Sociedad

Enemigos íntimos

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25/02/2014

Enemigos íntimos

¿Quién no tuvo alguna vez una pequeña o gran enemistad? ¿Somos el enemigo que elegimos? La enemistad es disvalor que recorre la historia, la cultura popular, la cotidianeidad… pese a su negatividad está tan arraigada a la humanidad como el amor y la empatía.

Por Alan Laursen | alaursen@revistamagna.com.ar

La amistad es un valor mundialmente apreciado. Es sinónimo de paz, amor, armonía, entendimiento, cooperación, etcétera, etcétera… Al otro lado aparece el disvalor opuesto: la enemistad.

Obviamente la enemistad con una persona no puede resultar agradable, al menos para alguna de las partes. No es una situación de la que alguien pueda sentirse orgulloso. Sin embargo, la enemistad está más presente en la vida diaria de lo que en general creemos, muchas veces impulsada desde los medios de comunicación, desde sectores políticos, desde imposiciones internacionales, y más…

Existen numerosos juegos que simbolizan la enemistad entre dos bandos. El ajedrez es uno de ellos. | Imagen: M. Martin Vicente / Foter / CC BY-NC-ND

Un interesante artículo del escritor e intelectual italiano Umberto Eco, titulado “Construir al enemigo” (2008), da cuenta de cómo las sociedades van construyendo a su enemigo asociando determinadas características físicas y/o culturales a aquellos que son objeto de nuestra enemistad, actitud que termina teniendo -tal como la historia universal lo demuestra con miles de ejemplos- consecuencias nefastas para la humanidad. El autor ejemplifica críticamente planteos de este tipo y toma el caso de la aparición de Bin Laden como un enemigo peligroso para la sociedad estadounidense y mundial, que fue sostenido por las políticas norteamericanas como leit motiv de su campaña en medio oriente, con todo el consabido condimento fatal que gira en torno al terrorismo, los ataques suicidas y el fanatismo religioso. Por supuesto, no es mi intención simplificar tanto este magistral artículo de Eco que sin dudas tiene mucha más tela para cortar.

Lo interesante de ello es pensar el por qué somos enemigos y el rol que cumple ese enemigo en nuestra vida. En parte, se podría decir tomando como base aquel viejo refrán, “dime con quién 'no andas' y te diré quién eres”. En general uno se enemista con alguien que está por lo menos “a su altura”, razón por la que seguramente le importa tanto el otro. Si parte de nuestra vida gira en torno a la enemistad con alguien o con un grupo, tenemos que saber reconocer que en algún punto él/ella/ellos/ellas son tan importantes como las personas a las que amamos. Otras veces la enemistad no es necesariamente correspondida en el mismo nivel, o incluso alguno en la contienda puede no estar enterado de aquella enemistad. Sin duda es un tema muy complejo que seguramente un psicólogo podrá explicar mejor desde el punto de vista clínico. Pero pensarlo desde el punto de vista cotidiano y social, tal como lo podemos experimentar a diario y conversar con cualquier amigo o amiga, es también lícito. Incluso en la cultura popular la enemistad es el núcleo de muchas cosas que disfrutamos a diario y con las que hemos crecido: las novelas, las historietas, las películas… en todas ellas siempre hay héroes y villanos. Todo protagonista necesita un némesis al cuál vencer y contra el que luchar. ¿Sería algo Batman sin sus enemigos? Rotundamente no, no sería nada. No tendría razón de existir.

Tendemos a trasladar nuestra cultura de la enemistad al mundo animal. Los animales no odian, el ser humano sí. | Imagen: afidalgob / Foter / CC BY-NC-ND

