Sociedad

Educar es el camino

por Alan Laursen

31/12/2016

Ya lo dijo Confucio: “Donde hay educación no hay distinción de clases”. Sin embargo, muchas veces la educación no llega del modo que tiene que llegar a todo el mundo, aún cuando es gratuita. En esta oportunidad, Magna te trae una entrevista con Nicolás Jacobsen, un argentino radicado en Dinamarca que en su tesis universitaria realizó un interesante estudio sobre nuestro sistema educativo.

Educar es el camino

Nicolás Jacobsen se crió en la localidad de Ochandio, partido de San Cayetano, zona bien agropecuaria como tantas otras de la provincia de Buenos Aires. Su curiosidad por conocer el país de sus abuelos, Dinamarca, lo llevó a emigrar en 2003 -a sus 23 años- para probar suerte, conocer la lengua y la cultura y vivir nuevas experiencias. Finalmente se estableció allí, aprendió el idioma y comenzó a estudiar una carrera, la cual culminó con una interesante tesis sobre el sistema educativo argentino, encontrando allí no solo la posibilidad de hacer una reflexión crítica y constructiva sobre el mismo sino también descubriendo una conexión con su patria.

En esta nota hablamos con Nicolás, quien respondió nuestras preguntas con gran detalle, dándonos una visión sobre lo que fue su trabajo y estableciendo una comparación con el sistema educativo danés, donde completó su formación. Si bien se dice que las comparaciones son odiosas, en este caso solo podemos nutrirnos de una experiencia personal y de una forma cultural de ver y hacer las cosas que puede llevarnos a despertar la reflexión y vernos a nosotros mismos como sociedad y como sujetos producto del sistema educativo vigente desde otra perspectiva. 

M: ¿Cómo surgió la posibilidad de irte a Dinamarca y estudiar allí?

En primer lugar debo decir que yo no vine a Dinamarca con el propósito de estudiar, ni tampoco tratando de escaparle a la situación socioeconómica argentina de aquel momento, como muchos a veces piensan (llegué a DK en septiembre del 2003), sino con el mero objetivo de encontrar respuestas de carácter personal en lo que respecta a mis orígenes, mis ancestros daneses.

En un primer momento la meta, además de descubrir un poco más el país de mis abuelos, su cultura, su idiosincrasia, y aprender el idioma, se trató también de aprovechar la oportunidad de viajar, de conocer, de aprender, de vivir: “At rejse er at leve [viajar es vivir]”, dijo alguna vez el poeta y escritor danés Hans Christian Andersen. Por eso en los primeros seis años de estadía en Dinamarca alcancé a visitar Polonia, Inglaterra, Italia, Suiza, España y Alemania, como así también regresar de visita a Argentina en tres ocasiones.

M: ¿Cómo tomaste la decisión de estudiar y qué carrera escogiste? ¿Por qué elegiste el tema de la educación pública argentina y su implicancia y percepción social para trabajar en la tesis?

La posibilidad de estudiar surgió un poco de imprevisto, no era parte de mis planes. Para ese entonces yo ya hacía unos cuatro años que estaba en Dinamarca, había aprendido el danés, tenía un buen trabajo en un restaurante en Aalborg, donde siempre había vivido desde que llegué, había más o menos encontrado las respuestas que había venido a buscar. Pero al mismo tiempo me habían empezado a surgir muchas otras preguntas que nunca antes me había planteado antes de venir. O en todo caso, las respuestas que fui encontrando acá me fueron de alguna manera guiando de nuevo hacia mi patria. Por eso, de repente empecé a buscar la manera de acercarme nuevamente hacia Argentina. Y entonces pensé que podía encontrar ese camino a través del estudio y por consiguiente a través de un empleo relacionado a la carrera elegida.

