Medio Ambiente

¿Cuánto peso les cargamos sobre la espalda a nuestros hijos?

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05/03/2014

¿Cuánto peso les cargamos sobre la espalda a nuestros hijos?

Carpetas, diccionarios, cuadernos, manuales... los niños teminan soportando cuatro veces más del peso permitido para no hacerles daño. A eso se le suma una carga que es producto de nuestra falta de conciencia. Una nota para reflexionar sobre el bienestar de los chicos, pero también sobre el medio ambiente y la actitud muchas veces irresponsable de los adultos.

Por Eva Ormazábal

Vuelve a comenzar el ciclo escolar y nuevamente asoma, año tras año, esta pregunta en mi conciencia... ¿cuánto peso voy a aceptar este año que carguen mis hijos en su espalda? ¿qué tamaño de mochila les impongo cargar a cuestas? Y tal vez porque tengo esta costumbre de pensar siempre de manera simbólica no puedo evitar sentir que es literal la pregunta. Nuestros niños llevan encima un peso excesivo que somos los adultos los que se lo adjudicamos. Arrastran una carga que es producto de nuestra falta de conciencia y responsabilidad. No estamos velando por su bienestar.

Como mamá hace años que vengo observando cuánto va incrementando el peso y la cantidad de libros que nuestros pequeños obligatoriamente tienen que cargar en sus mochilas durante todo el año escolar.

Carpetas, diccionarios, cuadernos de diversos colores para cada asignatura o tarea (que por lo general son seis o siete, de los cuales la mitad quedará a medio utilizar), libros de lectura, cuadernillos y manuales escolares para cada una de la materias, ¡a veces llegan a ser hasta ocho! (de los cuales, en su mayoría, van a utilizar sólo el 40% del volumen total de actividades de cada uno).

El exceso de peso en las mochilas genera consecuencias irreversibles y a largo plazo para los niños. Imagen: vistamagazine.com

Gran parte de los niños, niñas y jóvenes que concurren a los establecimientos educativos viven la situación de padres separados, por lo cual no pueden poner y sacar libros diariamente de sus mochilas según el esquema escolar, ya que su condición de itinerantes se los impide.

Sería oportuno saber que la mochila no debe sobrepasar el 10% del peso del niño. Eso implica que, si en promedio, tu hijo o hija pesa 40 kg, el peso límite que puede cargar sobre su columna es sólo de 4 kg. ¿Alguien ha pesado las mochilas que actualmente están llevando? Promedia entre los 15 y 20 kg. Eso indica que soportan cuatro veces más del peso permitido para no hacerles daño.

Hemos adaptado la estructura de las mochilas que acarrean -ahora vienen reforzadas, con ruedas y con manijas extensibles de arrastre- precisamente para dar respuesta al tremendo peso que tienen que transportar. Como si tener que bajarlas del auto, alzarlas en los cordones, y arrastrarlas por las escaleras no demandara un esfuerzo enorme por su parte... Nos adaptamos a la carga y lo que es más peligroso aún, ¡la estamos naturalizando! Pero, ¿no debería ser al revés y empezar a discernir de una vez por todas entre lo indispensable y lo superfluo?...

¿Hasta cuándo vamos a mirar para un costado? ¿Hasta cuándo vamos a descansar en ellos todas nuestras responsabilidades?... ¿No sería hora ya de proponer un cambio de conciencia y de repensar lo que les estamos enseñando con nuestras acciones? ¿De mirar con criterio los niveles de consumo que les estamos inculcando? ¿De cuestionarnos el impacto social, físico, emocional y ecológico de la decisión de los docentes sobre la cantidad de material impreso que les solicitan?...

Todos comprendemos que el uso responsable de los recursos naturales es una prioridad de primer nivel en estos tiempos. Por lo tanto, como adultos responsables no podemos desconocer la huella ecológica de la fabricación de los libros escolares que les estamos haciendo adquirir, del impacto que trae al planeta acarrear 10 manuales por niño, por año. Sin dejar de mencionar el malestar y el esfuerzo físico que les implica corporalmente  semejante carga.

Si la mochila es muy pesada, el niño se ve obligado a arquear hacia delante la columna vertebral o a flexionar hacia delante la cabeza y el tronco para compensar el peso. | Imagen: buscas-escuela.blogspot.com

La huella ecológica tiene que ver con el impacto de una persona, ciudad o paí­s sobre la Tierra, para satisfacer lo que consume y para absorber sus residuos, evaluar el impacto sobre el planeta de un determinado modo o forma de vida y compararlo con la biocapacidad de este. Consecuentemente es un indicador clave para la sostenibilidad.

Para fabricar cada libro que compramos se talaron bosques de manera no sostenible (se necesitan 14 árboles para obtener 1 tonelada de papel, con el consecuente aumento de deforestación y la alarmante pérdida de biodiversidad), se imprimieron con tintas, lacas y solventes que conllevan impactos nocivos directos al suelo, a la atmósfera y a los acuíferos. La huella de carbono de la impresión de un libro es de aproximadamente de 1,2Kg. de CO², y al ocupar más espacio y peso, deja mayor huella de carbono en transporte para su distribución. La industrialización (obtención de la celulosa, impresión, embalaje, transporte) genera un costo energético (electricidad, combustible y agua) que impacta de manera nociva sobre el ambiente.

Una vez utilizado (y la mayoría de los casos es aprovechado solo en un 40%) se descarta como residuo y el papel desechado, componente importante de muchos vertederos, representa alrededor del 35% en peso de los residuos sólidos urbanos.

¿Como podríamos revertir estos síntomas de consumo extremo y desmedido al cual hemos llegado? ¿Cómo podríamos conscientemente reducir el impacto de nuestras decisiones de consumo sobre la Tierra y al mismo tiempo repensar también el impacto emocional y físico que estamos desencadenando sobre nuestros hijos e hijas?

¿Cómo?... Reduciendo la cantidad de cuadernos que solicitamos a los niños (se pueden integrar más divisiones en las carpetas), compartiendo los libros escolares, trabajando con otro tipo de materiales y estrategias pedagógicas, integrando la diversidad de fuentes bibliográficas, entrecruzando la información que brindan diferentes libros que ya tenemos en casa. Ejercitando la creatividad y la innovación para abordar un tema desde múltiples costados, no sólo desde la mirada de un libro en particular.

Docentes, directivos, padres, madres... ¡reflexionemos! ¡Pensemos en el peso literal (que generan nuestras propias decisiones) que descansamos sobre los brazos y espaldas de nuestros niños y niñas! ¿Por qué no empezamos este año haciendo un pequeño cambio comunitario?

Para cambiar hay que repensar nuestras acciones y volvernos mas conscientes. Por pequeño que parezca un gesto, se multiplica. Se expande, se contagia y vuelve. Todo lo que generemos, vuelve. Todos podemos cambiar… Aún el árbol más grande comenzó siendo una simple semilla.