Vida Sana

Enfermedades psicosomáticas: cuando el cuerpo grita, las emociones hablan

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04/08/2014

Enfermedades psicosomáticas: cuando el cuerpo grita, las emociones hablan

En una época en la que reír es un deber y lamentarse un pecado, muchas veces pasamos por alto ciertas emociones. Síntomas físicos o enfermedades son un alerta para detenernos y reflexionar sobre qué nos está pasando.

Por Yasmín Jalil | Lic. en Rel. Públicas e Institucionales | yjalil@revistamagna.com.ar

Cada uno de nosotros es un conjunto de elementos y factores que se relacionan e interconectan: somos un cuerpo y somos también nuestras emociones. Estamos rodeados por un entorno, tenemos una historia y estamos condicionados por cuestiones psíquicas y sociales. Muchas veces pasamos esto por alto y olvidamos que nuestro estado de salud es afectado por nuestro estado de ánimo.

Anteriormente, la medicina se enfocaba en curar las enfermedades como un proceso independiente del paciente. Sin embargo, bajo el paradigma llamado bio-psico-social, se ha comprendido que los factores biológicos, psicológicos y sociales se condicionan unos a otros y deben considerarse en todo tratamiento. Actualmente, médicos y psicólogos coinciden en afirmar que las emociones vividas influyen en nuestro organismo y que, a la vez, la salud física condiciona el ánimo. Por eso cuando estamos enfermos nos sentimos molestos, irritables y susceptibles; y en periodos difíciles, también somos más propensos a enfermarnos.

Desde enfermedades gastrointestinales hasta picos de presión se suelen asociar a trastornos emocionales. | Imagen: virsitil.com

Ya en 1974 Alfred Adler comprobó que las células del sistema inmunológico interaccionan en forma directa con las células del sistema nervioso. Ambos sistemas se componen de células, núcleos y órganos específicos que se interconectan. El sistema nervioso se compone de dos grandes grupos de células: las neuronas, que cumplen la función nerviosa propiamente dicha; y las células de Glia, que son aquellas que actúan como defensa y sostén. Hoy se conoce como Psiconeuroinmunología (PNI) a la especialidad encargada de estudiar las relaciones entre el sistema nervioso, inmune y el endocrino; es decir entre nuestro cuerpo, mente y emociones. Ante situaciones de estrés, por ejemplo, el hipotálamo comienza a generar cortisol. Esta hormona pone al cuerpo en estado de alerta, afectando la actividad normal del sistema simpático y parasimpático. Se generan entonces trastornos de sueño, aumento en los niveles de azúcar y problemas digestivos, entre otros.

Tanto en la salud como en la enfermedad, cada persona debe entenderse como un todo que actúa y reacciona condicionado por múltiples factores. Un malestar físico, un dolor persistente o una enfermedad pueden ser una manifestación que nuestro cuerpo hace canalizando emociones  negativas, tensiones o tristeza. Sin embargo, tampoco debemos considerar que las enfermedades son todas 100% emocionales: cada uno de nosotros tiene ciertas tendencias genéticas y zonas propensas de ser afectadas. Un concepto cada vez más escuchado y profundamente ligado a esto es el de enfermedades psicosomáticas.

El origen mismo de la palabra “psicosomático” hace referencia a los dos términos: psíquico, relativo a la psiquis, es decir, al conjunto organizado de procesos conscientes e inconscientes; y somático, relativo al cuerpo como conjunto formado por cabeza, tronco, extremidades y órganos. Cuando hablamos de enfermedades psicosomáticas nos referimos específicamente a factores psicológicos que influyen sobre el cuerpo; es decir que, frente a la presencia de un desencadenante nervioso, se producen alteraciones orgánicas. En estos casos, generalmente la cura requiere tanto de tratamientos físicos como psicológicos. Mas inmersos en el terreno de la psicología, vale diferenciar a las enfermedades psicosomáticas de la histeria (palabra que usamos cotidianamente bajo un concepto equivocado). En estos casos sólo aparecen los síntomas y dolores de una enfermedad, pero el cuerpo no se ve dañado. En ninguno de los casos la persona puede controlar voluntariamente su padecimiento.

Somos un sistema compuesto por varios elementos. Nos abocamos al trabajo, a la familia, a capacitarnos y crecer, pero muchas veces olvidamos prestar atención a lo que nos está pasando a nosotros mismos. Nuestro cuerpo, sin embargo, encuentra la forma de comunicarse. Fuertes dolores de cabeza, malestares gástricos y problemas para dormir suelen ser los primeros alertas. Comprender cómo funciona nuestro cuerpo y trabajar nuestras emociones puede ayudarnos a tener una mejor calidad de vida.