Pero antes de poder ser admitido en UCN (University College Nordjylland), un instituto educativo de nivel terciario, tuve que aprender inglés, lo cual me demandó un par de años para alcanzar el nivel requerido. En primer momento elegí estudiar Markedsføringsøkonom, una carrera de dos años de duración, una especie de marketing, pero no necesariamente ligado, o exclusivamente sujeto al ámbito de promoción publicitaria, sino más bien con un carácter administrativo, comercial, o investigativo con el objetivo de desarrollar estrategias para una empresa o un producto, encontrar un mercado, o canales de distribución, etc. El fin era encontrar trabajo en una compañía que llevase adelante actividades comerciales en o con Argentina. En el lapso de esos dos años tuve la oportunidad, a través de mi estudio, de ir a Irlanda para hacer investigaciones de mercado para una empresa danesa que producía mermelada, y más tarde realicé una pasantía durante un par de meses en una compañía incubadora de emprendimientos en Ohio, Estados Unidos. Luego, al finalizar, decidí continuar un año y medio más y alcanzar el grado de Bachelor en International Handel & Markedsføring, algo así como Comercio Internacional y Marketing, dentro del cual yo elegí una especialización enfocada hacia países en desarrollo, lo cual me dio la posibilidad de interiorizarme en asuntos relacionados con África y viajar a Tanzania para realizar un relevamiento de posibilidades comerciales en dicho país que pudieran ser de interés para las empresas danesas.

Pero con el transcurso del tiempo, y sobre todo a través de mi interiorización en África, y más precisamente durante mi estadía en el mencionado país, y al ir observando ciertas similitudes entre las problemáticas sociales, políticas y económicas del continente africano con sus semejantes en América Latina, empezó a despertar en mí un deseo de interiorizarme más en aspectos sociopolíticos y socioeconómicos relacionados con Latinoamérica, y no sólo en aspectos de carácter pura y exclusivamente comercial. Por eso, al finalizar mi Bachelor, decidí hacer una Maestría en Relaciones Internacionales y Desarrollo con especialización en Asuntos Latinoamericanos (MSc. in Development & International Relations – Latin American Affairs) en la Universidad de Aalborg. En el transcurso de los primeros tres semestres me interioricé en temas y desarrollé proyectos de estudio relacionados con América Latina en general. Pero para mi tesis final me había guardado un tema determinado de particular interés para mí por razones personales. En un principio el tema central de la investigación no estaba del todo definido y abarcaba temas como la pobreza estructural en Argentina, desigualdad socioeconómica, la educación como vía de escape de la pobreza, la desnutrición y sus consecuencias a largo plazo, entre otros temas de similares características. Finalmente, el tema específico de mi tesis fue la movilidad social en Argentina y la influencia que el sistema educativo ejerce sobre ella.

M: Y allí fue que te basaste en lo que conocías de nuestro sistema educativo…

El punto de partida siempre fue mi experiencia personal, por el hecho de no haber tenido la oportunidad de estudiar una carrera universitaria en mi propio país. Esa oportunidad la encontré -luego de una larga travesía- en otro país, que no era el mío sino el de mis abuelos, y en el cual primero tuve que aprender dos idiomas nuevos, los cuales no fueron idiomas suplementarios como parte del currículo, sino que fueron la lengua base de enseñanza, antes de poder lograr el título de magíster.

El motivo para analizar el sistema educativo argentino y su impacto en el grado de movilidad social partió, por un lado, de las siguientes premisas basadas en la literatura teórica relacionada al tema que había encontrado previamente: 1. Existe una fuerte conexión entre el nivel de desigualdad y pobreza con respecto al grado de movilidad social. 2. Existe una estrecha asociación entre el grado de logro educativo como así también el nivel educativo alcanzado y el nivel de desigualdad y pobreza. 3. Existe una correlación entre educación y el grado de movilidad social. Y por otro lado, el motivo también se basó en lo enunciado en el artículo 14 de la Constitución Nacional, sobre todo, donde se menciona el derecho de todos los habitantes de enseñar y aprender, como así también lo enunciado en el artículo 75, inciso 19 de la Constitución Nacional. Ambos ofrecen garantías desde un punto de vista institucional por parte del Estado Nacional Argentino, pero ninguno de ellos contempla las diferentes condiciones y limitaciones que cada individuo pueda tener. Por ende, decir que la educación en Argentina es para todos es una afirmación arbitraria.

M: ¿Cómo es en Dinamarca y de qué mecanismos dispone el Estado además de la gratuidad para que los jóvenes accedan a la universidad?

En un principio, la educación en Dinamarca es gratuita y de libre acceso al igual que en Argentina. Pero la gran diferencia yace en que el Estado Danés ha creado un sistema de soporte económico universal e indiscriminatorio no retribuíble, que por su abreviación en danés se lo llama SU (Statens Uddannelsesstøtte) que impide que las condiciones socioeconómicas de cada individuo en particular sean causantes de no poder acceder a la educación. De esta manera, el ingreso económico de los padres no es un factor determinante. En todo caso influirán otros factores.

