Politica

House of Cards: la política vista desde adentro

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28/04/2015

House of Cards: la política vista desde adentro

Devoto admirador de la serie que cautiva hasta al propio Barack Obama, el autor se pregunta por qué amamos una historia donde la corrupción -flagelo que vivimos a diario- es uno de los pilares fundamentales.

Por Gustavo Gerrtner

House of Cards definitivamente es una de las mejores series de esta década. Partiendo de esta premisa subjetiva y de la que el autor de este artículo se hace cargo, habría que preguntarse por qué se transformó en uno de los shows más exitosos de estos últimos años. El mismísimo presidente de los Estados Unidos Barack Obama se rindió ante la serie. Luego de que el mandatario norteamericano conociera a la actriz Robin Wright, quien interpreta a la primera dama estadounidense, ella reveló cómo fue el encuentro: “Me reuní con el presidente Obama y Michelle (la primera dama) en la Cena de Corresponsales… y antes de que él me diera la mano, por supuesto, yo estaba temblando como una hoja, estaba tan nerviosa, él se inclinó y me dijo ‘Yo sólo quiero que sepas que no soy tan malo como Francis (el protagonista principal de la serie)’. Obama necesitaba que yo supiera eso”.

Si el presidente norteamericano se declaró fanático de House of Cards y suplicó a sus seguidores de Twitter que nadie le haga “spoiler” (adelantar información sobre la serie), no está mal preguntarse por qué amamos una serie donde la corrupción, que es un flagelo que vivimos a diario, es uno de los pilares fundamentales. ¿Acaso amamos lo que odiamos?

Los fans podrán seguir las peripecias políticas de Underwood también en 2016 ya que Netflix anunció que habrá una cuarta temporada de House of Cards. | Imagen: Kirk McKoy

Uno de los sellos distintivos de las comunidades políticas de muchos países del mundo (en casi todos los países del mundo, probablemente) es el exceso de corrupción que las atraviesa. Lamentablemente, los escándalos de desvíos de fondos -negociados que triangulan a políticos, empresas y testaferros- son moneda corriente y forman parte del sumario que ofrecen los diarios y noticieros todos los días. En este sentido, la serie House of Cards recrea la realidad y muestra su propia arena política, con sus complejidades y vericuetos. Todos los personajes políticos están entrecruzados por negocios, favores y promesas. Pese a ser ficticio, el entramado de poder se vuelve totalmente verosímil, dada nuestra experiencia previa. El show permite concluir que para permanecer o escalar en el juego político, es inevitable dejarse corromper.

La pregunta que recorre este aspecto es acerca de cómo un personaje tan despiadado y manipulador como Frank Underwood, el protagonista principal de la serie, puede generar tanta empatía. ¿Cómo puede ser que queramos a alguien que nos muestra lo más bajo del sistema? O peor aún: ¿cómo puede ser que nos genere admiración? Uno de los aspectos que distingue a la serie -un verdadero acierto de la producción- es la inclusión de breves monólogos pronunciados por Underwood, que son acompañados por su interpelante mirada a cámara. Con este recurso, el político estadounidense se transforma en un ser más humano, algo que de ninguna forma lo aleja de su carácter frío, calculador y ambicioso. Ni Max Weber en su obra “La política como vocación” o el mismísimo Nicolás Maquiavelo en “El Príncipe” habrían podido imaginar un político con todas estas características, que evidentemente son baluartes a la hora de desempeñarse en la arena de combate.

Parece complicado poder contestar el interrogante planteado. ¿Nos gusta lo que nos duele? De ninguna manera. Somos conscientes de que es una serie y aquello que sucede en House of Cards no excede sus propios límites. Pero no estaría mal asumir que entrar lentamente en la cerrada esfera política, ficcional pero real en un momento dado, que va más allá de los discursos de los funcionarios y portavoces, se convierte en un plan tentador. Cambiamos la óptica: lo que antes veíamos sólo por fuera, con el poder inquisidor de los medios, ahora lo miramos desde adentro. Tomamos la punta del ovillo y empezamos a conocer las motivaciones, pasiones y deseos de cada participante del juego.

El mismísimo Frank Underwood sintetiza de modo brillante este argumento: “El poder es como el negocio inmobiliario; todo depende de la localización: cuanto más cerca estás de la fuente, mayor es el valor de tu propiedad”. En este sentido, tenemos acceso a todas las voces: las que acusan, las que se defienden y las que conspiran. Sentimos la misma adrenalina que corre por las venas de los personajes al ser parte del campo de juego. Y ese definitivamente es un buen motivo para ver House Of Cards.