Cultura

El efecto Poe

por

04/02/2014

El efecto Poe

Edgar Allan Poe fue uno de los escritores norteamericanos más importantes e influyentes de la historia. Pese a impulsar, desde sus ensayos, la necesidad de una escritura literaria efectista y la incomprobable creencia de que una literatura per se (sin contaminaciones subjetivas del autor) era posible, Poe imprimió en cada una de sus líneas una carga emotiva que mucho tiene que ver con el trascurrir de su propia vida y que, en definitiva, lo alejan como creador de esa idea de literatura resultadista y sin moralejas que intentó forjar.

Por Martín Delfino

"Mi vida ha sido capricho, impulso, pasión, anhelo

de la soledad, mofa de las cosas de este mundo;

un honesto deseo de futuro". - Edgar Allan Poe -

Nacido en Boston en 1809, vivió apenas 40 años, los cuales le alcanzaron sin embargo para construir, desde su particular visión de la naturaleza humana, un estilo único e incomparable. Capaz de abarcar distintos géneros, entre los que destacan el terror, el suspenso y el detectivesco, la mayoría de los cuales serían un boom años después, se lo considera fundador del género policial con “Los crímenes de la calle Morgue”, y el impresionante “La caída de la casa Usher”, pieza maestra del terror gótico (“La Gioconda de Poe”, según Julio Cortázar, gran estudioso y traductor de su obra), está considerado uno de los mejores cuentos de toda la literatura.

Aunque se encargó de pregonar en vida un estilo literario per se, desprovisto de juicios personales, sentencias o moralejas, y se enfrentó por este motivo públicamente con Nathaniel Hawthorne (a quien acusaba de “poco original” y sólo le reconocía la grandeza de su cuento “Wakefield”), Poe demuestra en cada una de sus historias un estilo propio, nítidamente definido y reconocible a leguas por el lector.

El temperamento de Edgar Allan Poe le permitió enfrentarse con frecuencia al conservadurismo literario de la época. | Imagen: otroextranodia.wordpress.com

Su vida, además, había sido un permanente tormento, lo cual se ve reflejado en la mayoría de sus cuentos: de familia pobre, prontamente quedó huérfano y fue adoptado; rechazado luego por su padrastro (John Allan, de quien toma el apellido), con quien estuvo enfrentado hasta la muerte; alcohólico, opiómano, viudo y enfermo, la influencia de su tragedia personal es notoria en algunos cuentos como “Ligeia”  o “Eleonora”, en los cuales denota un dolor profundo frente a la pérdida de su madre y más tarde de su propia esposa Virginia, y trata uno de sus temas predilectos: la muerte.

Pero tal vez haya sido Poe, desde su destacada actividad de crítico literario, quien por primera vez en la historia concibió al lector como un sujeto racional, que se mueve dentro de un sistema receptivo propio, expectante, a la espera de un efecto catártico proveniente de la misma obra. El autor de “La verdad sobre el caso del señor Valdemar” afirmaba que la narración debía poseer un carácter netamente efectista, que generara una exaltación literaria y que contara algo verdaderamente original y nuevo para el receptor. Esta concepción particular de Poe le trajo enfrentamientos varios con los intelectuales y conservadores de la época, quienes lo acusaban de querer desacreditar aquello que hasta entonces se consideraba “buena literatura” en plan de querer ubicar el efectismo, que notoriamente propulsaba también desde sus líneas, dentro del canon literario ya establecido y alejado históricamente del ámbito popular.

La atmósfera narrativa sobrecargada, la característica ambientación lúgubre de sus historias, su personalísima concepción acerca de lo más sombrío y recóndito del alma humana y el sobrecogedor lucimiento estético de algunos de sus escritos (también criticado frecuentemente por sus contemporáneos más módicos), lo sitúan actualmente entre los autores más populares y bien ponderados de todo el ámbito literario.

Irascible, rebelde sin causa por excelencia de la literatura moderna, el temperamento de Edgar Allan Poe le permitió enfrentarse con frecuencia al conservadurismo literario de la época, contra quienes cargó las tintas en sus artículos y quienes a su vez destrataron públicamente su obra hasta el final.

Murió en la más baja miseria, desprovisto de juicio, perdido en su propia locura y víctima de la impiadosa burocracia social, que embriagaba pobres para que votaran varias veces y luego los abandonaba en la calle, tal como se lo halló, inmerso en una pesadilla y vestido con una ropa que no era la suya. En el mundo de la literatura, que tanto lo maltató en vida, sin embargo, el efecto de su obra hoy parece interminable, y es con frecuencia mencionado como maestro de todos los grandes escritores que vinieron después de él. Su aporte, su existencia solemne y su talento innovador y único lo sitúan entre los escritores más importantes de todos los tiempos.