Cultura

Gilbert O’Sullivan no está tan solo, naturalmente

por Ana Virginia Lona

07/01/2016

El autor de clásicos de los '70 como Alone Again, Naturally y Clair vivió una carrera musical intensa, destacándose como letrista. Luego de años de mantenerse en las sombras, en 2015 lanzó Latin ala G, un nuevo disco en el que incursiona en la música latina y española. Altas y bajas de la vida de este artista irlandés, que llegó a conocer el éxito como pocos.

Gilbert O’Sullivan no está tan solo, naturalmente

Raymond Edward O’Sullivan, conocido como Gilbert O’Sullivan, es un músico irlandés de fama internacional por Alone Again, NaturallyClair, una canción dedicada a la hija de su mánager y productor. Durante los primeros años de la década del '70, varias de sus canciones ocuparon los diez primeros puestos de los rankings mundiales con un éxito comparable al de Elton John y Paul McCartney . Sin embargo, a partir de los '80 parecía que a O’Sullivan se lo había tragado la tierra, por lo menos eso creímos desde estos lares. Lo cierto es que esa ausencia fue mediática pero no musical. O’Sullivan no paró de escribir canciones, de grabar discos y hacer giras desde que su carrera comenzó en 1970 con su primer éxito, Nothing Rhymed.

¿Quién no ha escuchado sus temas clásicos aunque sea por accidente, en la radio, en una película o en alguna serie de TV?. Son de esas canciones de los '70 que nadie puede olvidar. La particularidad de Alone Again… no sólo está en la melodía pop, pegajosa, bien pensada para llegar a los primeros puestos, sino que radica en la letra. Esta cuenta una historia, la de alguien que está desolado y piensa suicidarse. O’Sullivan nunca experimentó la idea del suicidio en el momento en que la compuso, sin embargo, durante años gran parte del público lo ha imaginado así. En efecto, no hace falta vivir en “carne propia” una situación para poder comprenderla o hablar sobre ella. En definitiva, eso hace cualquier artista: un actor, un director de cine, un escritor, un pintor, un bailarín… En fin, no existiría el arte si sólo se pudiera llevar a la obra artística aquello que uno experimenta.

Gilbert logra transportar a sus canciones toda clase de historias de la vida, incluso aquello que se desarrolla en el universo interior. Si uno revisa su discografía se encontrará con muchas otras historias contadas con música. Gilbert es un narrador, un trovador. El músico encuentra el material para hacerlo canción en todo lo que lo rodea: en los medios, en alguna conversación casual, su propia vida o su imaginación.

No todas sus canciones son historias ajenas, hay otras como Clair que ha sido compuesta para expresar el cariño y el agradecimiento que Gilbert sentía por su mánager y productor, Gordon Mills, y por su familia.

“No está basada sobre mi experiencia: está basada en la comprensión de una situación vivida por alguien. ¿Cuáles son los criterios para un buen autor?, ¿cuáles son los criterios para una buena ficción? Situaciones en las que creés. Me gustan los temas oscuros, me interesan. Si no viví la experiencia de estar parado en una iglesia o intentar suicidarme, me gusta pensar que, cuando escribo una canción, me meto en lo que esa persona en esa determinada situación está experimentando. Eso es lo que me interesa. De allí proviene el placer de ser un autor, del hecho de involucrarte en esas situaciones”.1/2

Quizás, los que no manejamos muy bien el inglés o no hemos vivido en Inglaterra o en Irlanda nos perdamos muchas cosas al escuchar sus canciones porque varias de ellas son fruto de alguna noticia o evento que ocurrió allí. Sin embargo, no es tan difícil captar las emociones de los personajes detrás de cada una de ellas porque en definitva, son historias de gente común, que vive situaciones desde su propia perspectiva. Aunque Gilbert no la comparta necesariamente, la plasma en sus letras como si de personajes con vida propia se tratara. Aún si esas historias pertenecen a culturas distintas de la nuestra, con su idiosincracia y códigos socioculturales distintos, podemos comprenderlos de igual manera.

El freak en el origen: De Raymond a Gilbert

Raymond Edward O’Sullivan nació el 1 de diciembre de 1946 en Waterford, Irlanda. Vivió allí hasta los 7 años, momento en el cual se mudó junto con su familia a Swindon, Inglaterra. Cuando tenía 14 años perdió a su padre, y su madre, por su parte, debía ocuparse de seis niños sola. Raymond creció en una familia numerosa pero con una disciplina estricta, la cual no sólo le ha servido para aplicarla en su quehacer musical sino también en su vida familiar. En Swindon inició sus estudios en diseño gráfico pero la música era lo que lo llevaría por otro camino y lo que nos haría hoy hablar de él.

