Politica

Fiscales electorales: ¡Todos a la mesa!

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30/10/2013

Fiscales electorales: ¡Todos a la mesa!

Uno de los engranajes durante el proceso de elecciones de autoridades son los fiscales de mesa, quienes controlan que la agrupación a la que representan tenga boletas en el cuarto oscuro y que sus votos no sean víctimas de “manos negras”. Este 2013 fue la primera vez que decidí fiscalizar, y esta es mi experiencia y las conclusiones al respecto.

Por Alan Laursen | alaursen@revistamagna.com.ar

Las PASO y las elecciones legislativas del domingo 27 de octubre fueron mi primera vez en el rol de fiscal voluntario. Como experiencia cívica debo decir que fue más que satisfactoria. Afortunadamente tanto en las primarias como en las generales en la mesa en la que me tocó fiscalizar –la misma en la que voté- el grupo de fiscales y autoridades de mesa (que varió un poco de una elección a otra) fue definitivamente muy bueno. Hubo siempre buena onda, transparencia y compañerismo (ojalá todo en la política fuese así).

Más allá de las diferencias, aquellos quienes tenían la responsabilidad de ser autoridad, o de ser fiscal de mesa o fiscal general se comportaron de manera correcta y solidaria. Lamentablemente no fue así en otra de las mesas, en la que no faltaron personas conflictivas y autoritarias. Seguramente es una postal que se repite a lo largo y ancho del país, por eso me pareció importante rescatar que más allá de las diferencias hay que dejar de lado las rivalidades mal entendidas y colaborar por la transparencia y normalidad del acto eleccionario, porque eso es asunto de toda la sociedad y no de los partidos políticos.

Fiscalizar es un aporte para garantizar transparencia en la elección y que las cosas sean como tienen que ser. Imagen: fm899.com.ar

Algunas cosas no tan buenas…

Tristemente pude observar algo que me preocupó, y que creo que a nivel ciudadano nos debe preocupar y ocupar a todos: la gente no sabe votar. No me estoy refiriendo a los resultados y a lo que eligió cada persona, sino a la forma en la que la gente emitió su voto. Esto fue moneda corriente en la elección, aunque dada la cantidad menor de boletas respecto a las PASO no se notó tanto.

Por ejemplo, muchos no entienden lo que es “cortar boleta”. Algunos ponían la boleta entera de un partido y una de un partido local pero se olvidaban de cortar la categoría de local en la boleta grande, por lo que el voto en esa categoría se invalidaba. También hubo casos en donde la boleta estaba entera pero con las categorías cortadas. Este voto es válido, pero francamente no se entiende porque no la dejaron entera.

Por otro lado, supe  por boca de otros fiscales que hubo gente que salía enojada del cuarto oscuro quejándose de que faltaban boletas y cuando entraban a revisar las boletas estaban todas. ¿Qué pasaba? O bien buscaban candidatos que no son de esta sección electoral (algunos querían votar a Lilita y a Pino y no los encontraron) o buscaban las mismas boletas que había en las PASO y no las encontraban en la mesa. Es interesante detenerse en que la gente no comprende todavía muy bien cómo funciona esto de primarias y generales (admito que es confuso), o que en muchos casos está mal informada o que no conoce cómo funciona la política a nivel de distritos.

Otra cuestión importante: la maldad. El clásico de cada elección. Un comportamiento infantil que perjudica a todos. Por eso me manifiesto abiertamente a favor de la boleta única, ya que de esta manera nos evitaríamos los problemas de daños en boletas, de confusiones, de mala leche entre partidos. La cuestión es que con la boleta única seguramente a más de uno se le termina su kiosco. Es una realidad.

Y por último, la incongruencia de meter candidatos de una categoría de una ideología y en otra categoría de otra postura, ambas opuestas e irreconciliables. Pero bueno, sobre gustos…

La existencia de estas situaciones me lleva a pensar que ya que la política se presenta como una herramienta popular, se debería tomar nota de estas cosas. La educación cívica es fundamental para una democracia que funcione, y aquí lamentablemente está flaqueando. ¿Cómo elegimos a nuestros gobernantes si no sabemos cómo funciona el propio sistema que nos permite y da el derecho de ponerlos en sus funciones? Para pensar.

¿Vale la pena ser fiscal?

Puede que suene aburrido y que de algo de fiaca pensar en pasar un domingo sentado viendo gente todo el tiempo, pero es hasta el momento que llegas. Entre mate, gente, firma de sobres, algún pic-nic medio improvisado y charlas sobre bueyes perdidos durante las horas del escrutinio (8 a 18 hs) el tiempo se pasa rápido y, si son organizados, la hora de contar los votos y armar las actas no debería demorar más de una hora.  Por otro lado, fiscalizar es un aporte para garantizar transparencia en la elección y que las cosas sean como tienen que ser, esa ya es razón suficiente para decir que sí, que vale la pena fiscalizar. Pero admito que no es para cualquiera, tenés que tener interés en lo que vas a hacer y conciencia de que si lo vas a hacer tenés que hacerlo bien y no a desgano.

También es importante destacar que para ser fiscal no tenés que estar afiliado al partido. Seguramente para acercarte al partido algo de simpatía tenés que tener, pero no implica que tengas que pertenecer activamente al mismo, y tampoco significa un compromiso de pertenencia posterior.

En dos años, tendremos otra oportunidad de manifestar nuestras intenciones. Aunque a veces el mal desempeño de los gobernantes de turno nos quiten la esperanza, el poder ir a votar y pensar que con ese voto vamos a cambiar algo es una de las mejores cosas de la democracia, aunque no siempre nos vaya tan bien.