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Enredados en las redes: la información en la época del 3.0

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10/03/2015

Enredados en las redes: la información en la época del 3.0

Por las redes sociales circula una cantidad infinita de información, que influye en una región entera o impacta en todo el globo, sin que esto signifique realidad o relevancia en lo que se difunde. Desde una comadreja viajera y un vestido controvertido hasta la movilización de todo un pueblo convocado en las redes sociales para buscar a una falsa desaparecida, las redes sociales marcan el ritmo de la información. ¡Pasá a desenredarte!

Por Alan Laursen | alaursen@revistamagna.com.ar

La comunicación humana relacionada a la necesidad del intercambio de información es de larga data y podemos remitirnos a las sociedades de la antigüedad para conocer los primeros intentos de comunicación “masiva”. Sin dudas la actualidad supera todo lo imaginado incluso hace una década. Internet y las redes sociales han cambiado la forma en la que nos informamos y también el modo en que se emite, circula y recibe la información.

El hecho de que Internet sea tan masivo, tan global y tan “abstracto” e intemporal (en comparación a un soporte fijo como el papel o con programación horaria como la radio y la TV) ha permitido que circule información en cantidades inconmensurables y de utilidad dudosa.

Hace algunas décadas, sucesos de alto impacto como la Primera y Segunda Guerra Mundial eran hechos que conmocionaban al público de todo el globo y ocupaban las páginas de los diarios, las radios de todo el mundo, los pocos canales de televisión y los hogares con acceso a los mismos que había en ese entonces (hablando ya de la segunda gran guerra en ese caso). Las informaciones que impactaban al planeta eran puntuales y de gravedad o trascendencia indiscutida. Pero… ¡apareció Internet!

Sin mencionar casos previos, que los hay en abundancia, remitámonos tan sólo a un par de sucesos de reciente aparición. Los últimos días de febrero y principios de marzo las redes sociales y luego los medios masivos de comunicación -que se hacen eco de todo lo que pasa en las primeras- fueron testigos de dos hechos que causaron un impacto masivo en la sociedad, al menos la occidental. ¿Hablamos de una revolución? ¿Una caída de la bolsa? ¿Del descubrimiento de la cura para el cáncer? No, nada de eso. Nos referimos a dos fotos que circularon por todos lados.

El vestido negro y azul o blanco y dorado ha sido hasta ahora uno de los temas superficiales más comentados del año. | Imagen: creativitypost.com

Seguro no fuiste ajeno a la polémica en torno a la foto del vestido azul y negro para algunos, blanco y dorado para otros. Una simple disyuntiva familiar sobre la cromática de un vestido de bodas y la decisión de una chica de compartirlo en las redes terminó en un hecho mundial. En poco tiempo el hashtag #TheDress (El Vestido) terminó siendo tópico mundial y el causante de una de las mayores grietas de los últimos tiempos: el bando de los que ven el vestido azul con rayas negras y los que lo ven blanco con rayas doradas. Tanto fue el impacto que la propia familia fue invitada al famoso programa de la actriz y presentadora norteamericana Ellen DeGeneres para contar la historia.

La discusión entre qué colores eran los correctos también se transformó en un crisol de posibles hipótesis para el mismo, que variaban desde explicaciones sobre la luz, y el comportamiento físico del globo ocular, hasta un engaño del Photoshop, una explicación psicológica y anímica o una combinación de todas. Como no podía ser de otro modo, Internet y las redes sociales ardieron y la explicación del por qué unos veían una cosa y otros otra nunca quedó muy bien explicada.

La comadreja viajera

Y si no bastó con el vestido para generar impacto y controversia, días después apareció la foto de una simpática comadreja viajando en el lomo de un pájaro carpintero en pleno vuelo. Todo comenzó cuando un fotógrafo aficionado de Inglaterra captó esta escena en un parque londinense, viendo cómo el pájaro se comportaba de manera extraña y daba saltos mientras avanzaba hacia él. Luego se dio cuenta de que la causa de ello era el pequeño depredador que llevaba en las espaldas: una comadreja. Obviamente no era un caso de amistad y solidaridad animal, sino que la pobre ave estaba siendo depredada por el mamífero, que por un momento conoció los aires a través del vuelo afectado de su presa, la que finalmente pudo liberarse y escapar con vida.

Tanto el caso de la comadreja voladora como el del vestido mágico fueron disparadores de miles de “memes” que a la par de los dos sucesos originales poblaron la Web, parodiando y burlando otros sucesos y realidades con humor e ironía, alimentándolos. Ambos sucesos tuvieron amplia y sonada repercusión en todo el mundo lo cual los convirtió en verdaderos fenómenos masivos y globales, que sin importar su banalidad o superficialidad coparon espacio en los medios informativos, programas de TV y medios gráficos de todo el mundo.

