Somos Raros

El difícil arte de ser yo

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19/03/2015

El difícil arte de ser yo

Las manzanas de la verdulería no son todas iguales, aunque el conformismo de muchos así las haga parecer. La autora nos cuenta cómo se las arregla para hacer que las personas deseen renunciar a su trabajo cuando la ven llegar.

Por Bárbara Schtirbu

Tengo un don: si un envase dice “Abra por aquí”, yo lo abro por el otro lado. Si el cartel dice “No tocar", yo toco. Si dice “No cargo SUBE”, yo pregunto si cargan SUBE.

Me  autodefino como COMBATIENTE DEL SISTEMA. Mis amigos me definen como ROMPEBOLAS DEL SISTEMA.

Voy por la vida cambiándole el humor a la clase trabajadora. Hay locales en los que me ven llegar y los empleados se miran. Comienza un diálogo silencioso entre ellos que yo interpreto perfectamente:

-Atendela vos.

-No, atendela vos.

-Yo me la fumé ayer.

-Y yo me la fumo día por medio.

-Vos te podés buscar otra cosa, yo tengo dos pibes.

Soy comienzo de enfisema.

"Yo cuando voy a Starbucks me cobro por todo lo que me debe la vida". | Imagen: elitedaily.com

Colectivo:

-Yo: $3 por favor.

-Chofer: ¿Hasta dónde vas? (Me cagó la vida)

-Yo: Hasta Córdoba y Corrientes.

-Chofer: Córdoba y Corrientes son paralelas.

-Yo: Siempre me bajo ahí.

-Chofer: -Silencio-

¡Bueno sí, miento, me descubriste, cobrame $1000 hasta donde se te cante y la vía, la que te parió!

Verdulería:

-Yo: ¿Me das esas que son más grandes?

-Verdulero: Son todas las manzanas iguales (a mí con esa no me corren).

-Yo: No, esas son más grandes.

-Verdulero: No se puede elegir, toca lo que toca.

Ah, bueno, lo que me faltaba, “toca lo que toca”. Habla como si las manzanas fueran un legado genético: “No pude elegir, me tocó este nazo y estas manzanas”. “No pude elegir, me tocó la pelada de mi viejo y estas manzanas”. ¡Pará un poquito!

Para mí esta suma de pequeñas malas voluntades del comercio minorista te hacen más amargo el día. Se van juntando y ya para la noche estás con una baja de glucosa anímica que no levantás ni con tres Fantoche juntos.

Conformismo

Nunca voy a poder entender a la gente que “le da lo mismo”. No es que siempre lo digan con palabras, pero lo demuestran con actitudes carentes de guerrilla. Es decir: “No te discuto nada”.

Ejemplos de todos los días: la chica lleva un regalo. Le pide a la cajera si le puede poner un moño a la bolsa. La cajera le dice que no porque hay mucha gente. La chica dice: “Ah, bueno”. Yo diría “Ah, bueno, dejame hablar con la encargada de la tienda” o “Ah, bueno, yo distraigo a la gente, vos poneme el moño en la bolsa”.

He visto a personas mandarse una pechuga cruda para no joder al mozo. ¡Dejate de joder vos! Caer en coma 4 por una salmonella no es molestar al mozo, es conservar la vida.

Esto es molestar al mozo:

Resulta que me gusta comer las cosas a temperatura “CREMACIÓN”. Todo lo que no largue humo y tenga comienzo de chispas al lado, para mí está frío. Para que se den una idea, yo caliento la lechuga. Se complica en un restaurante. Intento ponerle onda, meterle humor y se lo explico al mozo haciéndome cargo de que tengo problemitas. Le pido disculpas por anticipado: “Hola sí, disculpá pero te voy a molestar un poco, jaja, porque soy medio loca con esto, jaja. Te pido que  la tarta esté caliente al punto que largue fuego y que te quemes las manos cuando la traigas, jaja.”

Los “jaja” no funcionan. El que me toma el pedido nunca se ríe. Sin excepción, todos se me quedan mirando y acto seguido van a la cocina y le comentan algo al cocinero. El cocinero relojea para mi mesa, y yo le pongo cara de culo. Tensión inmediata. Nos odiamos. El mozo vuelve. Yo toco la tarta con un dedo (sin impunidad). No hace falta decir nada. Miro al mozo, el mozo vuelve a llevarse el plato. La segunda vez hay un intento de calor, pero no es suficiente. La tercera veo venir una cortina de humo y llamas, detrás de eso el mozo incendiándose y en cámara lenta veo llegar al cocinero apagándole el cuerpo con un extinguidor. Una imagen hermosa. Ahí me quedo conforme con mi tarta carbonizada.

Mi broche de oro es Starbucks. Me sorprende no haber recibido una carta documento intimándome por corrupción de locales. Reconozco que abuso de la hospitalidad formato yankee.

Yo cuando voy a Starbucks me cobro por todo lo que me debe la vida.

El que me atiende traga saliva:

“Hola, ¿qué tal? Te pido un Americano grande cortado con leche descremada caliente a 82 grados, con un sólo shot de café descafeinado mitad y mitad, y te pido si la leche puede ser espumosa pero que no ocupe todo el vaso la espuma. Aparte te pido un poquito más de leche en otro vasito, descremada también… es por si está muy fuerte y una cucharita de plástico porque con el revolvedor de madera no puedo levantar la espuma. ¿Le podrás poner doble cartoncito para no quemarme? ¿Necesitás que te repita? ? ¿Querés que lo haga yo?

Sé que un día en lugar de escribir “Bárbara” en el vaso van a poner “Hija de puta” y van a renunciar.

¿Ustedes pensaban que eran gente complicada? ¿Alguien que me supere?