Somos Raros

La lucha por la supervivencia: el baño

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28/01/2015

La lucha por la supervivencia: el baño

Está la pelea por la próxima presidencia, está el conflicto Rusia-Ucrania y está la lucha por el baño.

Por Bárbara Schtirbu

La tenencia del baño en una casa es motivo de rotura de puertas y de parejas. Es el lugar de descarga por excelencia, y no hablo solamente del inodoro. En un baño uno se encierra a soltar lo que venga: risa, llanto, insultos. Estás aislado de miradas ajenas. En el espejo aparecés sólo vos. No hay esposa, marido, hijos, madre, padre, portero ni jefe. Soledad con aroma a Poett Bambú. Momento de introspección, soltás 75 suspiros por segundo, empezás a serenarte, cortás alguna cana, apretás algún granito, te inspeccionás detenidamente: “¡Qué hecho mierda que estoy!”, decís. No importa, todo va a estar bien. Mentira, pero ahí adentro te lo creés. El ruido del depósito llenándose es casi como un arroyito en Córdoba. La ducha, Cataratas. El bidet, las Termas de Río Hondo. Hay paz, sí, hay paz y de golpe el golpe: Toc, toc -"¿Te falta mucho?-”. Fin de la magia. Comienza el derrumbe de la convivencia.

Repito: tener un sólo baño atenta contra las relaciones. Hay un momento en el que se quiebra una delgada línea de la que no se vuelve: “¿Puedo pasar a buscar algo?”, y vos dejás que pase. Al principio es cuando te estás bañando. La excusa: un esmalte. Pero la delgada línea se pone cada vez más obesa y un buen día el picaporte deja de funcionar para siempre. Ya no hay forma de preservar la intimidad.

Lo vemos en las películas y en la vida real. Es el lugar de refugio antisísmico. "Las batallas más duras cuando vivía con mi familia fueron por quién llegaba primero (al baño)". | Imagen: boldsky.com

Más de una vez con mi viejo tuvimos que cruzar al bar de enfrente de raje.

“Abrí, Marta. Hace una hora que estás ahí, dejame pasar” .

Marta nunca abría.

Sin exagerar, creo que las batallas más duras cuando vivía con mi familia fueron por quién llegaba primero. Con mi papá tenemos los mismos ojos y el mismo reloj biológico activado. No me pregunten por qué, pero saltábamos de la cama a la misma hora, con la misma urgencia y llegábamos al mismo tiempo con una frase ya lista que entraba en competencia con la otra:

 -“Dejame a mí que es un segundo”.

-“Yo voy más rápido.”

-“¡Lavate los dientes en la cocina!”

Portazo. Fin de la discusión. Entraba yo.

Sin quererlo (o tal vez queriéndolo mucho), el baño se transforma en un pequeño monoambiente de paz ante cualquier conflicto inmanejable. La bañera, una hermosa cama. Si querés hacerte una ensalada, la bacha te viene perfecta y desde la aparición del celular, el inodoro es el mejor sillón del mundo. ¿Quién no chateó desde ahí? No sean negadores.

Trabajé dos años en una agencia de publicidad. Yo era la única chica viviendo cada día una situación de franca desigualdad hormonal. Tenía que contarles mis propuestas a seis hombres que eran súper copados, pero que por momentos no tenían mucho sensibilidad de respuesta. La secuencia era muy simple y muy similar cada vez:

  1. Mostrar ideas.
  2. Recibir devolución de ideas con cachetazo a la autoestima.
  3. Sonreírles.
  4. Irme a llorar al baño.
  5. Ser expulsada del baño a los segundos porque no había otro.

Desconozco si en algún momento escucharon algo. La toalla en la boca (técnica anti-llanto poco higiénica ahora que lo pienso), creo que ahogaba el moco tendido, pero hasta ahí nomás. Lo que era imposible disimular eran los ojos de huevo rojos y el labio temblando de indignación que me duraba hasta que me iba.

Duda: ¿a quién se le ocurre pensar un departamento con tres cuartos y un sólo inodoro? Manden ya un equipo de psicólogos ambientales a la facultad de Arquitectura. Hagan algo al respecto. Nadie necesita una antecocina ni una sala de estar o un cuarto para planchar. Necesitamos más baños para cuidar la privacidad y mantener la armonía.

Hablemos ahora del último grito de la moda: los baños mixtos en restaurantes. ¿Por qué me tengo que lavar las manos mientras veo de costado la espalda de un flaco haciendo su descarga ante la vida? Ok, nadie me pide que mire pero, ¿qué hago con el sonido de canilla humana? ¿Es “modernoso” hacer eso? Insisto: ¿qué le pasa a los arquitectos?

En un mundo donde no podemos zafar de chocarnos en la calle, de convivir en la oficina, de hacer colas en los supermercados, el baño es un pequeño paraíso azulejado que hay que cuidar y respetar.

¿Cómo vienen ustedes con el baño? No me dejen sola con mis confesiones. ¡Quiero sus relatos!