Medio Ambiente

Energía nuclear: sus riesgos y consecuencias

por María Soledad Chiramberro

27/03/2013

¿Qué es la energía nuclear? ¿Cuáles son sus beneficios? ¿Cuáles son las desventajas? ¿Qué sucede con la energía nuclear en Argentina? ¿Cuál es el grado de peligrosidad y contaminación de este tipo de industria? Todos estos interrogantes serán respondidos en esta nota.

Energía nuclear: sus riesgos y consecuencias
Central Nuclear Atucha I.

Continuamente se habla de la energía nuclear e inmediatamente viene a nuestras mentes Chernobyl, considerado uno de los accidentes nucleares más graves de la historia, sucedido el 26 de abril de 1986. No sólo representó una tragedia a nivel material, sino que además generó uno de los mayores desastres medioambientales de la historia.

Es así que cuando se habla de energía nuclear, inevitablemente nos invade el temor por el riesgo potencial de accidentes, la generación de residuos altamente radiactivos y sobre todo, la proliferación de armamento nuclear.

Aunque parecen casi obvios los riesgos que genera el empleo de este tipo de tecnología, todavía se la quiere imponer en el mundo. Y la triste realidad demuestra que aun en los países más desarrollados la energía nuclear ha fracasado en cuanto al cumplimiento de las promesas formuladas.

Según la organización Greenpeace, “hace 50 años la energía nuclear iba a salvar al mundo. Ahora hay que salvar al mundo de la energía nuclear”.

Los beneficios que se ostentan en relación a este tipo de energía tienen que ver con su costo, su seguridad y su confianza. Pero el tiempo demuestra que nadie sabe qué hacer con la generación de residuos radiactivos que producen las centrales nucleares, ni con estas cuando son cerradas.

Puede que la energía nuclear genere menos emisiones de carbono que los combustibles fósiles, pero está lejos de ser limpia. Produce desechos radiactivos y contaminación radiactiva en todo el mundo. La energía nuclear juega con la salud de las personas y del medioambiente desde el comienzo de la cadena nuclear que se da con la extracción de uranio.

Además, con su empleo se generan decenas de miles de toneladas de desechos letales, que son radiactivos durante cientos de miles de años, ya que todavía no se ha encontrado una solución para el almacenamiento seguro de estos peligrosos residuos.

Sólo por poner un ejemplo de la peligrosidad de la que hablamos, cabe recordar que en diciembre de 2010, cerca de 30 millones de litros de desechos radiactivos de tres piletones quebrados se filtraron al medioambiente en una mina de uranio en República del Níger (África), contaminando al menos 20 hectáreas de tierra.

La energía nucleoeléctrica representa una enorme amenaza para la salud humana y los ecosistemas. Sus riesgos e impactos se extienden desde la minería de uranio, la fabricación de los combustibles nucleares, la propia operación de las plantas atómicas y la incesante generación de residuos altamente radiactivos.

La energía nuclear en Argentina: un poco de historia

En el año 1950 se crea en el país la Comisión Atómica de Energía de Argentina (Comisión Nacional de Energía Atómica, CNEA) y a partir de allí se empezaron a gestionar una serie de actividades centradas en la investigación y desarrollo de la energía nuclear, incluyendo la construcción de varios reactores nucleares de investigación.

Pero recién 14 años después Argentina empezó a interesarse en la energía nuclear realizando un estudio de viabilidad para construir una planta en la región de Buenos Aires. Así, en el año 1974 comienza a funcionar la central nuclear Atucha I, creada por empresas de Canadá y Alemania. La central se ubica en Lima, a 115 km al noroeste de Buenos Aires.

Según expertos en el tema, la decisión tecnológica para Atucha I se fundamentó en razones de estrategia de negocios de la dictadura militar, lo cual motivó la elección de la Siemens KWU para construir un reactor. Esta empresa sólo había tenido experiencia en Alemania con un prototipo de 57 MW (megavatios) que funcionó desde 1966 hasta 1984 y, posteriormente, en Atucha I.

Luego de varios estudios, comienza a funcionar en el año 1984 la central nuclear de Embalse. En 2010, se firmó un acuerdo para la renovación de la planta y para ampliar su vida útil por 25 años.

Ubicada en la localidad de Embalse (Córdoba) a 30 kilómetros de Río Tercero, es una central termonuclear de producción eléctrica. Según fuentes consultadas, debido a su capacidad de recarga de combustible durante la operación también se la utiliza para generar isótopos de aplicación médica, como el Cobalto 60.