The Beatles, Bob Dylan, Peggy Lee y Ella Fitzgerald son los principales músicos que inspiraron a Raymond para sumergirse en la música como letrista. Su carrera musical comenzó como miembro de bandas de adolescentes, en las cuales estuvo presente en el rol de baterista. La primera de ellas fue The Doodles, más tarde estuvo con The Prefects -grupos musicales formados por estudiantes- y posteriormente en Ricks Blues, que también tenía a un célebre músico de Supertramp, Rick Davies.

Lo que Ray -como le dicen sus amigos y los fans- quería era escribir canciones. O’Sullivan asegura que su generación tiene la habilidad de hacer música sin saber leerla por el amor que sentían por ella al escuchar la radio, único medio con el que contaba la clase media para escucharla. Todo entraba por los oídos. La mayoría de los cantautores de los '60 y '70 no sabía leer música, quizás lo hayan aprendido mucho tiempo después, y eso impactó a la generación de esa época. Esto significaba que ellos también podían tocar y componer canciones, incluso aspirar al estrellato. Ese impulso generacional lo dio el grupo que más influencia tuvo en esa y en las generaciones venideras, The Beatles.

Raymond O’Sullivan estaba dispuesto a ser un letrista conocido y comenzó a golpear puertas de discográficas para hacerse oír pero también para hacerse notar. El joven músico sabía muy bien que la imagen era la clave para casi todo, así que creó un personaje: Gilbert O’Sullivan, el cual no sólo lo haría destacarse del resto sino que lo ayudaría con su timidez en el escenario. El objetivo de Raymond era que Gilbert entrara en el escenario y se comunicara con el público utilizando pancartas y su música.

Fue así como el mundo conoció a Gilbert O’Sullivan, un joven delgado, en su veintena, con un corte hongo, vistiendo un saco al estilo de Charlie Chaplin, boina, chaleco, pantalones arriba de sus pantorrillas, con medias de colores -aunque en algunas imágenes se lo puede ver con pantalones cortos pero sólo los usaba para las sesiones fotográficas- y una corbata estudiantil.

Gilbert tuvo sus primeros sencillos sin éxito -Disappear/You What Can I do?/You- hasta que se topó con Gordon Mills, quien era, en ese momento, productor de Tom Jones. Mills quedó impresionado por su habilidad como letrista y fue su productor y mánager. Aunque no le convencía la imagen elegida por Raymond, no se opuso a ella: mientras escribiera buenas canciones como Nothing Rhymed, el primer sencillo que lo lanzó desde el anonimato a la boca de toda Inglaterra en 1970, podía vestirse como quisiera.

El músico, en su versión caricaturesca, siguió tocando canciones pop pegadizas y con letras unas veces poéticas, otras divertidas, románticas, tristes o conmovedoras. Aún así, todo el mundo todavía odiaba esa imagen a lo Charlie Chaplin, especialmente los productores de la discográfica quienes le pedían que se vistiera como los demás músicos: pelo largo, pantalón vaquero, remeras o camisas con los botones desprendidos mostrando un pecho peludo y sexy, como lo dictaba la época y le haría vender más discos. Sin embargo, Raymond sabía que tenía que diferenciarse del resto de los cantantes de su generación y estaba dispuesto a apostar todo a esta idea.

Esta imagen la utilizó durante un tiempo hasta que, por presión de la discográfica, más que de Gordon Mills -su productor y mánager-, y también un poco por hartazgo propio, cambió su vestimenta pero continuó con el personaje de Gilbert. Este cambio ya iba acorde con la tendencia general aunque Raymond no quería verse como una estrella del pop o del rock, quería verse como un chico común que se hizo conocido por sus canciones. Para esta etapa, Ray eligió usar un sweater con una enorme letra G en el medio. Este estilo de estudiante universitario lo sacó de una película de Buster Keaton, College (1927).

El álgido momento de Raymond

El éxito de Gilbert O’Sullivan en los '70 era comparable al de Paul McCartney, incluso al de Elton John: llenaba estadios y tuvo varias canciones entre las diez más escuchadas en todo el mundo. Alone again… lo llevó a varios puntos del globo e incluso fue sensación en su país natal con esa canción. Hasta mediados de los '70, Gilbert no paró de recibir nominaciones y premiaciones.

El momento álgido llegaría pronto cuando Gilbert quiso tener el 100% de los derechos de autor de sus canciones. Como letrista sólo obtenía un 50%, mientras que los productores de la discográfica obtenían la otra mitad. Uno de los productores le había prometido llevar a cabo una estrategia comercial para poder ser el dueño del 100% de sus creaciones musicales. Los años pasaron y la promesa quedó incumplida. Sumado a esto, Raymond le pidió a Gordon Mills expandirse en Estados Unidos, lo cual implicaba que Mills dejara de ser su productor aunque sí continuaría siendo su mánager. Lamentablemente para Raymond, Mills le dijo que si no lo producía él mismo, dejaría de patrocinarlo. En efecto, los lazos comerciales entre Mills y O’Sullivan se rompieron para siempre. En 1977, Raymond produjo su propio álbum con poco éxito. Más tarde, en 1980 graba otro disco con un éxito entre manos, What’s In a Kiss.