Creo que deberíamos empezar a interpretar la educación como una herramienta de crecimiento. De esta manera, debemos entender que la educación es un bien común para el beneficio, desarrollo y progreso de toda la sociedad en su conjunto, y no sólo del individuo que accede a la educación. Considero que el acceso a la educación para todos aquellos que deseen formarse es más importante que nunca. El desarrollo y progreso tecnológico han hecho que los mecanismos de producción hayan ido cambiando. Por lo tanto la tecnología ha reemplazado en muchas áreas y sectores el trabajo manual y eso demanda un mayor nivel de conocimientos y capacitación para poder ocupar otro tipo de puestos de trabajo que el propio avance tecnológico genera al reemplazar el trabajo manual. Pero si el Estado no garantiza el acceso a la educación más allá del marco institucional, una gran parte de la población se está quedando sin la posibilidad de formarse de manera acorde a las demandas de la sociedad y de un mercado laboral que se transforma al ritmo del propio avance tecnológico, lo que a la larga resulta en una brecha socioeconómica enorme, prácticamente imposible de cerrarse por sí misma, dando lugar a que se gesten condiciones propicias capaces de generar desestabilidad social, económica y política.

Debemos finalmente entender que la capacidad intelectual no está sujeta al poder adquisitivo de cada ciudadano. Por lo tanto, el tener un sistema educativo, o en tal caso un Estado que no contempla las condiciones y limitaciones particulares de algunos individuos, no hace más que perjudicarnos a todos como sociedad y limitar nuestras posibilidades de desarrollo tanto sociales como económicas, tanto en el plano individual como en el colectivo.

M: Muchas veces los chicos en Argentina finalizan la escuela secundaria sin saber a ciencia cierta qué estudiar, qué es lo que los motiva. ¿Por qué crees que sucede esto? ¿Es el sistema educativo inoperante? ¿Los adolescentes daneses pasan por situaciones similares antes de estar en condiciones de ir a la universidad o tienen otro tipo de acompañamiento que los ayuda a ir mejor orientados a la hora de elegir una carrera (o de no ir a la universidad y elegir trabajar)?

Creo que mucho de esto tiene que ver con las prácticas y los hábitos culturales de cada país. En primer lugar hay que tener en cuenta que, en términos generales, la mayoría de los daneses comienza un estudio de nivel terciario alrededor de los 22/23 años de edad. A esa edad en Argentina la mayoría ya está terminando. Cuando los jóvenes daneses llegan a esa edad, obviamente ya han terminado el secundario. Pero lo que en mi opinión es crucial, es que en ese lapso de tiempo desde que terminan el secundario (alrededor de los 18/19 años) hasta que empiezan a formarse, ya sea profesionalmente o en un oficio, la mayoría prueba diferentes trabajos con el fin de ahorrar dinero para viajar por el mundo. Realmente experimentan la filosofía de Hans Christian Andersen -"viajar es vivir"-, la cual en cierta forma yo mismo experimenté y de la que obtuve redito. Cabe destacar que los jóvenes daneses obtienen la mayoría de edad a los 18 años, lo que sin duda les otorga un mayor grado de independencia y decisión sobre sí mismos mucho mayor comparado con los argentinos, quienes debemos esperar hasta los 21 años para obtener la mayoría de edad absoluta. Por lo tanto, los padres argentinos, tanto desde un punto de vista jurídico como económico, ejercen un mayor grado de decisión sobre sus hijos, quienes por el contrario, probablemente experimenten un mayor grado de dependencia y presión a la hora de tener que optar por algo de manera inmediata. Considero que esa combinación de probar y ver de todo un poco antes de comenzar a formarse educacionalmente hace que uno tenga una plataforma más sólida para tomar una decisión con respecto a lo que a uno le gusta y termina eligiendo como oficio o profesión.

En cuanto al sistema educativo a nivel secundario, existen diferentes alternativas temáticas como puede ser la de orientación común o más general, el comercial, o el técnico. Sin ser idéntico, la oferta educativa del sistema danés, en lo que a diferentes orientaciones se refiere, se asemeja de alguna manera al sistema argentino. Personalmente nunca he estado de acuerdo en que los colegios secundarios intenten guiar a los estudiantes en una dirección determinada, aun cuando estos expresen gustos o tendencias hacia un sector específico. Pienso que la razón que yace detrás de esa política educativa sólo responde a urgencias económicas, más que a consideraciones pedagógicas.

