Internacional

Inmigrantes: cuando escapar se vuelve la única opción

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17/09/2015

Inmigrantes: cuando escapar se vuelve la única opción

En este informe, Revista Magna te propone pensar los motivos por los cuales hay un éxodo migratorio masivo hacia el viejo continente, conocer el camino al que se lanzan los refugiados y por qué nuestro país, incluso estando a decenas de miles de kilómetros del foco del conflicto, decidió dar asilo a los exiliados sirios.

Por Gustavo Gerrtner | @gusgerrtner

La foto de Aylan Kurdi, el niño sirio que murió ahogado, fue la prueba que el mundo necesitaba para tomar dimensión de la terrible crisis migratoria que lo está castigando. Desde hace varias semanas, miles de personas se lanzan desde Oriente Medio y África para salvar sus vidas de los permanentes conflictos armados o simplemente para encontrar un futuro mejor. Sin embargo, la imagen del pequeño que perdió la vida en las costas de Turquía dio un golpe a la comunidad mundial, que reaccionó y lentamente comenzó a abrirle las puertas a los refugiados.

La diferencia entre ser víctima y hacerse la víctima

Si bien es cierto que los países de la UE quedaron en jaque ante la llegada de miles de migrantes, resulta irónico que algunas voces sostengan que es Europa la que está en crisis. En todo caso, el desplazamiento hacia el viejo continente es una de las consecuencias, pero no podemos perder de vista que los primeros afectados son los países desde donde marchan los refugiados.

Kurdi proviene de Siria, un país que es dirigido por el presidente Bashar al-Asad de forma ininterrumpida desde hace 20 años. Tras los levantamientos de la Primavera Árabe (2011), comenzó una guerra entre el Gobierno y los activistas opositores que exigían mayores libertades civiles y políticas. En ese vacío de poder, entró en juego el brutal Estado Islámico (EI). A fuerza de decapitaciones y masacres, los yihadistas consiguieron hacerse con el control de varias ciudades en Siria. El avance de los terroristas encendió las alarmas en el Gobierno de al-Asad, que para la expulsión del califato de su país aceptó que Estados Unidos lo bombardeara.

Para los migrantes sirios resulta más razonable arriesgarse a hundirse en el mar que sentarse a esperar una muerte anunciada en su país. | Imagen: nacion.com

África es la otra región que expulsa cientos de refugiados a diario. La situación no requiere enfocarse tanto en el análisis político, sino en algo mucho más pragmático. Si bien también existe el EI y su filial local Boko Haram (grupo que el año pasado secuestró a más de 200 niñas para hacerlas sus esclavas), el principal conflicto es la pobreza. La explotación laboral es moneda corriente, los salarios son miserables y el hambre no deja de decir “presente” mientras del otro lado del globo los alimentos se pudren y se tiran a la basura.

En este contexto, resulta previsible que la familia de Aylan haya optado el exilio. De hecho, la ciudad donde vivía el niño sirio había sido escenario hace algunos meses de asesinatos por parte de los terroristas. La muerte es previsible: ya sea por las bombas norteamericanas o los asesinatos del EI, es impensable quedarse en ese lugar. Hasta incluso parece razonable arriesgarse a hundirse en el mar. Todo parece ser más digno que quedarse sentado a esperar una muerte anunciada. En tanto, para los africanos la situación no es más alentadora, animarse a cruzar el Mediterráneo puede ser la única esperanza para vivir más dignamente.

Es por esto que resulta incómodo hablar de crisis en Europa. Tras años de desigualdad, dominación e incluso el apoyo a regímenes dictatoriales por parte de occidente, los refugiados no son más que simples víctimas de un mundo que les dio la espalda. Es cierto que quizás la capacidad de brindar protección social por parte de los países de la UE se ve disminuida. Pero el mote de víctimas le queda bien solamente a los valientes que se animan a dejar sus vidas en Oriente Medio y África en busca de un futuro mejor.

Las rutas de la esperanza

Tanto para los refugiados sirios como para los africanos, el camino hasta Europa es una verdadera odisea. Más allá de lo difícil que resulta tomar la decisión de dejar toda una vida atrás, la travesía es muy larga y peligrosa. Clickeá en la imágen de abajo para acceder al mapa interactivo donde podrás ver las peligrosas rutas que hacen los migrantes que buscan llegar al viejo continente.

Clickeá en la imagen para acceder al mapa interactivo con las rutas de refugiados.

Que se vengan los sirios

La crisis migratoria logró que nuestro país abra sus puertas a los refugiados sirios. Enmarcado en el proyecto “Programa Siria”, el Ministerio del Interior junto a la Dirección Nacional de Migraciones elaboraron un sistema para facilitar la entrada de migrantes a Argentina.

El programa permite la entrada de ciudadanos sirios o palestinos que hayan vivido en ese país. El trámite se inicia solicitando un Permiso de Ingreso ante la Dirección Nacional de Migraciones, que al concederlo, habilita a gestionar la visa de ingreso desde cualquiera de los países lindantes o afectados por el conflicto: Arabia Saudita, Egipto, Jordania, Líbano, Turquía e Irak y los países del Golfo Pérsico. Para ser aceptado, se deben demostrar vínculos familiares o afectivos (trabajo, estudio o social) con residentes argentinos, además de poder acreditar la carencia de antecedentes penales. El  programa, cabe destacar, se encuentra vigente hasta fines de octubre de este año, y le concede la residencia temporal por dos años en el país, que tras ese plazo puede transformarse en una definitiva.

La noticia sorprendió a más de uno. Los voces más duras sostienen que no tiene sentido permitir la entrada de refugiados cuando, durante esta misma semana, falleció en el Chaco un niño de la comunidad indígena Qom a causa de un severo grado de desnutrición. Esta postura coincide con los que opinan que la prioridad es la solución de los problemas internos. Sin embargo, habría que considerar que no es muy factible la llegada de un gran número de refugiados sirios a la Argentina. De hecho, no hay previsiones aún.

Lo cierto es que atravesamos un momento en el cual el mundo no puede sobrevivir solamente con muestras de solidaridad, sino con un plan integral que pueda atacar directamente el foco del problema. Y la cuestión no se soluciona únicamente abriendo las puertas, sino con la colaboración internacional para cerrar las fronteras de cada país y ayudar, sin confundir con injerencia, a que estos estados puedan sanar sus propias heridas.