Medio Ambiente

La comida no se tira

por María Soledad Chiramberro

28/02/2013

Casi la mitad de los alimentos producidos en el mundo son desechados. Según estudios recientes, entre el 30% y el 50% o entre 1.2 y 2 billones de toneladas de comida producida nunca llega al plato y se estima que el 42% de los alimentos que se tiran provienen de los propios hogares.

La comida no se tira
Entre el 30% y el 50% o entre 1.2 y 2 billones de toneladas de comida producida alrededor del mundo nunca llega al plato.

La información proviene de un artículo publicado recientemente en el sitio web del diario británico The Guardian en donde se plantea que casi la mitad de los alimentos producidos en el mundo -el equivalente a 2000 millones de toneladas- terminan en la basura cada año. El dato proviene de un informe publicado días atrás por un grupo de ingenieros.

La UK's Institution of Mechanical Engineers (Institución del Reino Unido de Ingenieros Mecánicos - ImechE) dice que estas “sorprendentes” cifras son culpa de las fechas de caducidad innecesariamente estrictas, de las promos del tipo “compra uno, llevate otro gratis”, de la necesidad que tiene el consumidor occidental de que el producto sea estéticamente perfecto y de la "mala ingeniería y prácticas agrícolas". También tendrían parte de la culpa las inadecuadas infraestructuras y las pobres instalaciones de almacenamiento, según se afirma en el artículo.

De cara a las predicciones de las Naciones Unidas de que podría haber alrededor de 3000 millones de personas para alimentar al final del siglo y a la creciente presión sobre los recursos necesarios para producir alimentos -como la tierra, el agua y la energía-, la ImechE llama a actuar para detener este desperdicio.

El informe, llamado "Global Food; Waste Not, Want Not", sacó a relucir que entre el 30% y el 50% o entre 1.2 y 2 billones de toneladas de comida producida alrededor del mundo nunca llega al plato.

Además, señalan que unos 550.000 millones de metros cúbicos de agua son desperdiciados a nivel global en cultivos que nunca llegan al consumidor.

Para citar algunos ejemplos, de acuerdo con los datos ofrecidos por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), en México un 20% de los alimentos se desperdician en el traspaso del productor al consumidor debido al manejo inadecuado de los mismos.

En el caso de Brasil, según señala un informe de la Iniciativa América Latina y Caribe sin Hambre (ALSH), un 64% de lo que se planta se pierde en la cadena productiva: 20% en la cosecha, 8% en el transporte y almacenamiento, 15% en el procesamiento y 20% en el proceso culinario y hábitos alimentarios.

Con respecto a los hábitos de consumo, el artículo de The Guardian destaca que las dietas carnívoras agregan una presión extra al desperdicio, ya que para producir un kilo de carne se necesita entre 20 y 50 veces más de agua que para producir un kilo de verduras; la demanda de agua en la producción de alimentos podría llegar a 10 billones de metros cúbicos al año en el 2050. Esto es de 2,5 a 3,5 veces más que el consumo total de agua dulce humano hoy y podría conducir a la escasez de agua más peligrosa que se haya conocido, afirma el IMechE.

En entrevista con The Guardian, Tim Fox, jefe de energía y medio ambiente del IMechE, afirma: "Es sorprendente la cantidad de comida desperdiciada en todo el mundo. Se trata de alimentos que podrían utilizarse para alimentar la creciente población mundial y a los que pasan hambre" y señala que "es también un derroche innecesario de tierra, agua y energía el que se gasta en la producción, procesamiento y distribución de algunos alimentos".

Se estima además que el 42% de los alimentos que se tiran provienen de los propios hogares, según un estudio de Bio Intelligence Service. Este dato tendría que ser de utilidad para que los gobiernos, las empresas y los organismos protectores del medio ambiente generen medidas y estrategias adecuadas con el fin de concientizar a la población sobre el consumo y el aprovechamiento de los alimentos.

Según los investigadores, si se evitara este malgasto de alimentos y se protegieran los recursos naturales se podría disponer de entre un 60 y un 100% más de comida a nivel mundial.

¿Qué se puede hacer para reducir el desperdicio de alimentos?

Como primera medida resulta indispensable generar espacios de concientización a través de campañas, folletería y demás recursos destinados a informar acerca de los hábitos de consumo adecuados, las posibilidades de aprovechamiento de los alimentos y las estrategias para la compra de los mismos.

Actualmente, sobre todo en los países europeos, una de las medidas que se han comenzado a desarrollar es la compra conjunta de productos orgánicos. Esto no sólo implica estimar la cantidad sino también considerar de antemano qué menús se producirán con esos productos. Así no sólo se reduce el desperdicio del alimento, sino que además se genera un ahorro monetario.

