Cultura

El Aleph: ver o no ver, esa es la cuestión

por Martín Delfino

21/04/2014

En su cuento más famoso, Jorge Luis Borges desafía los límites entre la realidad empírica y la imaginación, ofreciéndole al lector la posibilidad de interactuar y elegir ver o no lo que el precioso Aleph tiene para mostrarle. A 28 años de su muerte, el gran escritor argentino (que, paradójicamente, quedó ciego) nos ofrece allí, en toda su dimensión, esa particular visión del infinito y la muerte, que aún hoy sigue vigente en las letras argentinas y de todo el mundo.

El Aleph: ver o no ver, esa es la cuestión
El autor desarrolla en la estructura de su cuento todo un concepto propio acerca de la metafísica y el existencialismo que tan sólo se trata de una burla al tiempo natural y al saber infinito. | Imagen: alef.mx

Poderes místicos y sobrenaturales formas de predicción (¿se anticipó a Internet?) han sido atribuidas a esta bella historia de Jorge Luis Borges, la más famosa del célebre autor de la literatura nacional. La pregunta acerca de lo que es en realidad el Aleph, ese extraño objeto-agujero negro que, en el cuento, permite al personaje Borges y a Daneri observar todo el mundo en simultáneo, ha recorrido las generaciones y disparado multitud de opiniones entre los críticos: que el autor desarrolla en la estructura de su cuento todo un concepto propio acerca de la metafísica y el existencialismo; que tan sólo se trata de una burla al tiempo natural y al saber infinito, representado con el número "álef" de origen hebreo; que la relación con "La Divina Comedia", e inclusive la acusación de plagio “homenaje” al "Canto XXVII" del texto "La Araucana" (de Alonso de Ercilla) son ineludibles e incuestionables; que Borges logra esconder tras sus líneas todo un sistema de juegos eruditos, irónicos y de lenguaje.

Sin embargo, Borges parece apenas haber respondido a una inquietud que es constante en toda su obra: la naturaleza de la vida y la muerte, el verdadero sentido de la cábala y el infinito en todas sus formas, no sólo temporal sino también espacial. La necesidad de saber, de ver más de lo que nuestra acotada realidad nos permite ver, hace explícito en Borges el placer por el conocimiento, por poseer todas las cosas, hechos, lugares y saberes tan sólo en la palma de la mano; como en "La Biblioteca de Babel", en donde descansan todos los libros escritos a lo largo de toda la historia de la humanidad.

La fuerza de la ausencia y del eterno cambio de la realidad, del cual Beatriz Viterbo ya nada sabrá jamás, despierta en ambos personajes una exagerada ambición por tenerlo todo, por poseer, apenas en un oscuro sótano, un "Aleph", capaz de proyectar la multiplicidad de realidades a la vez que se suceden en todo el globo. Lógicamente, no sólo se trata para Borges autor de un novedoso objeto científico-tecnológico, un punto ciego en el espacio (razonamiento propio del modernismo en el cual el autor escribe), sino que además es el Aleph una especie de precioso objeto filosófico, semiológico, un gran signo de interrogación que nos pregunta acerca de lo que somos capaces de ver y también de lo que se está dispuesto a ver.

La posibilidad de un nudo filosófico-tecnológico, olvidado en un sucio peldaño oscuro de un sótano de Buenos Aires, alcanza para que, en la idea de la naturaleza del hombre de Borges, el sujeto moderno, de pequeño e insignificante papel en la sociedad, se replantee su forma de vida, su cercanía a la verdad y su necesidad (o no) de saberlo, conocerlo y verlo todo al mismo tiempo.

Borges explicita, desde su visión del infinito, desde su conocida postura de erudición sublime, de conocimientos puros depurados por su propia razón, una necesidad de reír frente a la humana ironía que nos juega el destino, aquella de saber que, para poder alcanzar a conocer todas las cosas, para vivir todos los tiempos, todas las épocas y acciones, necesitamos de un tiempo también infinito, eterno, del cual bien sabemos que no disponemos.

“Traté de razonar. -Pero, ¿no es muy oscuro el sótano?

-La verdad no penetra en un entendimiento rebelde. Si todos los lugares de la tierra están en el Aleph, ahí estarán todas las luminarias, todas las lámparas, todos los veneros de luz.

-Iré a verlo inmediatamente.”

                                                                 Jorge Luis Borges. El Aleph (1957)