Sexo

El príncipe azul en el siglo XXI

por Natalia Coderch

28/02/2013

El hombre nace con la primitiva idea de “darle” a todo lo que camina, así como una suerte de cazador furtivo en búsqueda del alimento. La mujer, en cambio, nace con la idea de que su virginidad es “un bien preciado” y que tiene que aguardar a que el príncipe azul la desflore como a una margarita.

El príncipe azul en el siglo XXI

Cuanta antigüedad en estos pensamientos y cómo han cambiado los tiempos. La mujer ya no es aquella doncella a la espera del príncipe azul y el hombre no es aquel cazador furtivo que solía ser, así como tampoco el sexo es algo que sucede puertas adentro únicamente.

Ni la mujer se queda en la casa, ni trabajar es función exclusiva del hombre. Los roles han cambiado tanto que la mujer ya no espera más. Sale en búsqueda de lo que quiere y no guarda nada para nadie. Llega el fin de semana acomoda sus lolas dentro de un sostén media tasa o push up para tener la mercadería bien firme y servida en bandeja, se aprieta en una entallada y escotada remerita, se calza el pantalón más ajustado que encuentre, de manera tal de que parezca que se lo cosieron puesto, y sale al ataque. La salida elegida y predilecta para mujeres solteras de joven y mediana edad: el boliche.

Decidida entonces a llevarse el mundo por delante junto con su grupo de amigas, menea su cuerpo provocativamente y se exhibe, se ríe de cualquier cosa y mientras hace ese ritual pispea el stock masculino. Va y viene varias veces por el mismo lugar a ver si hay pique, pero no hay caso. “Son todos feos chicas, no hay uno que zafe” es el comentario. Pero la noche avanza y con ella las copas vacías se empiezan a juntar.

“¿Viste ese bombón que está parado en la barra?” A lo que su amiga responde: “Ese es el que recién me dijiste que era más feo que pisar caca descalza”. Pero el alcohol en sangre genera distorsión de la realidad y haciendo oídos sordos a lo que su amiga dijo, y haciéndose también la que no recuerda haber dicho eso de ese “Donjuán”, cual depredador al ataque, se acerca a aquel galán solitario parado frente a la barra. Trago va, trago viene, conversación banal y “voilá”: quien a la mirada sobria era un adefesio terminó siendo el “príncipe encantador.”

Tanto ha esperado la mujer al príncipe azul a lo largo de la historia que terminó por aburrirse al ver que no existía ni jamás iba a llegar subido a su corcel para rescatarla de una vida de sumisión y fregado que no le quedó otra opción que salir en su búsqueda. Históricamente las damas vivieron y evolucionaron siempre con una idea fija en la cabeza: todo hombre que ve es un potencial novio y futuro marido y no hay uno que no resista etiquetas y rótulos. Desde este chico “es un tiro al aire, sólo sirve para pasar un rato”, o “este chico es serio, caballero, y aburrido, da para marido, pero te divorcias a la semana porque es un embole”, hasta “este chico es lindo, divertido, trabajador, me trata bien, pero algo debe tener porque tiene más de 30 y sigue soltero”. No hay un hombre que te calce como anillo al dedo, todos tienen defectos y si no los tienen se los inventas. Lo cierto es que seguís saliendo e intentando encontrar esa persona que en tus sueños de la infancia te calzaba el zapatito de cristal y te llevaba a su palacio para ser felices para siempre.

En la actualidad, lo más cercano al príncipe azul es un hombre bien vestido con buen trabajo y un buen sueldo que te pase a buscar en su auto deportivo. Una persona que te haga sentir querida, deseada y que te malcríe como si fueras una nena. Alguien a quien le hagas estallar la tarjeta de crédito y llenes el baúl del auto de bolsas de las grandes marcas. ¿Sexo? ¿Acaso importa? Si después de recorrer el shopping vas a llegar exhausta y ni hablar de que en la previa se te puede arrugar la ropa o peor aún, que se te salga alguna extensión.

Pero sigamos con la eterna fantasía de las mujeres acerca de este hombre “ideal”. En la cama claro está que en tus más remotos sueños este príncipe azul puede ser lo más versátil del mundo según tus estados anímicos. Un tigre cuando estás hecha una fiera, un dulce cuando estás sensible y un trabajador incansable por horas cuando estás en vaga y egoísta. Un as que se dedique a recorrer tu cuerpo sin reparar en cicatrices, celulitis, adiposidad, arañitas y varices y que te vea hermosa ya sea a la luz del sol o a la luz de la luna.

¿En síntesis? Un elemento poco común de encontrar, porque es un personaje salido de un cuento. Mujeres: a no engañarse más con la falacia del “príncipe azul”. Qué tan importante es el color si el amor es ciego, la calentura aún más y si de pasar un buen momento se trata, cualquier sapo termina convirtiéndose en príncipe. ¿No escucharon nunca acaso la frase que dice: “hay que besar muchos sapos antes de encontrar al príncipe”? A no perder las esperanzas Kates del mundo, y sigan tomando cartas en el asunto que a todas les llega su William.