Los "memes" sobre la imagen de la comadreja y el ave invadieron las redes sociales. | Imagen: BBC

La falsa desaparecida

En paralelo a estos dos sucesos ocurrió un hecho inédito, curioso y espantoso a la vez, en una localidad argentina. Los vecinos de Colón, provincia de Entre Ríos, estuvieron una semana buscando a una joven de 18 años desaparecida que en realidad nunca existió. Sólo fue un engaño que tomó desprevenido a un joven bombero y terminó preocupando a todo un pueblo que terminó igual de burlado.

Luciano Benítez, el bombero, estuvo en contacto durante un año por vía virtual con una joven jujeña de 18 años llamada Sofía Velzi, quien finalmente le anunció que lo iría a ver a Colón. Ella le contó una historia de vida trágica, confesándole que era huérfana, que estaba enferma de leucemia y le decía que lo amaba. Pese a ello nunca llegaron a conocerse cara a cara. Ni cuando él fue a Jujuy a visitarla.

La joven Sofía le anunció que iría a verlo pero en un momento del viaje lo llamó y le dijo que estaba en la ciudad de Paraná y sin dinero. El joven le compró un pasaje para retirar en ventanilla. Luego supo por ella que se descompuso en el micro y que los choferes la hicieron bajar en Villa Elisa para ir al  centro de salud acompañada de su madrina, quien había viajado desde Colón para ir a buscarla. Esa es toda la historia que supo el joven bombero hasta perder todo rastro de ella, todo contacto telefónico.

En la historia entra una conocida del bombero, una chica llamada Yesica que sería un contacto en común con su amada (ya que Sofía se había criado en Colón). Yesica acudió a la casa de la familia de Benítez relatando que Sofía se había perdido, que ella la había visto y que había salido corriendo, llorando, y esa había sido la última vez que había tenido noticias de ella.

Preocupado por el destino de su novia virtual, Benítez acudió a la Policía y paralelamente acudió a las redes sociales para pedir la solidaridad de los vecinos de Colón, difundiendo su imagen y tratando de dar con el paradero de la joven, enferma y supuestamente desconsolada por alguna razón. Incluso se hicieron rastrillajes. A raíz de esta movida se comunicó con ellos vía Internet otra chica que argumentaba haber venido viajando con Sofía en el asiento de al lado del colectivo y que la había visto cuando se descompuso.

La joven Sofía Velzi, cuya imagen fue difundida con el fin de dar con su paradero, en realidad no existe. | Imagen: Twitter

Lo sorprendente vino después, una vez movilizada la Policía y la Justicia. Tal como se relata en la reconstrucción de la historia que hace Clarín en su sitio web, la Policía de Colón le informó a la familia que no había encontrado a nadie que conociera a Sofía (quien supuestamente vivió en Colón hasta los 17), ni pistas sobre su madre y su madrina. En Jujuy nadie pudo brindarle señas de la supuesta tía con la que vivía y nadie retiró en la ventanilla de la terminal de Paraná el pasaje que le compró Luciano Benítez. Tampoco encontraron registros en el Hospital de Villa Elisa de que una joven haya sido internada por descomposturas y vómitos.

Finalmente se descubrió que Sofía Velzi -tal como aparecía en Facebook- nunca existió. La foto era de otra persona y todo era un engaño fraguado por la conocida de Benítez, Yesica (desde su celular), en complicidad con otra chica que se hacía pasar por Sofía, ambas de esa ciudad.

Más allá de la humillación al joven bombero y la bronca de todo un pueblo por haberse movilizado y preocupado por una chica inexistente, queda en evidencia cómo las redes sociales han acaparado cada vez más la difusión de la información, cómo la gente hace uso y abuso de ellas y cómo los medios de comunicación tradicionales terminan siendo receptores de todo aquello que circula en las mismas, siendo engañados como cualquier otro usuario. La circulación de la información en redes sociales exige muchas veces un alto grado de desconfianza ya que con la misma esperanza que difundimos los datos de una falsa desaparecida, podemos difundir con bronca las fotos de un supuesto violador o abusador que en realidad está siendo víctima de una difamación. El mal uso de estos recursos por parte de los usuarios termina perjudicando a la difusión de hechos verdaderos y de mayor gravedad envolviéndolos en un manto de duda, donde pagan justos por pecadores.

Desde el ser humano más obtuso hasta el más astuto, todos podemos caer en alguna de estas artimañas si nos agarra desprevenidos o nos resulta totalmente verosímil. Sin duda las redes sociales e Internet han cambiado el consumo de información así como su calidad, su importancia y difusión.

Para cerrar el tema, considero que es fundamental plantear una pregunta concreta y de vital importancia: ¿De qué color era el vestido al final?

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