Rivalidad no es sinónimo de enemistad

Muchas veces la rivalidad es confundida con la enemistad cuando en realidad no son conceptos equiparables. El rival es alguien que te hace frente, que expone su juego y que permite que vos expongas el tuyo, es alguien con quien se miden fuerzas, pero no necesariamente implica que sea tu enemigo. El deporte es ejemplo de ello. El clásico River-Boca se trata de un fenómeno de rivalidad que por violencia, desenfreno, marginalidad e intereses mezquinos termina convirtiéndose en una guerra violenta, con muertes, peleas entre barras y desmanes. Lo mismo pasa en la política y en otras áreas. El tema de la enemistad es algo bastante “humano” ya que a diferencia de los conflictos animales que se sostienen desde el instinto, la enemistad humana viene mediada por la reflexión. Los animales no odian, el ser humano sí. Incluso –y muy humanamente- tendemos a trasladar nuestra cultura de la enemistad al mundo animal. ¿Quién dijo que los perros y los gatos son enemigos? El perro corre al gato como corre a un auto, a un pájaro o a una mulita en el medio del campo. También el perro puede dormir junto al gato como dormiría con su amo.  No obstante esto, desde la cultura los estereotipos alimentan estas cuestiones (con esto nos remitimos concretamente a lo que Eco sostiene respecto a la asociación de rasgos: el gato es egoísta, el perro es fiel…). Por más que los gatos y perros “rivalicen” por el espacio, sabemos perfectamente que no hay enemistad posible.

El que no está conmigo es mi enemigo

Dice Umberto Eco en una de sus páginas que “tener un enemigo es importante, no sólo para definir nuestra identidad, sino también para procurarnos un obstáculo con respecto al cual medir nuestro sistema de valores y mostrar, al encararlo, nuestro valor. Por lo tanto, cuando el enemigo no existe es preciso construirlo”.  Esto expone magistralmente situaciones de actualidad que vemos a diario, de roces y confrontaciones.  Sin embargo -y así evitamos jugar con las susceptibilidades ajenas- podemos remitirnos a momentos históricos precisos para ejemplificar. En su célebre “Facundo”, nuestro magistral escritor nacional y ex presidente Domingo Faustino Sarmiento relata -desde su visión, por supuesto- la forma de gobierno confrontativa y violenta del polémico Juan Manuel de Rosas, su federalismo y su Mazorca. En un párrafo imperdible de este libro y haciendo referencia al uso de la divisa punzó -aquella cinta colorada que todo ciudadano debía llevar como distintivo federal bajo pena de ser degollado por los mazorqueros- dice:

“La cinta colorada es una materialización del terror, que os acompaña a todas partes […] Así, en una comunicación de un alto funcionario de Rosas, he leído en estos días ‘que es un signo que su Gobierno ha mandado llevar a sus empleados, en señal de conciliación y de paz’. Las palabras  ‘mueran los salvajes, asquerosos, inmundos unitarios’ son por cierto muy conciliadoras…”

¿Sería algo Batman sin sus enemigos? Rotundamente no, no sería nada. No tendría razón de existir. | Imagen: jennyfer-lahistoria.blogspot.com.ar

Con su magistral ironía, Sarmiento hacía crítica de cómo aquella cinta y aquellas palabras inscriptas en ellas contra los unitarios contradecían todo discurso pacificador y amistoso. La idea de la que está hablando Sarmiento es justamente aquella que referíamos con anterioridad: la rivalidad y la enemistad no son equiparables. Para la lógica rosista, según Sarmiento, el enemigo (unitario) era cualquiera que confrontara con su Gobierno. No tener la cinta equivalía a no adherir al Gobierno del “Restaurador” y eso te convertía en enemigo y potencial víctima de la Mazorca. En su relato cuenta entonces que a la categoría de unitario fueron a parar no sólo los unitarios reales sino aquellos federales moderados y ex aliados de Rosas. Dentro de un concepto englobador solemos depositar allí nuestro rechazo a algo e incluso nuestras malas experiencias o nuestras desavenencias políticas. Lo cierto es que muchas veces las enemistades también son influenciadas desde factores de poder, convirtiendo en enemigo al que antes fue amigo, simplemente por dejarse llevar por odios ajenos (y no sólo pasa en la política… ¿No has sido parte o sabido de grupos de amigos o vecinos que se pelean a muerte y tratan de influenciar a otros para que también odien a su grupo oponente?). El ejemplo opuesto a todo esto es el carisma de Nelson Mandela, cuya política conmovió al mundo y convirtió en su partidario a más de un “enemigo blanco”.

En un mundo tan convulsionado como el que vivimos y sabiendo de las miserias humanas existentes, a veces es difícil ser ajeno a la enemistad. Pero al margen de que va a seguir existiendo al igual que la amistad (como un ying y yang), está en nuestro comportamiento diario inclinar la balanza más para el lado correcto y no engancharnos tanto como para volvernos como nuestro “enemigo”, sin tampoco parar de luchar por lo que creemos y dejarnos dominar.