Sexo

Incondicionalidad - dependencia: una pareja no tan despareja

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28/02/2013

Incondicionalidad - dependencia: una pareja no tan despareja
Que las apariencias no los engañen, la primera tan necesaria al principio, luego puede traernos muchos problemas. Y más aún si va de la mano de la segunda. Por Sol Chipian | Lic. en Psicología UBA Muchos creen que viven un gran amor porque se sacrifican por el otro y dejan de lado sus vidas o creen que solo aquel que ha sufrido ha podido amar. Nada más lejos de eso. El amor implica paz, armonía, plenitud y sobre todo, felicidad. Decir que se sufre por amor es una contradicción: no se sufre por ser feliz. No debemos olvidar que la pareja es el reflejo de uno mismo. ¿Qué quiero decir con esto? Que si uno está envuelto en una relación complicada en la cual la confianza no existe, predomina la mentira y los malos tratos son moneda corriente, debería preguntarse qué le está sucediendo para no poder revisar la relación y de ese  pozo que creemos que el otro nos propone pero somos nosotros mismos los que ayudamos a cavarlo. dependencia emocional Suele aliviarnos pensar que es el otro el que  tiene problemas, queremos que cambie para tapar el agujero con rosas y jazmines pero quizás no se trate de taparlo sino de enfrentarlo. Ver que  el verdadero problema está en nosotros, en nuestras inseguridades, o en la falta de amor propio…las personas inseguras, dependientes, inmaduras emocionalmente han proyectado en el otro su propio valor, ¿qué quiere decir esto? Cuando una pareja se rompe, es normal sentirse triste y ansioso por un tiempo pero en el mejor de los casos estos sentimientos tan fuertes al principio, empiezan a disiparse. La libido, esa energía que nos permite desarrollar todas nuestras actividades y que por lo tanto uno ha depositado en la pareja al enamorarse permanece durante un tiempo fuera de nosotros y es lo que hace que no tengamos ganas de nada, hasta que de a poco vuelve  a su lugar y la vida cobra sentido nuevamente. En personas más inseguras y carentes de autoestima los sentimientos antes nombrados se exacerban y aparece la depresión y la angustia. “Desde que Maxi me dejó, siento como si él se hubiese llevado una parte de mí, es algo que no puedo explicar”. Es común escuchar estas frases, cuando una pareja complicada finalmente se separa, la sensación que queda en la persona abandonada es de “me falta  la otra mitad”. Estas personas encuentran su estima en el otro, dependen de la valoración del otro para sentirse bien. Por eso cuando la otra persona se aleja comienza la hecatombe. “Porque yo al Negrito lo amé incondicionalmente” escuché decir. Pero, ¿cómo será amar sin condiciones? ¿Encontrar a alguien que nunca deje de estar, que nos garantice de manera absoluta la satisfacción de todas nuestras necesidades, que nos proteja de todo mal, que no nos desampare, que nunca muera, que nos quiera por encima de todo y de todos, que no vea por otros ojos que no sean los nuestros? Y por sobre todas las cosas, ¿cómo será amar sin condiciones aun cuando existe la humillación y el maltrato? Es llamativo que muchas de las  personas que dicen amar sin condiciones tienen relaciones bastante conflictivas. Quizás hoy pueda ser incondicional pero de aquí en más dependerá de cómo se desarrolle la relación,  también del sostenimiento de la pareja y de su evolución. Puedo perdonar una infidelidad siempre y cuando esto no afecte mi autoestima, y no me haga padecer. Todos podemos cometer errores pero hay que saber discernir la intencionalidad y la reiteración de estos. El límite en las relaciones funciona como parámetro y brinda la oportunidad de que la relación siga. Si alguien perdona una y otra vez, ¿cuál sería el límite, hasta donde se puede llegar y, hasta donde se es capaz de entender al otro? No es casual que sea más frecuente entre los amados hablar de necesidad que de deseo, digo con esto que es más frecuente decirle a la persona amada “te necesito” que “te deseo”. Según el psicoanálisis el objeto de la necesidad está perdido por estructura, nosotros como seres hablantes y deseantes intentamos buscar en el campo del deseo lo que pertenece a otro campo, el de la necesidad. Sin encontrarlo por supuesto porque nunca existió. Entonces el amor recrea la ilusión de unión entre necesidad y deseo y en cada objeto que abordamos creemos encontrar aquel objeto mítico perdido, sin lograrlo. ¿Que será “necesitar al otro”?. Una mujer me dijo el otro día en referencia a su marido, “porque es su deber satisfacer mis necesidades” y yo le contesté muy descaradamente “pero vos podes caminar sola, no necesitas que te den de comer en la boca ni que te cambien los pañales”. La incondicionalidad y la dependencia se dan en los comienzos de la vida de un sujeto cuando depende de los cuidados y el amor de su madre, y ni siquiera ella debe mantenerlos a lo largo del tiempo. Todo lo contrario, van decreciendo a medida que el bebé va desarrollando sus capacidades vitales. Cuando una madre escucha llorar a su pequeño mientras está haciendo alguna otra cosa, y puede calmarlo con el sonido de su voz diciéndole que ya va a llegar, esta espera le permite al infante ir creando el saber de que la madre puede ausentarse pero aun así está disponible en la distancia. Un vínculo establecido en estos términos es decisivo para nuestras futuras relaciones ya que dejan una huella de confianza en el bebé que a futuro ya no necesitara de la incondicionalidad. Entonces tiremos por la borda el cuento ya gastado de la media naranja. Venimos a este mundo solos, al principio necesitamos un poco de ayuda ya que pasamos de ser un montoncito de carne a personas, para luego irnos de este mundo solos. En ese trayecto, nos cruzamos con mucha gente que ve luz y entra, nos alborota un poco y se va y otra que toca la puerta y se queda a cenar. De eso se trata la vida. Lo positivo es saber que el poder y la solución recaen en cada uno de nosotros, para tener pareja y ser feliz hay que trabajar en uno mismo. ¡Qué suerte que no hay que esforzarse para que el otro cambie!