Unos años antes, más precisamente en 1979, se proyectó una tercera central nuclear en Argentina, la llamada Atucha II. Este proyecto nace a raíz de una decisión del Gobierno argentino de tener cuatro unidades más que entraran en funcionamiento entre 1987 y 1997. También se trató de un diseño de Siemens. La construcción se inició en 1981, aunque el trabajo avanzó lentamente debido a la falta de fondos y se suspendió en 1994 con un 81% de la planta construida.

Para ese año se creó NASA (Nucleoeléctrica Argentina SA), organismo que debía hacerse cargo de las centrales nucleares de la CNEA y supervisar la construcción de Atucha II.

El diseño de las unidades de Siemens Atucha PHWR era exclusivo de Argentina, y NASA buscó la experiencia de Alemania, España y Brasil para completar la unidad. En 2003, se presentaron los planes para completar los 692 MW de Atucha II. En agosto del 2006, el Gobierno anunció un plan de Estados Unidos de invertir 3500 millones de dólares para desarrollar la energía nuclear en Argentina. El objetivo era terminar Atucha II y extender la vida útil de Atucha I y de Embalse.

Otro punto importante del plan desarrollado en 2006 fue el paso hacia la construcción de un prototipo de 27 MW del reactor CAREM, el cual en la actualidad se encuentra en etapa de pre-construcción en la provincia de Formosa.

Para los especialistas, sobre todo las organizaciones ambientalistas que se declaran en contra de la energía nuclear, Atucha II es un proyecto equivocado, de alto riesgo, muy costoso y tecnológicamente obsoleto.

Junto con el peligro que representa la finalización de Atucha II, también hay que remarcar el riesgo que implican los anuncios sobre el financiamiento del complejo tecnológico de la Comisión Nacional de Energía Atómica en Pilcaniyeu, provincia de Río Negro. Sumando a las intenciones de avanzar con la construcción de la denominada cuarta central que también se emplazaría en la localidad de Zárate.

Como decíamos anteriormente, la materia prima fundamental para el funcionamiento de los reactores nucleares es el uranio, con lo cual todos los esfuerzos están puestos en la explotación de este tipo de material.

En un artículo publicado en Prensa Libre 7 de septiembre de 2012, el Ingeniero Eduardo D’Elía, referente de la Asamblea Ambiental Río Gallegos, advierte sobre la explotación de uranio en la localidad de Las Heras, donde se encuentra emplazada la comunidad originaria mapuche Limonau. El “Proyecto Uranio Laguna Sirven” puede provocar un daño irreparable, según afirma D`Elía.

La cuestión relevante que señala el Ingeniero tiene que ver con que “el uranio es  combustible para las centrales nucleares, así como el petróleo o el gas lo es para las centrales térmicas”. De esto se deduce que si dejamos de emplear energía nuclear y la suplantamos por energía eólica (fundamentalmente en el sur de nuestro país) o energía hidráulica, la necesidad de explotar yacimientos de uranio sería nula.

Por otra parte, según publicó Greenpeace el 31 de agosto de 2012, ante la demanda del organismo, la Autoridad Regulatoria Nuclear (ARN) respondió al pedido de informes realizados por Greenpeace, FARN y Los Verdes en relación a la participación de la empresa holandesa Rotterdamsche Droogdok Maatschappij (RDM) como proveedora de la Central Atómica Atucha I.

Tal como lo plantean estas organizaciones, “si bien en su respuesta la ARN brinda la información básica reclamada, debemos señalar con preocupación que la ARN no realizó una comunicación pública transparente e inmediata del caso, lo que representa un hecho grave para la credibilidad de la institución”.

Tanto Greenpeace como FARN y Los Verdes consideran que “la sustentabilidad energética no implica únicamente el vínculo entre producción energética y medio ambiente, sino que incluye como premisa básica la idea de soberanía energética: es patrimonio de los pueblos decidir sobre su futuro energético. Esta idea responde a la construcción de un contexto de equidad en la distribución de los recursos energéticos, y de mecanismos democráticos en la resolución de las políticas energéticas”.

En este sentido, son fervientes seguidores de la desnuclearización del país y para esto afirman que deben suspenderse los proyectos de expansión de la actividad nuclear ya que son gigantescas fuentes de dilapidación de recursos económicos escasos del Estado Nacional. Esto se debe a que en la actualidad cualquier tipo de emprendimiento de estas características necesita inevitablemente del subsidio del gobierno.

Por esta razón afirmamos que la energía nuclear socava a las soluciones reales al cambio climático al desviar las inversiones necesarias para la implementación de fuentes de energía limpias, renovables y eficientes.


FUENTES: energia-nuclear.net, greenpeace.org, prensalibre.com