Las prácticas de almacenamiento son otro punto importante a considerar. Habitualmente no se mantienen refrigerados y bien envasados determinados alimentos, como por ejemplo las frutas y hortalizas. Informar sobre las posibilidades de conservar los alimentos en el congelador es una buena manera de permitirles a los comerciantes y los consumidores optar por este tipo de conservación, reduciendo notablemente el desperdicio de comida.

Planificar las compras es también recomendable. Establecer listas de compra y controlar la comida de la que se dispone nos permitirá desperdiciar menos alimentos que aquellas personas que llenan el carrito del supermercado sin saber qué tienen  dentro de la heladera.

Aprovechar las sobras de comida por supuesto es una buena manera de evitar desecharla. Para esto se debe tener la precaución de refrigerarlas en un plazo de 2 horas y consumirlas dentro de las 24 horas posteriores a su cocción, bien recalentadas.

Otra medida plausible de ser implementada es considerar la fecha del etiquetado de alimentos. Como explica el informe, las fechas de caducidad estrictas generan que ante la duda sobre las posibilidades de su consumo, lo alimentos sean desechados, incluso días antes de la fecha de vencimiento.

Las empresas también deberían aportar su granito de arena, etiquetando los productos con diversas fechas que sirvan de orientación al consumidor. A la conocida fecha de consumo preferente, sumar la fecha de caducidad, la fecha límite de venta y la fecha límite de exposición. Esto evitaría que los consumidores desechen los alimentos inmediatamente cuando marca el primer vencimiento.

Es importante aclarar que la fecha de consumo preferente hace referencia a su duración mínima, pasado este tiempo su ingesta no es perjudicial para la salud, sino que es probable que las cualidades sensoriales del producto (gusto, textura, etc.) se vean levemente alteradas, modificando los índices de calidad planteados por el fabricante. Sin embargo, la fecha de caducidad señala que el producto podría estar contaminado con bacterias dañinas, por lo tanto, no deberían consumirse.

Generar innovaciones en el envasado puede reducir los residuos (y su impacto medioambiental) mediante la mejora de los materiales y las características del diseño.

Otro punto importante es el desecho de alimentos que estarían en perfectas condiciones para su consumo, pero que no respetan las normas de calidad de la empresa. En ese caso, una solución sería reducir el precio –de acuerdo al nivel de calidad- o bien destinar dichos alimentos a programas de bancos de alimentos, en los que los excedentes se transportan desde los comercios minoristas y se entregan a personas necesitadas. Trabajos de este tipo se pueden observar en países como Austria, Dinamarca, Italia, España o el Reino Unido.

Algunas experiencias

El sitio veoverde.com ha publicado varios casos de empresas que desempeñan una labor que tienen como denominador común la reutilización o redistribución de alimentos para reducir su desecho:

1.- Un grupo de investigadores está colaborando con Starbucks Hong Kong y la ONG The Climate Group para convertir los granos de café usados y los desperdicios de los productos de panadería en fertilizantes, plásticos y biocombustibles.

2.- Caleb Phillips fundó Boulder Food Rescue (BFR), grupo que reúne y empaqueta alimentos y bienes que las tiendas de comestibles consideran "no vendibles". Una vez listos, los distribuyen en bicicletas a los albergues, campamentos y comunidades en riesgo social. Desde septiembre de 2011, el BFR ha rescatado más de 60.000 kilogramos de alimentos nutritivos y transportado la mayoría de los productos para alimentar a los más necesitados.

3.- Estudiantes de la Universidad Estatal de Arizona están desarrollando un app de telefonía móvil llamada FlashFood, diseñada para conectar restaurantes con exceso de comida y comunidades necesitadas de alimentos. Otra aplicación gratuita, para Android e iOS, es Love Food Hate Waste, la cual ofrece consejos, sugerencias e ideas de recetas para mantener a los cocineros del hogar sin pérdidas o desperdicios exagerados de comida.

4.- Wal-Mart y Feeding America se asociaron hace poco para llevar alimentos frescos, pero ligeramente imperfectos (visualmente) a los más necesitados.

De todo esto se desprende la importancia del trabajo colectivo entre la industria alimentaria, los comercios minoristas y los consumidores para lograr no sólo reducir el desperdicio de alimentos sino también ahorrar recursos, disminuyendo la contaminación y el impacto sobre el medio ambiente.


Fuentes:

guardian.co.uk/environment/2013/jan/10/half-world-food-waste

veoverde.com/2012/08/cuatro-medidas-que-ayudan-a-evitar-el-desperdicio-de-comida-en-el-mundo/

eufic.org/article/es/artid/How-to-minimise-food-waste/