Creo que los jóvenes daneses pasan por situaciones similares antes de llegar al nivel terciario. Pero tengo la impresión que la incertidumbre de haber elegido lo correcto o no, es menor. De todos modos creo que eso se debe más a esa pausa que realizan entre el secundario y el terciario, y lo que realizan y experimentan durante la misma. Es por eso también, como mencioné antes, que no soy adepto a que el secundario intente guiar a los estudiantes en una dirección determinada. Durante la adolescencia son muy pocos quienes realmente saben qué quieren. Es un periodo de reconstrucción personal y redefinición de personalidad e identidad.

M: En cuanto a la movilidad social que -en teoría- te da la educación superior. En Dinamarca, ¿la educación universitaria te la asegura? Claro que la definición de “movilidad social” puede ser muy diferente desde la perspectiva de un argentino y de un danés.

Prefiero utilizar el término “educación” en un sentido más general y no limitarme a la educación universitaria. Tampoco diría que asegura, pero sí que brinda la posibilidad de lograr movilidad social, porque creo que depende mucho de cada individuo y las circunstancias de las que provenga. De repente un individuo que provenga de una clase socioeconómica media-alta y se forma al mismo nivel que sus padres, lo más probable es que dicho individuo se mantenga en el mismo estrato social. Pero si un individuo proviene de una clase socioeconómica baja, la probabilidad de ascendencia seguramente será mayor.

Debemos entender la movilidad social (desde una perspectiva teórica) en términos económicos, es decir, si uno empieza a obtener un mayor ingreso económico, uno comenzará a moverse hacia un estrato socioeconómico más alto. Y uno de los factores que influye en el nivel de ingresos de un individuo es justamente la acumulación de capital humano, y es aquí donde la educación y el sistema educativo se tornan factores relevantes.

Dado que existen diferentes tipos de movilidad social, en mi tesis yo enfoqué mi investigación en la movilidad social vertical, ascendente e intergeneracional. Es decir aquella movilidad social que permita un desplazamiento del individuo hacia un estrato socioeconómico más alto a través de las generaciones. Y en tal sentido, lo que busqué investigar fue qué efectos pudiese generar la educación en pos de alcanzar movilidad social o no. Y por consiguiente, si la educación ofreciese esa posibilidad, se podrían reducir los niveles de desigualdad y pobreza en una sociedad determinada.

La conclusión es que la educación en sí misma facilita la movilidad social, pero en el caso de Argentina, la estructura del sistema educativo, ya sea el propio sistema institucional, o las políticas de ayuda económica (o la escasez de las mismas) impide un mayor grado de movilidad social.

M: Habiéndote criado en una ciudad chica y agraria (San Cayetano – BA) como las de nuestra zona has tenido la oportunidad de tomar ese caso como un escenario para desarrollar tu investigación y escoger una muestra de personas del pueblo para indagar. ¿En qué aspectos fundamentales se diferencia la visión o expectativa que tiene un argentino de la educación superior y un danés en ciertas similares características? Entiendo que hay que tener en cuenta que las sociedades e historia de ambos países son muy diferentes.

Creo que en Argentina lo que se busca a través de la educación superior además de obviamente alcanzar un nivel de vida mejor, es evitar la informalidad laboral y todo lo que eso conlleva. En Dinamarca eso no es muy diferente. De todos modos, formarse es un poco la única vía hacia un empleo calificado. De lo contrario terminás siendo un ufaglært, que es un término que se utiliza para denominar a todos aquellos que no tienen ni profesión ni oficio. En cierta forma en Dinamarca se refleja claramente el hecho de que el sistema educativo establecido, a través de su sistema de credencialismo, se auto-justifica y mantiene el monopolio como formador educativo. Mientras que en Argentina, más allá de que el sistema también esté instaurado, aún existen caminos alternativos que escapan al sistema educativo formal para formarse. El problema es que teniendo un sistema educativo instaurado y que se auto-justifica, implica que toda vía alternativa para formarse no es reconocida como válida y por ende sufre normalmente un castigo económico que recae sobre el individuo por su incapacidad de demostrar, justamente, credenciales que acrediten sus conocimientos adquiridos. No obstante, es el Estado Argentino y por ende la sociedad argentina en su conjunto, quienes también pierden a consecuencia de esto. Independientemente de que sea corroborable o no, alguien que no pueda presentar credenciales educativas que demuestren sus conocimientos adquiridos alimenta la duda hacia sus cualidades y capacidades. Si esto lo trasladamos a un nivel macro, podría ser interpretado como que el país no tiene mano de obra calificada, lo que obviamente no da una buena imagen. La verdad es que hay mucho simbolismo en esto.

