Bilderberg (que incluye a las personas más influyentes del mundo) y a la NASA en un macabro plan en etapas que consiste en -orquestadas- apariciones extraterrestres y divinas de carácter artificial que tendrían como principal objetivo el quebrantar la conciencia humana para instaurar un Nuevo Orden Mundial. Esto explicado grosso modo. ¿Bastante complejo no? ¿Suena catastrófico? Un poco. Hoy en día hay un desarrollo tecnológico fenomenal, del que el hombre y mujer promedio dispone y disfruta sólo en parte. Esta teoría es consecuente con ese desarrollo y eso es lo que le da cierta verosimilitud. Pero lo verosímil no significa veraz, bajo ningún concepto. La idea del Nuevo Orden Mundial es ya de por sí un argumento que atraviesa gran parte de las teorías conspirativas relacionando la Masonería, los Illuminati, y algunos hasta acusan al sionismo internacional (una rama del judaísmo). ¿Alguna vez escuchaste sobre un plan sionista de apoderarse de la Patagonia y establecer un nuevo estado de Israel? Bueno, son esos.

La teoría conspirativa del llamado Nuevo Orden Mundial afirma la existencia de un plan diseñado con el fin de imponer un gobierno único a nivel planetario. | Imagen: velazco.galeon.com

Otras teorías indican cosas sobre nuestro globo terráqueo. Algunos arguyen que es hueco. Esa teoría ha sido abordada más seriamente y le concedo cierto grado de posibilidades. Pero… ¿qué pensarías si alguien te dijera que la tierra es plana y que hay una conspiración para impedir que se descubra la verdad? Seguramente te le reirías en la cara o pensarías que es alguien anterior a Colón y su viaje a América. No obstante, hay gente en pleno siglo XXI que asegura que esto es una realidad. Supuestamente lo que nos enseñaron toda la vida en la escuela no es cierto y hay una conspiración entre agencias espaciales, gobiernos del mundo y hombres de ciencia para que no se sepa la verdad, haciéndonos aceptar con pruebas fraguadas cosas que la humanidad no se cuestiona. Si algo jamás se me hubiese ocurrido es justamente cuestionar la esfericidad de la tierra. Pero bueno, no son pocos los que siguen esta teoría así que la historia los juzgará. Explicar los por qué de la misma es muy complejo y conllevaría una extensa explicación, por tanto recomendamos leer el abundante material que circula al respecto en Internet.

Y me quiero detener especialmente en la teoría respecto al HAARP (High Frequency Active Auroral Research Program, es decir, Programa de Investigación de Aurora Activa de Alta Frecuencia). Se trata de un programa de investigación que es financiado por la Marina y la Fuerza Aérea de los Estados Unidos de América -quienes sino-, la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados de Defensa (DARPA) y la Universidad de Alaska, del mismo país y que opera desde 1993, para estudiar las propiedades de la ionósfera (parte de la atmósfera terrestre ionizada permanentemente debido a la fotoionización que provoca la radiación solar) y mejorar la tecnología que permita aprovechar esas propiedades en favor de la radiocomunicación y los sistemas de vigilancia, por ejemplo los radares antimisiles. El HAARP tiene un instrumento llamado IRI, un potente radiotransmisor de alta frecuencia que cuesta millones y millones de dólares. Al menos esto es lo que oficialmente se sabe porque los amantes de las conspiraciones acusan a este proyecto de ser el causante de numerosos y graves desastres naturales alrededor del mundo. Si esto es así, permitiría a Estados Unidos manejar el clima a su antojo y aprovecharlo a su favor en contiendas bélicas. Manipular el clima como arma… interesante, ¿no?

La teoría respecto al HAARP culpa al programa de accionar catástrofes de proporciones bíblicas tales como inundaciones, sequías, huracanes, tornados y tormentas eléctricas.  | Imagen: whatsnextreport.com

La presencia de las teorías conspirativas en Internet genera fascinación en muchas personas, incluso puede llegar a convertirse en una obsesión. Y no me refiero a individuos que ponen todo de sí en investigar su teoría, sino en defensores a ultranza de dichas teorías que sólo lo hacen en discusiones encendidas en foros y redes sociales. Incluso muchas veces crean su propia interpretación de la teoría en sí misma. Sí, puede resultar un tanto border pero hay muchos que están convencidísimos de lo que dicen y buscan pruebas de ello en cualquier evento cotidiano. Por casualidad -en realidad por curiosidad también- entré en un grupo de Facebook que aborda el tema de las profecías pasadas que hablan sobre nuestro presente. Hay análisis muy serios respecto a estas teorías y a los profetas. También hay seguidores. Algunos investigan, otros repiten y otros re-interpretan. En estos foros también se dan debates que a veces son tan bizarros que terminan en conversaciones inentendibles. Muchos quieren acomodar la realidad a sus teorías conspirativas, algo que muchos intelectuales -intelectualoides en cierto punto- del mundo académico también gustan de hacer, por lo que no es algo exclusivamente del mundo conspirativo. Sin embargo es posible que cualquier nube de forma no convencional sea disparadora de una teoría conspirativa a nivel mundial que nos condenará a todos a terribles padecimientos.

