Cultura

Cuando el inconsciente se puebla de "Imágenes de la ausencia"

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21/09/2015

Cuando el inconsciente se puebla de

El libro de Eduardo Gil reúne fotografías ya clásicas del Siluetazo, la acción colectiva realizada en la Plaza de Mayo la tarde del 21 de septiembre de 1983, durante la cual miles de siluetas realizadas sobre papel ocuparon las calles y quedaron estampadas en paredes, persianas y señales urbanas exigiendo verdad y justicia.

Por Laila Rocío Rott

32 años atrás. Día del estudiante y tercera Marcha de la Resistencia de las Madres de Plaza de Mayo, 21 de septiembre de 1983. Las voces acalladas durante la dictadura empiezan a hacerse oír. La gran Plaza de Mayo, símbolo político por excelencia, se puebla de siluetas de personas ausentes pero cuya virtual presencia incomoda. Los participantes de la movilización, convocados y espontáneos, ponen el cuerpo en lugar del que ya no está. Tiempo más tarde, este hecho artístico político recibiría el nombre de Siluetazo y marcaría un nuevo modo de protesta. Eduardo Gil, en aquella época un joven que daba sus primeros pasos en la fotografía, fue testigo de aquel momento único que hoy se anima a revivir a partir de la publicación de su libro Imágenes de la ausencia. “Yo solo puedo hablar de lo que recuerdo, que no es mucho”, plantea desde un primer instante. Pero la memoria caprichosa y su inentendible lógica no impedirán que el consagrado fotógrafo hable de su obra y las marcas que el Siluetazo le dejó.

Tu llegada a la fotografía fue una consecuencia de la dictadura pero, ¿había un gusto previo por ella?

No, no lo había. Empecé a hacer fotografía “gracias” a la dictadura. Yo era delegado federal de una multinacional y, debido a que una compañera me avisó que estaba ‘marcado’, tuve que renunciar y buscar otro trabajo. La fotografía fue lo primero que apareció y al principio lo hice solo por motivos laborales. Con el tiempo me puse a estudiar e investigar y no me quedé solo con saber usar una cámara. Por ejemplo empecé la carrera de sociología y al viajar por Latinoamérica, descubrí que mi gusto por lo sociológico tenía una vía en lo fotográfico. Quizás si yo no hubiera tenido ese motivo extremo por el cual dejé de hacer lo que hacía y empecé a trabajar en lo que era posible, hoy no sería lo que soy.

"Siluetas y canas", una de las imágenes más emblemáticas del Siluetazo tomada por el fotógrafo.

Y el Siluetazo logró fusionar lo sociológico, lo fotográfico y lo militante.

Yo iba a las marchas, participaba de ellas por una cuestión ideológica. De hecho, en el libro incluí fotos de la II Marcha de la Resistencia del '82 como antecedente de mi aproximación a estos movimientos. Pero el Siluetazo fue algo especial: me encontró en esa participación por motivos políticos junto con un momento productivo en fotografía muy influenciado por la estética de Henri Cartier-Bresson y su momento preciso, cuando se juntan el cerebro, el corazón y la vista. La foto de “Siluetas y canas” es absolutamente bressoniana: duró el segundo en que tomé la foto porque ellos me vieron y se movieron. Allí, muchísima gente hizo fotografía pero la diferencia es que, en mi caso, yo estaba muy preocupado también por hacer ‘buenas fotos’ y con cierto criterio de narración del procedimiento, de cómo se construían las siluetas, con todo lo que implicaba poner el cuerpo en lugar del que no está.

¿Qué recuerdos te quedan a 30 años de esa marcha?

Una de las cosas que recuerdo es la cantidad de gente que había, era apabullante. Creo que la gente que se acercó a la plaza fue gente que iba a la marcha. Después, todo fue espontaneidad. Julio Flores (artista, uno de los realizadores de la marcha) cuenta que a la media hora de haber empezado se podían haber ido, porque la gente llegaba, se encontraba con lo que estaba pasando y se iba a buscar elementos para ayudar. Fue una cosa imparable cuando la gente empezó a participar. Se fue juntando en grupos con gente desconocida para hacer un trabajo en común.

¿Definirías al Siluetazo como un movimiento artístico o político? Hay muchas opiniones al respecto.

Es ambas cosas. No se puede entender el arte sin concebirlo como algo político. Nada de lo que se haga en el arte puede despegarse de su contexto. Sin embargo, en ese momento no se reconoció su faceta artística.

Portada del libro de Eduardo. La obra incluye textos de Florencia Battiti, Ana Longoni, Estela de Carlotto y Aníbal Jozami.

Tus fotos tardaron casi 25 años en salir a la luz y Ana Longoni, compiladora del libro "El Siluetazo", fue quien dio el puntapié inicial. ¿Hay un por qué a semejante espera?

Estoy elaborando la respuesta todavía. Hasta ese momento, se conocían solo dos fotos: "Siluetas y Canas", donde se ven dos policías y de fondo las siluetas en tamaño real, y "Siluetas en la Curia", en la cual se ven dos siluetas pegadas en las columnas de la Catedral de Buenos Aires. A partir de verlas, en 2008 Ana vino a preguntarme si tenía más. Cuando le mostré lo que tenía archivado, quedó maravillada y me preguntó ‘¿Vos sabés lo que tenés acá?’. Realmente no lo sabía, en el Siluetazo yo no tenía conciencia de lo que estaba pasando. A partir de su trabajo, el Museo del Barrio de Nueva York me pidió cuatro fotos que luego hizo itinerar por varios países de Latinoamérica. Hace dos años, la muestra estaba expuesta en seis lugares del mundo simultáneamente, sin todavía haber sido expuesta acá. De hecho, lo del Parque de la Memoria -muestra fotográfica que tuvo lugar del 18 de mayo al 2 de junio de 2013 en Buenos Aires- respondió un poco a esto a partir de la invitación de Florencia Battiti, curadora del Parque. En 2013, la Universidad de Princeton adquirió la obra y me invitó a exponer cómo el Siluetazo se inscribía en mi obra. Al ponerme a redactar la respuesta pasaban varias cosas, no era fácil.

En ese momento se puso en juego todo un proceso de introspección y autoconocimiento.

Exacto. Yo siempre estoy revisando mi trabajo y viendo porqué lo hago. Me puse a trabajar en qué era el Siluetazo y por qué guardé las fotos. Saco la conclusión de que creo que fue algo muy fuerte pero de lo que, sin embargo, yo no tuve conciencia. En mi carrera, siempre me reconocieron que mi obra ha ido cambiando constantemente. Pienso que algo de esa experiencia quedó adentro y yo seguí haciendo las fotos según los estilos de cada época.

El psicoanálisis plantea que el inconsciente puede reservar mensajes esenciales para los oídos que sepan ponerse a la escucha. El Siluetazo comenzó a llenarse de sentidos para vos casi 30 años más tarde.

Así es, elaborando la respuesta de cómo se inscribía en mi obra me di cuenta que tenía borrado cuál había sido mi primera obra performática. Había sido en 1989, yo acostado en el piso en Manhattan y pidiéndole a los peatones que me fotografíen. Yo no me acordaba de eso porque no tenía nada que ver con lo que hacía en ese momento. Cuando empecé a pensarlo, llegué a la conclusión de que este trabajo que yo tenía tapado, como se tenía todo en aquella época, se expresaba una y otra vez en mi obra sin ningún tipo de conexión racional. Entonces, llego a la conclusión de que los cambios en mi obra, en donde lo indicial está muy fuerte, tiene que ver con aquello que me pasó durante el Siluetazo.