Cultura

Daniel Balmaceda: “Creo que las frases hechas nos simplifican mucho la comunicación”

por

07/02/2015

Daniel Balmaceda: “Creo que las frases hechas nos simplifican mucho la comunicación”

A casi dos meses de la publicación de su último libro “Historia de letras, palabras y frases”, en el que explica el insólito origen de algunas expresiones que utilizamos a menudo, el periodista e historiador cuenta a Revista Magna cómo fue volver a unir sus dos pasiones: la historia y las letras.

Por Mariana Muryn | mmuryn@revistamagna.com.ar

¿Cómo nace la idea de “Historias de letras, palabras y frases”?

Hace cuatro años yo había publicado un libro que se llamaba “Historia de las palabras” y era la recopilación de unas notas que yo había escrito hace muchísimos años para una revista. Una vez que terminé el libro pensé: “He agotado todo lo que tengo que decir sobre el tema”. Pero me llevé la sorpresa de que muchos lectores querían saber más. El pedido de estos lectores se juntó con el hecho de que con el tiempo fueron apareciendo las respuestas de palabras y frases que no había encontrado el origen en su momento. Me entusiasmé y así fue que hice esta segunda parte, pero esta vez incorporando la idea de frases y letras.

Sobre este entusiasmo que mencionás como principal motivación, ¿siempre sentiste curiosidad por la historia de algunos términos?

Sí, por supuesto. Es habitual de mí estar curioseando en el tema. Más aún cuando ya tenés algún conocimiento sobre palabras. Hay algunas que decís “esta palabra es rara”, es decir, no es la clásica que tiene origen en el latín y entonces pensás que detrás debe haber algo. Ahí es cuando empieza la búsqueda. Hay casos en los que no encontrás nada y otros en los que sí valió la pena haberse interesado por ellas.

¿Cómo fue el proceso de reconstrucción de cada una de las frases o palabras de las que habla tu libro?

Lo primero que tenés que hacer es ir leyendo hacia atrás y a medida que te acercás al origen de la palabra, llegás a su núcleo, a su nacimiento y te das cuenta cuál era su uso original. El ejercicio siempre es leer hacia atrás y, desde ya, trabajar con muchos diccionarios etimológicos de varios idiomas, con textos periodísticos antiguos, con cartas antiguas y también con textos de filólogos porque muchos ya han resuelto parte del trabajo, por suerte para mí.

Daniel tiene un extenso currículum. Entre otras cosas, fue editor de las revistas Noticias, Newsweek, El Gráfico, Aire Libre, La Primera y Periódicos de la Historia. Además, es miembro titular y vitalicio de la Sociedad Argentina de Historiadores y miembro de la Unión de Cóndores de las Américas. ¿Cuánto tiempo te llevó el armado del libro?

En general la investigación de cualquier trabajo de este tipo no tiene un tiempo definido porque uno lo viene haciendo de toda la vida, pero cuando empezás a investigar sabiendo que vas a editar un libro, el cálculo es más o menos dos años para la investigación y el último año de investigación también lo dedicás a escribir.

¿Cuál es el criterio de selección de las frases y palabras?

Las frases tienen que ser conocidas porque las decimos nosotros o porque las escuchamos de nuestros padres o abuelos pero es importante que tengan buenas historias. Si detrás de la frase no hay una historia interesante o no es muy clara, queda descartada. En el libro sólo tienen que haber letras, palabras y frases cuyas historias valgan la pena ser contadas.

¿Cuál fue la expresión que más te sorprendió por su historia?

Probablemente aquellas que cambian concretamente el sentido o la idea original como por ejemplo “perdido como turco en la neblina” que originalmente era perdido como tuco en la neblina. El tuco en lengua quechua significa luciérnaga y esta frase originaria del norte de nuestro país fue bajando hacia el centro en donde ya no tenía ningún sentido y cuando apareció la frase en textos escritos, se hizo una corrección directa a “perdido como turco en la neblina” porque debería tener más sentido que la original y por eso quedó así. También me llaman la atención las frases que pensás que son locales como la frase “se armó el tole tole” y cuando investigás resulta que tiene un origen bíblico porque cuando Poncio Pilato presentó a Jesús ante el pueblo, la gente comenzó a gritar en idiomas arameos “¡Sácalo, sácalo! ¡Que lo crucifiquen!”. Cuando se escribió la biblia en el idioma latín el sácalo, sácalo pasó a ser tolle, tolle. Por ende cuando se dice que se armó un tole tole significa que se armó griterío. Esto parece local y sin embargo ¡nada que ver!

El libro desglosa la trastienda de expresiones como "Hablando de Roma", "Ni muy muy, ni tan tan", "Naranjo en flor", "Tole tole", "Vender humo, mucho humo", "La prensa amarilla" y "¿Qué gusto tiene la sal?", entre otras. ¿Cómo recibe la gente tu libro?

A dos meses de haber salido va por su tercera edición lo cual es una excelente noticia para cualquier escritor, por supuesto también para las expectativas de cualquier editorial que considera que ya es un logro vender una edición. En ese sentido, en lo que significa la difusión y promoción del libro, está muy bien. Ahora yo creo y percibo también en comentarios que me hacen personalmente o a través de las redes sociales que mi libro permite mencionar cosas o tocar temas con amigos, en algunos casos se pueden leer capítulos en voz alta porque son capítulos sociables que dan para la charla y eso es una gran alegría para mí.

¿Por qué creés que “echamos mano” tan a menudo de este tipo de frases hechas?

Creo que las frases hechas nos simplifican mucho la comunicación porque con una sola frase decimos mucho más si todos están enterados de lo que significa. Por ejemplo, si uno está en una reunión y se acerca otro que no estaba originalmente en el grupo de los que estaban hablando y alguien dice “hablando de Roma…” ya se sabe que se quiso decir “llegaste y justo estábamos hablando de vos”. Creo que tienen el poder de concentrar ideas complejas de una manera más sencilla.

¿Pensás hacer un tercer libro de la misma temática?

De la misma manera que en ningún momento pensé en hacer una segunda parte, ahora estoy convencido de que no voy a hacer una tercera parte pero quizá me equivoque.