M: ¿Crees que la educación pública debería tener restricciones?

Si bien defiendo la educación pública y considero que se deberían implementar políticas de ayuda económica más expansivas para asegurar un mayor grado de accesibilidad, y así evitar que haya jóvenes que queden excluidos por razones económicas, lo cual es uno de los factores que más influye en quienes no viven en una ciudad universitaria o a una distancia accesible, considero que el libre acceso de forma indiscriminada no favorece a la calidad de lo que produce el sistema educativo, ni tampoco a un balance positivo entre productividad y eficiencia con respecto al financiamiento del sistema educativo. Porque cabe recordar que el hecho de que sea gratuito, no significa que sea gratis, sino que es financiado a través de los aportes de los contribuyentes, al menos de quienes pagan sus impuestos. Por lo tanto esto quiere decir que si muchos de los que ingresan no cuentan con las cualidades y capacidades indispensables, lo más probable es que demanden más tiempo del estimado en formarse, o en el peor de los casos nunca logren formarse, transformándose así en una carga económica para el Estado; y el Estado lo conformamos entre todos. De hecho, Argentina tiene un muy bajo grado de logro con respecto al nivel de matrícula.

No estoy diciendo con esto que se deba limitar el acceso así porque sí, sino que la posibilidad de implementar políticas económicas más expansivas que el actual sistema de becas, que favorezcan un mayor grado de accesibilidad, debe ir acompañado por sistemas de selección para evitar una sobrecarga matricular.

El sistema de becas actual favorece a muy pocos que además de demostrar severas condiciones de pobreza, deben demostrar un gran desempeño escolar/académico. Algo que por obvias razones no se da muy a menudo.

Vuelvo a repetir lo que mencioné anteriormente, la capacidad intelectual no está sujeta al poder adquisitivo de cada ciudadano. Pero el gran dilema es que el libre acceso irrestricto a la educación pública está basado en un pacto político tácito entre las clases sociales, y no en un razonamiento económico. La estructura actual tiene de alguna manera un carácter laissez-faire, que le cae muy bien a las elites y sobre todo a los discursos de los políticos populistas. Es decir que las elites tienen en su poder una serie de capitales (económico, cultural, social y educativo) que en su conjunto se lo denomina capital simbólico, y le permite a estas ejercer su poder simbólico sobre las demás clases sociales con el consentimiento de estas últimas a cambio de participación democrática y acceso a bienes comunes como la educación, pero no aclara que es sólo válido para quienes puedan pagar los costos adicionales implícitos.

Cualquier cambio que beneficiase la accesibilidad a las clases menos favorecidas, implicaría a mediano-largo plazo un desafío al status quo.

M:  El tema con la desigualdad que mencionaste en reiteradas oportunidades es muy visible en relación a aspectos de exclusión y desarrollo social, y esto se puede trasladar también al ámbito del mapa político del país si se quiere, a partir de las diferencias que existen entre las provincias o regiones de la Argentina. El rol del Estado mal orientado o inexistente en algunos casos es posible que sea el principal causante de estas diferencias. En tus consideraciones finales sostenés que es necesaria la voluntad política visionaria para lograr un sistema educativo que responda a los intereses de toda la sociedad y no a los de un sector, lo que llevaría a reducir la pobreza y la inequidad; a la vez de que hay que cambiar las pedagogías para que los menos favorecidos no queden excluidos y puedan desarrollarse. ¿Crees que estamos muy lejos de eso?

