Sociedad

El llanero solitario o no me importa lo que piensen de mí

por Ana Virginia Lona

11/05/2015

¿Alguna vez hemos salido a trabajar en pantuflas y ropa interior? ¿Alguien pensó que sería más práctico salir desnudos para acudir a una cita romántica?

El llanero solitario o no me importa lo que piensen de mí
La representación social imaginaria que tenemos de nosotros mismos como llaneros solitarios autocreadores de nuestra identidad es una creación ficticia.

Tendemos a crear una puesta en escena en la que tenemos el rol cuasiheroico de la historia de nuestras vidas. Adoptamos una actitud considerada “rebelde” ante variadas situaciones, que es fomentada en la sociedad como signo de una personalidad independiente e inteligente.

Por lo tanto, dar cuenta de la mirada del otro se convierte en un claro signo de debilidad y, obviamente, de una sórdida dependencia del otro. Nos enseñaron a repetir hasta el cansancio “no me importa lo que piensen de mí…” cuando nos comportamos de tal o cual manera.

Debemos actuar en la vida social como si la mirada del otro no nos atara y construimos estereotipos a los que no consideramos como tales, sino más bien como creaciones originales de nosotros mismos en distintas situaciones.

La mayoría de estos estereotipos se reflejan en la apariencia: un peinado, color o corte poco común, un estilo de pantalón inusual o una actitud que rompa alguna de las normas y estilos que predominan en nuestra cultura como hablar en un tono más alto o, por lo contrario, no hablar; mirar de cierta manera en los lugares en que tales miradas no se permiten, entre muchos otros comportamientos que los que participamos en una misma cultura reconocemos rápidamente como inadecuados o no.

Hablar de cómo nos afecta la mirada del otro es tabú. Se considera que una persona que diga que la mirada del otro no la afecta es una capaz de autocrearse por sí misma como si surgiera de la nada misma, sólo ligada a un deseo íntimo, único e irrepetible en el que el juicio del otro no tiene absolutamente nada que ver.

Todo esto suena épico, ¿verdad?

Otredades y otras yerbas

El comienzo de la toma de conciencia de nosotros mismos es bastante incierto e improbable, a menos que podamos construir ahora mismo una máquina del tiempo.

Desde el momento en el que comenzamos a tener conciencia de nosotros mismos, nos hemos encontrado con el otro. Éste es ajeno a mí, la otredad se da con esta condición previa (Barei: 2008). Necesito un “otro” para encontrarme con un “yo”.

El otro siempre estuvo, estará y está ligado a un “yo”. Su mirada es nuestra mirada y viceversa. El otro puede ser un “ellos” que se opone a un “nosotros” (Augé: 1992); El “yo” es posible porque hay un otro (Bajtín: 2000). Por lo tanto, el otro adquiere rasgos especulares. Me reflejo en el otro para configurarme a mí mismo.

La representación social imaginaria que tenemos de nosotros mismos como llaneros solitarios autocreadores de nuestra identidad es una creación ficticia que intenta negar la existencia del otro en nuestras experiencias, así como también en la mirada hacia nosotros mismos. Esa suerte de fe en la independencia total de la mirada y el juicio del otro que reacae sobre uno mismo suele ser una forma de eludir una parte crucial de nuestra naturaleza. Una que nos permite sobrevivir.

Hay discusiones en cuanto a la definición de esta naturaleza social: si somos animales sociales como lo planteó Aristóteles y la tradición que lo secundó o si somos animales “contractuales” -ni sociales, ni solitarios- sino animales racionales que buscan un consenso social como lo planteó Ayn Rand1, idea que tomó de Thomas Hobbes, John Locke, Jean Jacques Rousseau e Immanuel Kant. Por su parte, Ernst Cassirer dijo que el humano es un “animal simbólico” ya que nosotros vivimos en una “dimensión de la realidad” sostenida por símbolos2.

Se podría decir que hemos creado el mito del humano solitario, el que se crea a sí mismo constantemente.

Nos hemos convencido de que el mundo nos necesita pero nosotros al mundo, no. Nos hemos erigido como superhéroes solitarios que nos autoconstruimos sin necesidad de nadie más. Afirmamos fírmemente que nuestros actos y pensamientos tienen un único origen: nosotros mismos. Sin embargo, la historia de nuestras experiencias es totalmente diferente. Ellas son lo que son porque nuestro yo ha interactuado con otro con diversas consecuencias para los dos.

A mí sí me importa lo que los demás piensan de mí

Comenzar a experimentar la vida con la conciencia de que el otro es partícipe en la configuración de nuestras experiencias constituye un acto de “proyecto de autonomía” (Castoriadis, 1986) que implica dar cuenta de nuestras limitaciones al mismo tiempo que, al conocerlas, podemos sobrepasarlas.

Se trata de un “proyecto” que nunca podrá realizarse del todo porque nunca podremos deshacernos de todas las representaciones sociales que dan sentido a nuestras vidas y construyen la realidad en la que vivimos.

Autoreconocerse en el otro y admitir que somos dependientes de nuestro semejantes nos permite poder buscar otras formas más beneficiosas de interrelacionarnos. Esto puede ayudarnos a generar espacios y acciones que permitan experiencias menos destructivas para la vida y el medio ambiente.

Asumir que la mirada del otro me afecta es asumir que estamos ligados unos con otros para sobrevivir. Este acto de dependencia del otro no es el fin del “yo” como relata el mito del llanero solitario sino que es una parte de nuestra naturaleza social.

Deberíamos poder sacarnos de encima relatos de nosotros mismos como héroes solitarios que no son más que construcciones ficticias de exigencias coyunturales, productos de una sociedad capitalista que necesita que todos finjamos ser generadores de novedades, potenciales productos para ser vendidos como originalidades.

Notas

  1. Contemporary Approaches to the Social Contract
  2. Cassirer, E. p. 7-10

Bibliografía

Augé, M. (1992). "Los no lugares". Espacios del anonimato. Editorial Gedisa, S.A.

Bajtín, M. (2000). Yo también soy (Fragmentos sobre el otro). Taurus, Alfaguara, México.

Barei, Silvia N. (2008). "El otro en clave retórica", en Barei, S. y Leunda, A. I.

Pensar la cultura III: retóricas de la alteridad, Córdoba, Grupo de estudios de retórica, Colección Cuestiones retóricas.

Cassirer, E. (1994). Antropología filosófica. Introducción a una filosofía de la cultura. Fondo de Cultura Económica. México.

Castoriadis, C. (1986). Los dominios del hombre. Las encrucijadas del laberinto. Gedisa editorial, España.