Sociedad

El valor cultural de la fotografía amateur

por Ana Virginia Lona

07/03/2016

“¡Cuántos fotógrafos aficionados nacieron con Instagram, por Dios!” Bah, eso creemos… ¿no será que ya existían y ahora nos parecen tantos porque se juntaron en un lugar?

El valor cultural de la fotografía amateur
Imagen: t13.cl

Compartir fotos en redes sociales enfocadas en la fotografía no te hace un fotógrafo, como tampoco tener un blog te hace un escritor. En realidad, los que comparten sus fotos -la mayoría- lo saben pero siempre que se da un fenómeno nuevo, y este implica una relativa libertad de expresión para la gente, suele minimizarsecon estas ideas de un amateurismo vacío. Sin embargo, muchas veces ignoramos las historias detrás del pasatiempo y a qué condujo éste a las personas que se sumergieron en él.

Una de las primeras ideas que surgieron cuando Instagram se hizo popular, fue que embriagaba a la gente con una falsa sensación de celebridad. Bueno, lo mismo se dice de Facebook y de Twitter. Narcisismo al 100%. Poco importan las vidas detrás de las fotos que se comparten en internet. ¿Todo es un “miren, acá estoy yo, el más lindo, el mejor” entre los fotógrafos aficionados que comparten sus fotos en internet?

Los fotógrafos que recorren lugares propios y ajenos en sus vacaciones y vuelven cargados de fotos de calles y edificios fotografiados hasta el cansancio por siglos, también participan en la conformación de una idea de los lugares turísticos y de lo que cada pueblo y ciudad ofrece. Cecilia Fuentes, en su artículo Foto-turismo: la constitución social de una mirada persistente, plantea que la foto turística funciona para corroborar lo que el lugar visitado ofrece. El fotógrafo evita las miradas que se desvían de las ya conocidas y comunes en ciertos lugares. Si se diera el caso, el que toma la foto se visibiliza, según plantea Fuentes1.

Siguiendo la línea de Fuentes, entonces, podemos decir que casi todos los fotógrafos aficionados, de alguna manera, juegan entre el ocultamiento y la visibilización como productores de las imágenes. Cuando el fotógrafo se visibiliza, ahí se pone en juego la visión propia.

Demetrio E. Brisset Martín nos recuerda en su texto Fotos y cultura. Usos expresivos de las imágenes fotográficas que “las fotografías son productos culturales, y se hallan inmersas en una cultura determinada. Y este factor cultural se debe tener en cuenta desde una doble perspectiva: en lo que se refiere a los autores, su selección de formas e ideas, y respecto a los  espectadores, las claves interpretativas que les ofrece su propia cultura.”2

Un pasatiempo no es una pérdida de tiempo

Los aficionados que muestran la pizza que se van a comer, la perspectiva visual desde su balcón, las nubes de un día soleado o cómo se ve el árbol de la plaza del barrio en un día otoñal, pueden parecernos narcisistas con propuestas vacuas porque asumimos que sólo un fotógrafo consagrado tiene el poder de transmitirnos algo. Todos somos partícipes de una cultura, formamos parte de ella, la construimos y le damos sentido, incluso el que ve la foto y piensa que es estúpido fotografiar una medialuna. 

Muchos de estos fotógrafos suelen buscar sofisticarse tanto tecnológicamente como en sus interpretaciones al elegir tal o cual elemento o paisaje para mostrar. La mirada del otro estará siempre presente y la foto, aunque comunique la mayor pavada según nuestro criterio, es eso: una expresión de algo para alguien. Un producto cultural.

Tal como lo plantea el escritor y filósofo español Josep Ramoneda en una entrevista para el diario La opinión de Tenerife, España: el amateur dedica horas a su pasión, siente curiosidad por conocer más sobre ella, su pasión es una experiencia de lo cultural sin fines de lucro. Lo que produce el aficionado a un producto cultural, como la fotografía, tiene, por lo tanto, un valor social, aporta al bagaje cultural de una sociedad. En algunos casos, esa pasión puede terminar convirtiéndose en una profesión.

Lorena, una youtuber o vloguera de Mar del Plata, quien ha vivido más de 20 años en España y después de cumplir su treintena ha vuelto a Argentina, ha utilizado la fotografía para mostrar sus paseos en los dos países. Lorena nos cuenta que la fotografía es un pasatiempo que llegó tímidamente hace unos siete u ocho años: “Fue algo que creció poco a poco. Cuando iba a hacer un trámite a algún lado, de repente se me ocurría hacer fotos de algunas cosas. Unas veces con el celular y otras con mi cámara de bolsillo. Y poco a poco se convirtió en una gran afición”.

Su mayor motivación es el disfrute, sus “ojos se transforman en un objetivo” cada vez que sale a caminar. Afirma que se convirtió “en una cámara andante” y ve “fotos donde muchos ni lo pensarían”. Lorena no ha hecho de la fotografía una profesión pero sí un pasatiempo que ha sido reconocido por algunas revistas argentinas, las cuales han seleccionado sus fotos de paisajes urbanos y naturales entre miles que participaron en concursos previos. La joven youtuber combina su pasión por la fotografía con su otra pasión, que se dio casi sin querer también pero que están relacionadas, la de videobloguera.

Mateo Lona es un joven cineasta cordobés, quien comenzó el recorrido con su cámara inspirado por la naturaleza que lo rodeaba, “buscando insectos, metiéndome entre las plantas y subiendo a los árboles”. Cuando tuvo su primera cámara de fotos, a los 13 años, los paisajes que lo cautivaron pudieron ser contemplados por otros ojos. Esta pasión por la imagen se trasladó también a los momentos cotidianos, con su familia y amigos. La cámara comenzaba a transformarse en un par de ojos que otros podían pedir prestados un rato para ver las imágenes que a él lo impresionaron.

El amor por la naturaleza lo motivó a pensar su pasión como una profesión pero también lo llevó a conocer más sobre el oficio. Así que decidió anotarse en la carrera de Cine y Televisión de la Facultad de Artes de Córdoba, Argentina. Allí, el joven realizador afirma que pudo “tener pleno conocimiento de lo que es la fotografía y el mundo que la comprende. Muchos aspectos teóricos y prácticos hicieron que cada vez quiera conocer más sobre el tema y animarme a sacar mi cámara y empezar a capturar cientos de veces hasta lograr lo que uno pretende mostrar.”

Asegura que su pasión por la fotografía aumentó conforme iba conociendo más sobre el oficio, de la fotografía fija pasó a la de movimiento. Este pasatiempo hoy lo convirtió en director de fotografía. Podemos ver lo que Mateo encontró escondido en los paisajes y los cielos que lo deslumbraron, en un largometraje llamado Lucio, del director Gabriel Galetto.

Quizás la enorme explosión de producción amateur que trajo consigo internet haya llevado a desvalorizar el rol del amateurismo en la producción cultural. Un artesano todavía tiene ese lugar privilegiado dentro de la cultura de una sociedad pero hay otras formas expresivas que fácilmente pueden digitalizarse como una imagen o un texto que sufren esta degradación por parte de la sociedad. Tal vez estamos frente a un comportamiento autodestructivo, en términos culturales. 


1. Cecilia Fuentes. Foto-turismo: la constitución social de una mirada persistente.

2. Demetrio E. Brisset Martín. Fotos y cultura. Usos expresivos de las imágenes fotográficas. Textos  mínimos. Universidad de Málaga.

3. Entrevista a Josep Ramoneda para diario La opinión.es, 2008.