No sé si estamos lejos o cerca de eso. Pero en mi opinión, no hay demasiados indicios de que nos estemos moviendo en la dirección correcta, o en todo caso de que nos estemos moviendo. La estructura del sistema educativo y las pedagogías que se implementan siguen siendo prácticamente las mismas desde que se diseñó el sistema educativo en sus principios; integración uniforme y enseñanza simultánea. Un sistema muy anticuado para nuestra era, en la cual el concepto de inteligencia ha cambiado y se ha ampliado muchísimo. Antes sólo eran inteligente quienes además de leer, escribir y hacer cálculos matemáticos también aprendían a repetir como loros. Lo cual encajaba muy bien en un sistema de producción monótono y repetitivo que no demandaba grandes desafíos intelectuales. Hoy por hoy ser inteligente no es necesariamente saber memorizar sino que, además de saber los conocimientos básicos mencionados, es saber resolver diversos planteamientos utilizando y combinando diferentes tipos de capacidades intelectuales; y eso sólo se logra con un sistema educativo que fomente el desarrollo de la capacidad de razonar y de desarrollar un pensamiento crítico. Además el sistema de integración uniforme y de enseñanza simultánea no toma en cuenta las diferentes condiciones previas con las que los alumnos llegan a la escuela en base a su origen socioeconómico y cultural. Por ende los más desfavorecidos van a terminar siendo aún más desfavorecidos, quedando así perpetuados en el mismo estrato social. Es decir que el sistema educativo reproduce lo que ya existe, a pesar de que genere la ilusión de ser el ente facilitador de movilidad social.

En este sentido, el Gobierno nacional anterior siempre hizo énfasis en haber logrado un mayor grado de inclusión social, lo cual no es completamente cierto. Si bien es verdad que la tasa de enrolamiento en el nivel terciario pasó de un 44% a un 56% de la población con edad teórica (18-24 años) para asistir durante su periodo de gobierno, el incremento de 12 puntos porcentuales no fue mayor al de la década anterior, donde el incremento fue de unos 16 puntos porcentuales. Lo que es peor aún, no se tomó en cuenta que si bien hay más estudiantes que pertenecen al quintil más pobre con respecto a generaciones anteriores, la diferencia proporcional entre el quintil más pobre y el más rico sigue siendo la misma porque también hay más estudiantes que pertenecen al quintil más rico, y por lo tanto el incremento porcentual intergeneracional de ambos quintiles es el mismo. Por ende no hubo mayor inclusión social de las clases menos favorecidas con respecto a las más favorecidas, simplemente hubo un incremento en las cifras netas de enrolamiento como consecuencia, en un principio, de un incremento de la población con edad teórica durante la década de los '90 y cuyo reflejo tardío se hizo evidente durante la primera década del nuevo milenio. El hecho de que haya habido mayor presencia de estudiantes que provienen del quintil más pobre se debe también al aumento de la población nacional en situación de pobreza.

M: En conclusión, ¿se puede decir que el sistema educativo es totalmente inoperante?

Como mencioné anteriormente, nunca he estado de acuerdo en que los colegios secundarios intenten guiar a los estudiantes en una dirección determinada. Considero que así como el rol fundamental de la escuela primaria es el de proveer conocimientos básicos (leer, escribir, etc.), el rol de la escuela secundaria debería ser el de formar ciudadanos independientes con capacidad de razonar y desarrollar un pensamiento crítico, y no el de enfocar a los alumnos hacia un área laboral específica, cuando ni siquiera poseen la experiencia suficiente como para tomar una decisión completamente acertada acerca de un rubro profesional que en principio desconocen, o en todo caso no conocen en profundidad. Los argentinos somos muy criticones, nos quejamos de muchas cosas, pero nos falta más pensamiento y reflexión de carácter crítico tanto hacia afuera como hacia adentro. Nos pasamos la vida criticando y quejándonos de todo lo que no nos gusta o nos parece que está mal, luego nos volvemos indiferentes y desinteresados porque vemos que nada cambia, siempre esperando que los cambios lleguen de algún lado, sin darnos cuenta, o sin querer entender que del único lugar que un cambio puede llegar es, en principio, desde uno mismo. Quizás esta actitud sea un hábito malicioso que hemos desarrollado a través del tiempo como consecuencia de nuestra historia, donde el pensamiento libre y el flujo de ideas dispares fue reprimido y nos enseñaron que había quienes eran dueños únicos de la verdad absoluta. De alguna manera inhibieron nuestra capacidad de acción y de diálogo a pesar de las diferencias, que nos permita construir sobre las similitudes en lugar de dividirnos por nuestras discrepancias, y por lo tanto seguimos sumergidos en la inercia de un sistema que se reproduce tal como es, sin lograr romper ese círculo vicioso. Como la canción de Las Pelotas,“...esperando el milagro de creer que un día llenarás la fuente, cambiarás tu vida…”, seguimos esperando el milagro, lo cual me parece una actitud pasiva que nos deshace de todo tipo de responsabilidad. Ya sea responsabilidad para con la propia existencia o destino de uno mismo, o responsabilidad para con el resto de los ciudadanos o la sociedad en general.