Mientras tanto, todo el asunto de la autoría legal de las canciones terminó en juicio y Raymond logró recobrar el 50% restante que quedaba para la discográfica. Con esto pudo recuperar el dinero gastado en abogados y hacerse de una buena suma, aunque con un mal recuerdo y un quiebre en la relación con la familia Mills. Esto significó para Raymond un parate musical que duró varios años, desde 1982 hasta 1989.

El cariño de algunos de los miembros de la familia Mills hacia Raymond perduró durante años, más allá de los lazos comerciales, aunque no se vieron nunca más hasta hace poco tiempo. Este afecto fue especialmente sentido por Claire Mills, la hija de Gordon -quien murió de cáncer años y con problemas financieros después del juicio -, quien reunió a las dos familias, ya sin Gordon, gracias a una entrevista radial en la que ella recordaba con mucho cariño a Raymond. Éste escuchaba la emisión radial y se encontró con la linda sorpresa de que el afecto todavía perduraba en Claire y su mamá. Esto le allanó el camino para comunicarse con ellas, retomar la relación y aclarar algunas cuestiones que quedaron en el tintero.

A pesar del sabor amargo de la contienda judicial y el distanciamiento con la familia Mills, Raymond asegura que para él era lo justo, así hubiera ganado o perdido. El músico iba a luchar por obtener los derechos de sus propias canciones, era su derecho.

Raymond O’Sullivan es muy celoso de sus canciones, y con buena razón: son sus creaciones, les dedica varias horas al día con una férrea disciplina de práctica y de escritura musical y lo mínimo que pretende es que le pidan autorización para usar su música. En 1991 se encontró de nuevo ante abogados cuando demandó, con resolución positiva para él, al rapero Biz Markie por haber utilizado sin su autorización la canción Alone Again, naturally.

Estos episodios amargos de su vida, en los que se vio defendiendo su autoría o pidiendo reconocimiento por sus canciones, lo pusieron de nuevo en la vidriera mediática por un tiempo breve. Sin embargo, poca atención ha recibido por sus creaciones musicales posteriores a los '80. El cantautor encuentra que los medios le han prestado muy poca atención, a pesar de ser todavía productivo como letrista y músico. La consecuencia de esto es que el público desconoce al día de hoy la continuidad de su trabajo musical. Podríamos especular y pensar que la razón se encontraba en una suerte de venganza por la lucha de sus derechos de autor, cuestión que hasta la actualidad es fuente de conflictos constantes para muchos músicos con las discográficas.

De todas maneras, esto no detuvo al músico irlandés, escribió canciones y grabó álbumes desde que comenzó su carrera a finales de los '60 con el mismo amor y dedicación por la música que tuvo siempre.

Actualmente, Gilbert O’Sullivan promociona su último álbum homenaje a Peggy Lee, llamado Latin ala G -lanzado en junio de 2015-, en el que expresa su amor por la música latina y una tarea pendiente de hacía muchos años: hacer música latina y española. Para lograr ese toque, el letrista se reunió con un productor avezado en la producción de álbumes con este tipo de ritmos y contó con la colaboración de músicos españoles.

Documental sobre la grabación de Latin ala G, último álbum de Gilbert O’Sullivan

La vida de Gilbert transcurre sin muchos sobresaltos: Escribir y practicar música todos los días -con horarios fijos-, excepto los fines de semana; salir a caminar -usualmente acompañado de su perro, el cual murió recientemente-, y su mujer; vida familiar hogareña en la isla británica Jersey. Gilbert asegura que Aase, su mujer, a veces lo obliga a salir un poco porque tiende a tener una vida bastante recluida. No le interesan las fiestas del mundo del estrellato, ni apegarse a modas absurdas para estar en boca de todos, aunque es bastante cuidadoso con su imagen personal, a la cual le imprime su propio estilo. Aunque tenga un TOC (trastorno obsesivo compulsivo) que se expresa en un orden y perfeccionismo excesivo, el músico asegura que no es grave ya que le facilita muchas cuestiones, en especial, la composición musical. Es un hombre decidido y tenaz, dispuesto a todo por continuar con su trabajo de letrista.


  1. Especial agradecimiento a Andrés Navarro, estudiante del profesorado de inglés, que me ha ayudado con la traducción del fragmento de la entrevista a Gilbert O’Sullivan.
  2. Entrevista a Gilbert O’Sullivan por Stephen “Spaz” Schnee: Out Of The Question: An EXCLUSIVE Interview with GILBERT O’SULLIVAN.