Por ejemplo, todos los eventos como inundaciones y vientos fuertes que son noticia este último tiempo, son frecuentemente relacionados a las actividades del HAARP -en realidad a las actividades que los conspiradores dicen que tiene el HAARP- y sostienen que hay una conspiración de los medios para no informar sobre el tema (otro factor común de las teorías conspirativas).

Pongamos sobre la mesa las cartas: a) vientos fuertes, huracanados, a los que llamamos tornados sin serlo. Sólo es una palabra de uso popular no usada pertinentemente, b) cientos de damnificados, techos volados y casas dañadas, postes caídos, etcétera.

Algunos proponen acerca del 11-S que: a) el Gobierno de Estados Unidos tenía conocimiento previo de los ataques y no hizo nada para prevenirlos, B) que fue el propio Gobierno de Estados Unidos quien orquestó y perpetró los ataques en una operación de bandera falsa. | Imagen: prophecynewsdaily.com

Ahora dejemos la imaginación a un lado y pongamos la razón. Cuando mis bisabuelos llegaron a las pampas argentinas desde Europa ya sufrían de estos vientos fuertes. Los pueblos incipientes de las primeras tres décadas del siglo XX ya tuvieron voladuras de techos y molinos, y daños en sus propiedades. En los medios locales y regionales ya eran noticia. ¿Por qué causa tanto espanto un viento fuerte entonces? Tres cosas son fundamentales: a) perdemos percepción de los hechos del pasado, especialmente esos hechos naturales que no generan un fuerte impacto en la conducta humana y, a la vez, aunque no son frecuentes tampoco son extraños sino que son posibles, b) la cantidad de población afectada en la actualidad es mayor porque la población aumentó. Por lógica los damnificados siempre van a ser más, tanto en una ciudad como en un pueblo, c) la masividad de las noticias gracias a Internet conecta varios hechos en un tiempo cronológico menor. Antes apenas se enteraban lo que ocurría a 400 kilómetros y si lo hacían no era inmediatamente. Incluso pasaban días. Por eso un viento fuerte nos puede parecer más catastrófico hoy que antes.

Aunque claro, también hay que tener en cuenta un mal muy grave y actual: el daño al ecosistema. El abuso de los recursos naturales puede generar también trastornos y variaciones en el clima, o dejarnos más desamparados y a merced de los ciclos del clima. Por ejemplo, las inundaciones en el norte son un claro signo de la deforestación que se ha hecho. ¿Aumentó la cantidad de lluvia? ¿O se redujo la capacidad de la tierra para absorber el agua al no tener la cantidad de árboles de antaño?

En algún punto las teorías conspirativas pueden ser también una forma general de autoconsuelo y comodidad. Tal vez sea mejor pensar que los grandes cambios del mundo están digitados por unos pocos y que nosotros no podemos hacer demasiado para modificarlo, antes que analizar nuestras propias conductas, convicciones y actuar. O si queremos verle el lado conspirativo sí o sí, tal vez haya una conspiración económica para que creamos en eso y que nos ajustemos a un montón de teorías bizarras que encontramos en Internet, para que no cambiemos nuestros hábitos de consumo. Yo no niego que pueda haber conspiraciones, pero si las hay no creo que sean justamente las que circulan por la red. Tal vez esas sean las que quieren que creamos, mientras ocultan otras conspiraciones más sutiles. Nunca se sabe.

Pero lo que nadie puede negar a esta altura es que la humanidad se tiene que hacer cargo de que gran parte de los desastres naturales y problemas climáticos son exclusivamente nuestra responsabilidad y culpa, por nuestro afán compulsivo de agotar los recursos naturales y contaminar el medio ambiente. Eso sí que es mucho más grave que una conspiración porque implica modificar nuestros hábitos. ¿Quién está dispuesto a cambiar de estilo de vida para ayudar al planeta? No muchos seguramente. Ni yo pongo las manos en el fuego por mí mismo.

Ciertas o no, a veces lo inverosímil de todas estas grandes conspiraciones es que se necesitaría tanta gente para sostenerla que la hace prácticamente inviable. ¿Conocés alguna otra teoría conspirativa? ¿Qué opinás al respecto?