M: Una actitud cómoda…

Sí. Seguimos esperando que alguien nos solucione los problemas. Pero el problema de estar “esperando el milagro” es que todo lo que deseamos siempre va a depender de otro y no de uno mismo. El problema de estar esperando el milagro es también que seguimos esperando acciones salvadoras, heroicas, mesiánicas de líderes oportunistas que no hacen más que sacar provecho de nuestro voto de confianza. El problema de seguir esperando el milagro es que no aprovechamos las oportunidades de ser actores y partícipes en pos de lograr lo que deseamos, y seguimos siendo espectadores de las decisiones de otros. De esta manera terminamos sin nada más que un sentimiento de resignación y actitud conformista. Votamos por el menos malo, en lugar de demandar candidatos idóneos, o exigirle a la clase política con el mismo fervor y pasión que les exigimos a los jugadores de la Selección. Terminamos diciendo “robó pero al menos hizo algo”, en lugar de demandar y condenar. Y así sucesivamente de manera infinita. Finalmente, a la hora de asumir responsabilidades, “la culpa siempre es de otro”. El electorado dice “yo no lo voté”, los políticos le echan la culpa al Colonialismo, al Imperialismo, al Capitalismo y cuanto –ismo se cruce por delante. En definitiva, argumentos desvinculantes de políticos ineptos e incapaces de abordar el desafío que significa llevar a cabo cambios radicales y retóricos, que implican asumir responsabilidades y reconocer errores. No es por nada que normalmente se dice que los electores tienden a obtener los políticos que se merecen.

Debemos entender que la sociedad es una entidad que se funda en la agrupación instintiva, podría decirse, de individuos en un entorno determinado, los cuales en pos de actividades y objetivos en común, establecen pautas y normas para así poder garantizar un cierto orden organizatorio y de convivencia. El sistema educativo, por el contrario, es una institución creada conscientemente por la sociedad con el fin de establecer un comportamiento específico en un grupo de individuos de manera tal que este refleje al de la sociedad.

Si bien no es fácil determinar quién influye sobre quien en primera instancia, es decir, si es el sistema educativo que ejerce su influencia sobre la sociedad o viceversa, existe un alto grado de influencia recíproca. La escuela es el reflejo de la sociedad, y la sociedad se refleja en la escuela. Es decir que cualquier problemática que exista en la escuela, será el reflejo de un problema existente en la sociedad. Y al mismo tiempo, cualquier problemática observada en la sociedad, se verá reflejada en la escuela.

Cuestionar la legitimidad del sistema instaurado no tiene mucho sentido, sería como cuestionar la legitimidad del Estado propio; un pensamiento un tanto anarquista. Pero lo que sí podemos cuestionar es su fin, y su funcionamiento de modo que se puedan alterar sus mecanismos de producción, de manera que este produzca, pero no necesariamente reproduzca, porque el producto del sistema educativo funda la sociedad, la cual al mismo tiempo produce el material que nutre al sistema educativo.

Cualquier medida política, social o económica que se adopte siempre va a estar sujeta a coyunturas externas, incluso en muchos casos, del ámbito internacional. Pero si realmente se desea un cambio cultural profundo, este debe verter desde adentro. Es justamente a través del sistema educativo que ese objetivo puede ser logrado, pero cabe recalcar que demanda no sólo reformas sino también tiempo.

Finalmente, mucho de esto está, de alguna manera, relacionado con el artículo 14 de la Constitución Nacional, que entiende que el individuo, como la más mínima unidad constituyente de una sociedad, está por encima de esta, y es el conjunto de individuos lo que conforma la sociedad misma, y no al revés, más allá de que exista una influencia recíproca. Por lo tanto el derecho a enseñar y a aprender, y sobre todo este último, son fundamentales para desarrollar la capacidad de razonar y de desarrollar un pensamiento crítico que convierta a los individuos en hombres libres, ya que son estos quienes sostienen y mantienen vivo al sistema y al espíritu republicano respectivamente, evitando por el contrario dar lugar a la formación de hombres-masa que propician el surgimiento de tiranos y tiranías. Es por tal motivo imperante entender la educación como una herramienta de transformación cultural, capaz de generar nuevos hábitos. Y entender también, que la democracia es una ideología muy linda, pero no funciona si la ciudadanía que la conforma y sostiene no está informada.