Sociedad

El tiempo vuela

por

22/09/2015

El tiempo vuela

Gran parte de los comentarios cotidianos, especialmente en diciembre, hablan de lo rápido que se pasó el año -“como un suspiro”- y de cómo la falta de tiempo nos impide hacer cosas (o nos viene bien de excusa). ¿Quién entiende que -paradójicamente- nos falte el tiempo cuando hay un montón de posibilidades tecnológicas y legales que podrían ayudar a que nos sobre? En Magna te invitamos a reflexionar y a debatir -por qué no- qué es lo que hace que vivamos con la sensación de que el reloj va más rápido que nosotros. ¡No pierdas el tiempo y entrá!

Por Alan Laursen | alaursen@revistamagna.com.ar

Una popular frase que circula por las redes sociales reza: "No existe falta de tiempo, existe falta de interés. Porque cuando la gente realmente quiere, la madrugada se vuelve día. Martes se vuelve sábado y un momento se vuelve oportunidad". Le concedo un alto grado de verdad en tanto que quien en verdad quiere hacer algo encuentra el tiempo para hacerlo. “No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy” y “Querer es poder” pueden ser también dos citas para relacionar.

Aunque el tiempo vuele, no debemos olvidar pilotearlo. | Imagen: instagram.com/culturainquieta

Pero la intención de la nota no es hacer juicios de valor sobre la holgazanería de nadie ni incentivar a la autoayuda (aunque si ayuda, bienvenido sea). En estos tiempos el “no tuve tiempo” o directamente “no tengo tiempo” es la excusa más escuchada a la hora de justificarse y por más excusa que sea no deja de ser cierto que todos andamos acelerados, sobrecargados y nunca tenemos el tiempo suficiente para hacer lo que nos gusta. O quizás es que no nos buscamos el tiempo y nos dejamos avasallar por las presiones de la sociedad moderna, el trabajo y la familia y postergamos todos aquellos momentos que ansiamos disfrutar. O bien, damos prioridad a muchas cosas y en 24 horas no podemos llegar a realizar todo lo que deseemos por más que lo intentemos.

Hoy en día también es muy común escuchar que el tiempo vuela, que el año pasó muy rápido -“parece mentira que ya estemos a mitad de año, cuando te querés acordar son las fiestas”- y que tenés la sensación de que fue ayer cuando te graduaste y ya pasaron 10 años (guiño a mi experiencia personal, este año cumplo 10 años de egreso de la secundaria). Estimo que la cantidad de estímulos mediáticos y tecnológicos que utilizamos fomentan el que sintamos que el tiempo pasa volando, especialmente en el día a día.

Muchas distracciones nos hacen perder la noción del tiempo y nos damos cuenta de que esos momentos se pierden y no se disfrutan con la calidad que ameritan. Que se te pase el tiempo volando charlando con amigos o haciendo lo que te gusta deja una sensación más placentera que haberte quedado colgado en la compu.

Pero, ¿por que nos falta el tiempo? Antes en los campos, por ejemplo, una tarea llevaba mucho tiempo y requería de la atención de varias personas durante días. Tareas que hoy se hacen entre una o dos personas con mucha menos demora. La actividad de ama de casa en la antigüedad insumía muchísimas más horas que en la actualidad y además era mucho menos flexible (¿cómo una mujer, un par de décadas atrás, iba a dejar los platos sucios antes de salir?). Es cierto que ahora la mujer trabaja afuera y que han cambiado los roles familiares, pero en un mundo en donde las máquinas hacen gran parte de la labor -lavaropas, lavavajillas, secadoras- o reducen el tiempo de trabajo (batidoras, procesadoras, horno microondas, y la lista sigue), y donde las comunicaciones son instantáneas y hay muchos más servicios que antes, que no tengamos tiempo parece ser una paradoja. Sin contar que el abastecimiento de alimentos ahora se centra en tal vez un par de negocios, que hay alimentos que ya vienen casi hechos y que existe la compra por internet y el envío a domicilio.

Siempre da la impresión de que antes, pese a la montaña de tareas, la gente vivía una vida más sosegada, el tiempo pasaba más lento y las personas estaban menos estresadas (tal vez por tener la mente más ocupada). Había muchos menos avances en la medicina, la muerte era algo mucho más presente (y solemne) en la vida cotidiana, la rutina era más dura, pero la comida en familia y la misa del domingo eran sagradas. Lejos estoy de querer hacer una nota nostálgica y reivindicativa del pasado, desde ya. Solo me motiva la duda que me asalta, esa pregunta a la que no puedo encontrar una respuesta del todo concreta para entender cómo a mayor cantidad de soluciones y de ofertas de hacer todo más rápido y eficiente, hay menos tiempo en la vida de la gente. Casi me recuerda -en tono humorístico- al personaje de Violeta Urtizberea en Viudas e hijos del Rock and Roll, una ignorante y hueca chica de alta sociedad, criada en un mundo de lujos y sirvientes que no hacía nada en todo el día más que comprar en el shopping, y no obstante vivía estresada y sobrepasada por los temas más inverosímiles.

Aunque si lo pensamos desde el lado de la abundancia/carencia de bienes y recursos económicos, las personas de clase alta del pasado llevaban una vida ociosa o se dedicaban a hacer lo que les gustaba sin tener que preocuparse por asuntos más domésticos, que recaían en el ejército de sirvientes con el que contaban e indirectamente en manos de la masa de gente que trabajaba de sol a sol. Hoy gran parte de la sociedad trabaja solo unas ocho horas, tiene familia y acceso a mayores comodidades pero no encuentra su momento, su tiempo.

¿Será cierto entonces que el tiempo está pasando más rápido? Dicen que con la edad la percepción del tiempo cambia y parece ir más aprisa, como granos de arena que se escurren entre las manos (sí, como el dinero en estos días también). Sin embargo hay quienes afirman que el tiempo de duración de los días se ha reducido a 16 horas por un asunto del aumento de las resonancias de la Tierra y cambios físicos ocurridos en ella, aunque si uno busca en internet en muchos casos suena a argumentos un tanto paranoicos y conspirativos basados solo en algunos datos científicamente comprobables interpretados de modo sesgado. Está dentro de las posibilidades, aunque en mi caso me inclino a pensar que se trata de algo social, de vivir atado a tecnologías y sometidos a estímulos continuos que nos hacen vivir en un frenesí de informaciones y sensaciones, el querer todo ya, instantáneo, procesado y listo; un aceleramiento que es interno y mental más que otra cosa, aunque nos siga pareciendo increíble llegar a diciembre con esa sensación de que el año nuevo anterior fue ayer.