Sociedad

De mayor a menor: la agresión a los chicos en las redes sociales

por Alan Laursen

05/09/2017

Recientes casos mediáticos de ataques a infantes en la web ponen en evidencia una situación diaria que no debe ser generalizada ni ocultada. Que muchas de esas agresiones provengan del mundo de los adultos hace a la cuestión mucho más grave.

De mayor a menor: la agresión a los chicos en las redes sociales
Imagen que formó parte de una campaña contra el Cyberbullying realizada en Estados Unidos. | Crédito: Justine Black

Cuando se hace una nota sobre las redes sociales y su función en nuestra sociedad siempre se habla de sus dos aspectos, el positivo y el negativo. No es bueno acoplarse a la crítica de aquellos que rechazan todo lo moderno y condenan a las redes como si del mismo innombrable se tratara, pero tampoco lo es dejar de reconocer que así como traen muchos beneficios también conllevan riesgos y aspectos negativos. Ya son moneda corriente los casos de abusos y situaciones límite que surgen a partir de una interacción en una red social.

Claro que así como puede haber un peligro del otro lado de la pantalla también está en nosotros el hacer un uso adecuado de las redes y pensar que más allá de un entretenimiento son un espacio de interacción social virtual que imita al real. Así como hay que tener precaución al charlar con desconocidos en cualquier lugar público o al abrir la puerta de nuestra casa, en las redes es en cierto modo parecido. Y esto tiene especial impacto cuando se trata de niños y niñas. Los casos de pedofilia en donde un adulto se aprovecha de un menor haciéndose pasar por uno y el cyberbullying entre compañeros de colegio ya son -lamentablemente- realidades tan palpables que no queda otra que aceptarlas y estar alerta. Sin embargo, los niños no son solo vulnerables en ese aspecto.

Recientemente fue noticia el caso del bebé de Rodrigo Noya y su novia, sobre el que cayó una lluvia de incomprensibles críticas por su aspecto. En la cuenta de Instagram de la pareja del joven actor, una seguidora escribió: “La foto que subiste poniéndole filtro a tu bebé estaba bien. Así no asustás a todos con esa cara de bebé mono espantosa que tiene tu hijo. ¡Es un consejo! Si el próximo te sale lindo, ahí sí mostralo. Besos”. Ante esta situación, decidió “escrachar” a la autora. Claro que en épocas de “haters” y “trolls” (cuentas falsas que con frecuencia son usadas para insultar o propagar rumores malintencionados) no se puede estar del todo seguro de que ese escrache tenga el impacto esperado.

El caso fue muy divulgado en las redes, provocando que más personas se sumaran a hacer comentarios reprochables sobre el recién nacido y sus padres. Basta ver una publicidad que tenga a un niño protagonista para ver un comentario de agresión al menor. Lo mismo ocurre en el caso de personajes famosos, especialmente políticos, cuyos hijos reciben insultos y amenazas violentas que nada tienen que ver con sus padres y la preferencia política de cada uno. Esto ha ocurrido con Antonia Macri reiteradas veces desde que su padre es el presidente de nuestro país, por ejemplo, y del otro lado de la grieta, el nieto de Cristina Fernández de Kirchner ha recibido otro tanto.

En una época en la que la sociedad hace evidentes sus divisiones en las redes sociales, en donde el conflicto y la agresión están a la orden del día, hay adultos que no se ponen en lugar de tales y despachan sus frustraciones, su rencor y resentimiento en los más chicos utilizando un lenguaje descalificativo y un nivel de empatía inexistente. La realidad la ha planteado muy sabiamente pero en clave de humor Violencia Rivas, personaje de Diego Capusotto:

"Antes, uno no sabía la cantidad de forros que podía haber por el mundo. Ahora, con los posteos, los comentarios de los foros y los diarios, y toda la impunidad opinadora, te das cuenta categóricamente de la cantidad de nabos que existen y dejan constancia escrita de su pelotudez" (en “Peter Capusotto y sus 3 dimensiones”).

Agrego que la palabra “pelotudez” queda chica y que deberían considerarse expresiones más categóricas y fuertes. Porque más allá de los partidos políticos, las camisetas, las acciones de los padres, lo bien o mal que te caiga un actor o actriz o su trabajo, todos deberíamos ponernos de acuerdo en un solo aspecto: CON LOS CHICOS, NO.