Cultura

John Kennedy Toole: un final miserable, un legado invaluable

por Marisol González Nazábal

11/11/2013

Se suicidó a los 31 años sin siquiera sospechar que su obra "La conjura de los necios" se convertiría en un libro de culto. La historia de un genio incomprendido.

John Kennedy Toole: un final miserable, un legado invaluable
“Cuando en el mundo aparece un verdadero genio, puede identificársele por este signo: todos los necios se conjuran contra él”. (Johnathan Swift – "Thoughts on various subjects, moral and diverting")
 

¿Cabe lamentarse por un libro o por varios que nunca existirán? Resulta que cuando una obra es tan buena y la historia que la atraviesa tan particular, pareciera quedar lugar para anhelar lo que no será. Esto ocurre con “La conjura de los necios” y lo sucedido con su autor, John Kennedy Toole.

El novelista estadounidense, nacido en Nueva Orleans (Luisiana, Estados Unidos) en 1937, encontró la muerte antes de ver publicada su obra, que ganó el Premio Pulitzer de ficción en 1981.

Toole fue un estudiante ejemplar de niño y se graduó con honores en lengua inglesa. Sirvió al Ejército de Estados Unidos y pasó dos años enseñando inglés a los reclutas hispano-hablantes de Puerto Rico, tiempo durante el cual escribió  “La conjura de los necios”. Luego regresó a Nueva Orleans a casa de sus padres, comenzó a dar clases y a intentar publicar su trabajo.

El manuscrito fue enviado por Kennedy Toole a la famosa editorial neoyorquina Simon y Schuster, cuyo editor mostró gran entusiasmo por el mismo sólo para luego rechazarlo, alegando que el libro "no trataba realmente de nada", si bien se dice que la negativa fue porque la novela tocaba temas que podían herir susceptibilidades, ya que plasma una fuerte crítica a la sociedad y la hipocresía norteamericana.

Toole comenzó a deteriorarse rápidamente después de perder la esperanza de publicar su libro, considerado por él una obra maestra. Imagen: blogs.elcorreo.comLuego de varios intentos por publicar la que él consideraba una obra maestra, el escritor perdió la esperanza y con esa pérdida comenzó su debacle. Ahogó sus penas en alcohol, descuidó sus actividades profesionales y se sumió en una oscura depresión que lo llevó a terminar con su vida el 26 de marzo de 1969, poniendo un extremo de una manguera de jardín en el tubo de escape de su coche y el otro en la ventanilla del conductor. Si bien dejó una nota, fue destruida por su madre Thelma Ducoing Toole, quien hizo declaraciones imprecisas acerca de su contenido. Según algunos de sus biógrafos, un factor en la depresión de Kennedy Toole fue la confusión sobre su sexualidad ya que Thelma era muy severa y no le habría permitido acercarse a ninguna mujer.

Éxito post mortem

Luego de la muerte de su hijo, su madre decidió seguir probando suerte. Así es como llegó al escritor Walker Percy (autor, entre otras, de la novela “El cinéfilo”), quien luego escribiría el prólogo del libro, publicado finalmente en 1980. En él cuenta que el primer contacto con la mujer fue en 1976, cuando ella empezó a llamarlo por teléfono y a proponerle que leyera una novela que había escrito su hijo ya muerto 10 años antes, pedido que Percy encontró absurdo.

Ante la insistencia de Thelma, Percy terminó por acceder a leer el libro. Sin ninguna expectativa de que fuera buena, comenzó con la tarea “primero, con la lúgubre sensación de que no era tan malo como para dejarlo; luego, con un prurito de interés; después con una emoción creciente y, por último, con incredulidad: no era posible que fuera tan buena”, describe.

El libro

“La conjura de los necios” tiene como protagonista a Ignatius J. Reilly, un ser inadaptado y anacrónico que sueña con que el modo de vida medieval, así como su moral, reinen de nuevo. Para ello, y con la intención de ser escuchado en un mundo en el que es, en realidad, un incomprendido, rellena de su puño y letra cientos de cuadernos en los que plasma su visión de las cosas. Mientras llena estos cuadernos, los va desperdigando por su habitación, con la esperanza de ordenarlos algún día y así crear su ambiciosa obra maestra. Mientras, la diosa Fortuna, en contra de su voluntad, lo sume en ese mundo capitalista que él mismo tanto odia y se ve obligado a someterse a lo que considera una forma de esclavitud: el trabajo. Resignado, se compara a sí mismo con Boecio (el cual aceptó sin queja su propia ejecución) y sale a buscar un empleo. Su actividad laboral y vital es el hilo que une y da sentido a toda la obra y lo que permite conocer a otros personajes, igual de estrambóticos y entrañables que Ignatius.

Esta estatua del más famoso personaje de Toole, Ignatius Reilly, puede ser vista en el bloque 800 de Canal Street, Nueva Orleans. Imagen: notasparalectorescuriosos.blogspot.com.arLejos de las meras e hilarantes anécdotas que el protagonista va generando, la novela trasciende a ello para convertirse, en su trasfondo, en un despiadado retrato, dotado de un realismo extremo, del género humano y sus miserias. Plagada de piedad y comprensión, a la vez que de amargura y resignación, la obra esconde una dura crítica a la sociedad en la que vivimos: egoísta y, en tantísimas ocasiones, cruel.

Se comenta que “La conjura de los necios” refleja gran parte de las vivencias del propio Kennedy Toole y que Ignatius J. Reilly era una caricatura del propio autor.

Pulitzer y desazón

Como decíamos, Kennedy Toole murió con poco más de 30 años sin ver publicada su novela, que aun hoy es un libro de culto, tremendamente divertido y amargo al mismo tiempo. En 1981, “La conjura de los necios” recibió el Premio Pulitzer de ficción y, el mismo año, el premio a la mejor novela de lengua extranjera en Francia.

Aunque ya no podremos disfrutar de su filosa pluma, existe otra novela de su autoría a la que se puede acceder: se trata de "La Biblia de Neón", escrita cuando el autor tenía 16 años y plena consciencia de que esta era demasiado juvenil para ser publicada. Sin embargo, y tras una complicada situación legal resuelta, vio la luz en 1989, gracias al interés que despertó “La conjura…”

Una estatua del más famoso personaje de Toole, Ignatius Reilly, puede ser vista en el bloque 800 de Canal Street, Nueva Orleans, el antiguo emplazamiento de los almacenes D.H. Holmes convertidos ahora en el Hotel Chateau Bourbon.