Cultura

"Espejito, espejito, ¿llegaré bella al calorcito?"

por Natalia Coderch

10/08/2014

Durante el invierno todo parece un jolgorio: vas de comilona en comilona llenando tu cuerpo de calorías, y de repente el calendario indica que la cuenta regresiva para el inicio del calorcito está puesta en marcha. El tic-tac del reloj resuena en tus oídos y la imagen de tu cuerpo que el espejo te devuelve no es la que te gustaría. Para saber qué tanto esfuerzo vas a tener que realizar para llegar en óptimas condiciones al verano, tené en cuenta la prueba del lápiz y la del salero que son infalibles para saber si la ley de la gravedad ya ha tocado a tu puerta.

La prueba del salero es infalible para saber si la ley de la gravedad ya ha tocado a tu puerta. | Imagen: taringa.net

El invierno, y el frío más precisamente, hacen que la mayoría de las personas se relaje en lo que respecta a cuidar la silueta, y consuma mayor cantidad de calorías que cuando el clima es agradable. Todo parece un “Viva la Pepa”, vas de comilona en comilona como si te estuvieras preparando para hibernar, atiborrándote de energía calórica al divino botón, como si te la pasaras a la intemperie y tu cuerpo realmente necesitara consumir tanta cantidad de alimento. Y de repente, mientras estás panza arriba en el sillón de tu casa, a punto de darle un mordisco a la factura rellena de dulce de leche, haciendo zapping, te encontrás con la placa roja de Crónica TV que anuncia cuántos días faltan para la primavera.

¿Va siendo tiempo de que te despidas de la comida chatarra? | Imagen: yoconsentido.blogspot.com

Instantáneamente sabés que eso significa la llegada del calorcito, y después el verano, y mucho más calor, y mucha menos ropa puesta. Y sentís que se viene el mundo abajo. El horror está tocando a tu puerta. Ya no vas a poder esconderte abajo del sweater, ni tampoco debajo de las camperas o sobretodos. Vas a tener que cambiar la ropa de la temporada otoño-invierno por la de primavera-verano, que como bien sabemos, tiene bastante menos tela y cubre menor cantidad de centímetros del cuerpo.

Todos los años te pasa lo mismo. Llegando al mes de agosto, te parás frente al espejo creyéndote que sos la bruja de Blancanieves y le preguntás: Espejito, espejito, ¿llegaré bella al calorcito?. Por suerte no escuchás la respuesta del espejo, porque sino en lugar de empezar la campaña “recuperar la silueta”, deberías comenzar la campaña “recuperar la cordura”.

La imagen que te devuelve el espejo claramente no es la que te gustaría. Pero para averiguar qué tan baqueteado está tu físico, más allá de los kilos que aumentaste, pones en funcionamiento en primera instancia la prueba del salero, para saber qué tan flácidos están tus brazos. En base al balanceo que hace la grasita de tu brazo cuando simulas estar salando la comida sabrás si pasaste dicha prueba o no.

Tampoco es tan terrible que tus brazos se zarandeen como se bambolea un avión en plena turbulencia. Nadie anda por la vida sacudiendo los brazos de esa forma, así que a mantener la calma. Y si estás en una comida, evitá ponerle sal, así no sentís esa “humillación” de ver menear tu brazo de un lado hacia otro como si fuera una silla mecedora, y chau, santo remedio.

La segunda prueba para verificar si tu cuerpo está en condiciones de lucir el traje de baño con “dignidad” es la del lápiz. Dicha prueba sirve para comprobar si tus pechos se encuentran firmes. Es muy simple: colocás un lápiz debajo de la lola, si el lápiz se cae, significa que tenés el pecho firme; si el lápiz se queda atrapado debajo del pliegue de tu pecho y desaparece como si hubiese viajado a la dimensión desconocida, no te deprimas, por suerte existe un gran invento, el mejor amigo de muchas: el corpiño con “push up”.

La misma prueba sirve para verificar el estado de tu cola. Si el lápiz se cae al suelo, está todo bien, y si se queda prendido en el pliegue como si fuera una garrapata, entonces dale duro y parejo a los ejercicios para levantar los glúteos y llegar como te gustaría a darle la bienvenida al calorcito.

La ley de la gravedad suele ser más despiadada con algunas personas que con otras. La palabra justicia no está en su diccionario. Están quienes cuidan mucho la salud durante todo el año, comen sano y van diariamente al gimnasio, y sin embargo no logran tonificar su cuerpo como quisieran. Y están quienes son un desastre con la comida, jamás se ejercitan y, pese a ello, sus cuerpos parecen esculpidos y rozan la perfección.

Nada es justo en esta vida y casi todo tiene solución. A no enloquecer si al intentar pasar la prueba del lápiz, este se queda encallado en alguno de los pliegues de tu cuerpo. No es necesario ser perfecto para ir por la vida en traje de baño dignamente, lo importante es la actitud, y aceptarse como uno es. La gravedad tarde o temprano pone las cosas para todos por igual. ¿No dice acaso dicha ley que todo lo que sube seguro va a bajar?