Sociedad

Contradicciones a la carta

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07/07/2015

Contradicciones a la carta

Cada uno de nosotros es una mezcla rara de mil aspectos que conviven. Pensamos, sentimos, decimos y hacemos. Cuando todo apunta hacia el mismo lado vamos bien. Pero hay veces en que nada concuerda y nosotros mismos no podemos entendernos.

Por Yasmin Jalil Día a día uno va haciendo, va sintiendo y va pensando: todo al mismo tiempo y nada en exclusiva a la vez. | Imagen: lostateminor.com

Pensamos una cosa, hacemos otra. Las emociones se enfrentan y dominan nuestro humor. Reímos. Lloramos. Nuestras ideas se pelean entre ellas. A todos nos pasa: sabemos lo que hay que hacer, pero vamos para el otro lado. Si bien esto puede ser molesto, no está ni bien ni mal. Nuestras contradicciones son una realidad con la que convivimos: nos reflejan y también nos definen. Las emociones, sentimientos e ideas que tenemos influyen en las cosas que hacemos y en cómo nos sentimos frente a lo que nos pasa.

El neurocientífico Facundo Manes afirma que nuestro cerebro se compone tanto de circuitos ligados a la razón como a las emociones. Cada emoción, además, tiene su propio circuito neuronal, y estos a su vez se interconectan. Por eso una misma situación puede presentarnos emociones distintas y contradictorias simultáneamente: risa y llanto; enojo y angustia, etc. De la misma forma, en el momento de hacer algo intervienen tanto la razón como las emociones. A lo largo de nuestra historia, tenemos experiencias que van generando algo así como un mapa de acción-reacción inconsciente que nos acompaña y condiciona a diario. Aunque los hechos pueden parecer únicos, cada persona los interpreta distinto y tiene una versión para sí.

Por otro lado, las acciones son nuestro aspecto visible, donde las contradicciones parecen más evidentes. ¿Cuántas veces estuvimos seguros de lo que íbamos a hacer hasta el preciso momento de hacerlo? ¿Cuántas veces fuimos con un discurso armado y no nos salió ni una palabraPensar cómo hacer algo no suele ser lo mismo que realmente hacerlo. Hacer nos enfrenta a nosotros mismos y a los demás. Aquello que sentimos y pensamos es parte de nuestro mundo interno, mientras que los hechos nos vinculan con el entorno. Incluso aunque nos tomemos el tiempo para hacer una evaluación racional y estemos seguros, muchas veces no logramos hacer eso que pensábamos. No podemos planear estar contentos, relajados o evitar enojarnos. Cuando algo nos molesta, nos molesta. Cuando algo nos sensibiliza, solo pasa. Las personas con las que estamos, su humor y sus propias reacciones también nos influyen directa e irracionalmente. De hecho, la neurociencia afirma que la primera reacción de nuestras emociones no se puede controlar. Por eso lo que hacemos puede contradecirse con lo que pensábamos hacer o con lo que creíamos que íbamos a sentir en ese momento.

Día a día uno va haciendo, va sintiendo y va pensando: todo al mismo tiempo y nada en exclusiva a la vez. Sin embargo, a la hora de decidir podemos reevaluar la situación y modificar cómo la enfrentamos. No tenemos la opción de cambiar, por ejemplo, la reacción de nuestras emociones, pero sí podemos resolver qué hacemos con ellas. En otros casos los problemas que tenemos no son realmente problemas, sino situaciones que creamos con nuestras ideas. Cambiar la forma en la que vemos las cosas nos permite, también, actuar de forma diferente.

Somos un todo que puede resultar un verdadero caos. Un micro-universo de elementos que se superponen, y no siempre funciona para el mismo lado. Reconocer nuestras contradicciones,  disfrutar de ellas o alinearlas es una tarea que nos acompañará toda la vida.