Cultura

Durmiendo con el enemigo

por Natalia Coderch

15/06/2015

Cuando un noviazgo va bien, el siguiente paso suele ser la convivencia. Pero esa decisión implica compartir prácticamente todo. Si estás en esa etapa de transición, mejor prestá atención a las señales que indican cómo es tu compañero/a, para que eso que tanto te fascina de él/ella no lo/a convierta en el/la peor concubino/a. 

Durmiendo con el enemigo

En el noviazgo todo es rosa. A ella le fascina ese chico espontáneo, que cree que vestir de etiqueta es comprarse una prenda nueva y no sacarle el “cartelito”. Él se enamoró de su belleza práctica y natural. Pero, de repente, se van a vivir juntos y descubren que no todo era como pensaban. El día a día empieza a parecerse a escenas salidas de una película de terror. S.O.S. ¿Durmiendo con el enemigo?

Espontaneidad, salvaje espontaneidad

A ella le fascinaba su espontaneidad: estaban mirando una película, veían el mar y a él se le ocurría dejar de hacer lo que estaban haciendo, e irse a la costa con lo puesto. Para ella, estructurada y ordenada, que su novio fuera tan relajado y despreocupado era un bálsamo de paz que la hacía romper con su rutinaria vida.

Pero ese no planificar nunca nada que tanto le gustaba, empezó a molestarle a medida que las hojas del calendario acumuladas indicaban que la convivencia era una realidad. Un dejo de frescura y de sorpresa en la vida no le hace mal a nadie, pero… ¿todos los días? No hay corazón que resista no saber qué le depara el futuro, si por la noche van a preparar milanesas con ensalada o si por querer desestructurar la cena van a comer tostadas con mermelada de rosa mosqueta.

El temita de los viajes relámpago sin previo aviso empezó a resultar un gran problema. Ella seriamente se pregunta si su novio no se da cuenta de que una mujer necesita como mínimo ir a depilarse. Aparecer como un oso panda perdido en la playa en traje de baño no es una opción.

¿Linda en 5 minutos? No en esta vida

Si había algo que realmente lo había enamorado de ella era su practicidad y el hecho de que no le importara irse con lo puesto a esos viajes improvisados que él proponía. Pero de repente parece que está al lado de Wanda Nara, ya que para irse dos días se lleva media casa en 15 valijas.

Para él dos calzoncillos, un short y una remera bastan para tan pocos días, ¿cómo es que ella necesita llevar 15 corpiños, tres docenas de bombachas y 34 remeritas para un fin de semana? La planchita, el secador de pelo, bolsitos repletos de maquillaje, cremas y cremitas de todo tipo, color y tamaño, ropa como para que usen cinco personas en un mes... ¿A dónde había ido a parar esa chica práctica? ¿Cómo es que la sencilla mujer de quien se enamoró se convirtió en una especie de Paris Hilton tan solo porque ahora viven juntos? Montones de preguntas de este tipo rondan por la cabeza de este hombre que no logra comprender el supuesto radical cambio de ella.

Señales ignoradas igual son señales

La onda hombre de las cavernas, siempre desalineado y sin afeitarse, pelo alocado y “me importa un bledo la elegancia” de él nunca fue una molestia para ella y hasta incluso era una de las cosas que le atraían. Y de repente quiere convertir a ese simio que tanto amaba en un gatito siamés, y que esté siempre peinado, afeitado y vestido de punta en blanco. Cual sargento García ella se la pasa diciéndole qué hacer y cómo hacerlo. Todos los días le taladra la cabeza con el mismo repertorio: “No te olvides de tapar el dentífrico; no salpiques el espejo del baño al lavarte la cara; la toalla mojada sobre la cama NO; la ropa sucia al lavadero, NO en un rincón de la habitación”. Ordenes y más ordenes, y siempre a cara de perro.

Los minutos que ella pasa dentro del baño cuando tienen que salir lo exasperan cada vez más, la cantidad de ropa y zapatos en el placard y el espacio que ocupa con todas sus cremas y maquillajes realmente le molestan.

Lo cierto es que ambos se están quejando de algo que era lisa y llanamente previsible. Antes de irse a vivir juntos ya eran así, no es que cambiaron de la noche a la mañana. Ella lo conoció desalineado, entonces… ¿por qué quiere que cambie? Él la conoció maquillada e impecable, entonces… ¿por qué piensa que para lucir de esa forma no necesita emplear mucho tiempo en ella misma? Se están quejando de algo que siempre existió en el otro, sólo que jamás se detuvieron a analizarlo.

Las señales siempre estuvieron, solo tenían que saber leerlas. Y así se embarcaron en un viaje hacia un mundo que creían conocer.

¿Por qué las mujeres se enamoran de un salvaje jabalí y luego quieren que sea civilizado y dócil como Babe, el chanchito valiente? ¿Por qué los hombres se deslumbran con la belleza y supuesta practicidad de una mujer y creen que no emplean tiempo en producirse para estar así de espléndidas?

El problema es que no se dan cuenta de que atrás de cada persona hay como una especie de backstage, un detrás de escena que genera que la persona que están viendo sea como la ven. No por eso están durmiendo con el enemigo. A prestar atención a las señales que indican cómo es el otro. Lean la letra chica antes de aventurarse en la convivencia para no convertir sus vidas en una película de terror.