Vida Sana

La Maratón de Buenos Aires: una experiencia en primera persona

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22/10/2015

La Maratón de Buenos Aires: una experiencia en primera persona

Entre letras y zapatillas, Yasmín sigue pasando sus días. En esta nota nos cuenta cómo vivió el evento runner más importante del año.

Por Yasmín Jalil | 22/10/15

El 11 de octubre los runners nos vestimos de fiesta. Este año, más de 11 mil corredores participamos de la Maratón de Buenos Aires, la prueba máxima con la que cuenta el asfalto. La Maratón es la madre de todas las carreras, son los kilómetros que más hacen temer y alegrar. En general se llama erróneamente “maratones” a todas las carreras, pero las distancias menores (5, 8, 10 km) son carreras atléticas o media maratón (21 km)

Empecé a correr hace varios años y participé en diferentes distancias. Pero siempre me gustó más el Trial, que me lleva a correr por terrenos naturales. También me di el gusto de acompañar a varios amigos en este desafío: es casi una tradición maratoniana correr 10 o 12 km dando fuerza a los debutantes. Pero tenía pendiente mis 42 km de calle, mi propia maratón.

En la foto de largada, entre la marea de runners, logramos encontrar a nuestra Yasmín.

Salimos a las 7:30 desde Palermo, atravesamos Figueroa Alcorta, Libertador y 9 de julio. La Maratón de Buenos Aires recorre los puntos emblemáticos de la ciudad. Pasamos por el Obelisco, el Teatro Colón y la Casa Rosada. El circuito también incluye La Boca, la costanera de la Reserva Ecológica y Puerto Madero. Cada punto cuenta una historia de la ciudad, pero por sobre todo, en cada punto los corredores nos topamos con gente que viene a alentar. Es eso lo que reconfigura el paisaje y vuelve emotivo cada ladrillo. Los amigos, la familia y los vecinos que se acercan a alentar. Las calles son una verdadera fiesta. Incluso en varios puntos la organización pone bandas de música e imitadores. Hay murga, tango y este año estuvo Elvis. Uno va corriendo, dando pasos con el esfuerzo a cuestas y ve carteles, escucha gritos de aliento y aplausos al esfuerzo. La maratón es la emoción de avanzar solo, pero estando acompañado. Yo tuve una suerte especial. Mi entrenador Jorge Ojeda me siguió varios tramos en bici, cuidando cómo me sentía y dándome fuerza para seguir. En la zona de Plaza Mayo también escuché a ese fantástico team con el que entreno, Los Correcaminos. Creo que los 11 mil corredores los oyeron. Gritones como nadie, tenían carteles, cornetas y cantitos para alentar a los compañeros que estábamos corriendo. En Puerto Madero también tuve el lujo de ver a mi mamá. Estaba parada solita, esperando el momento en que mis pasos coincidan con su estar. Fue emocionante. Uno va exigido, esforzándose al máximo y los sentimientos están a flor de piel. El apoyo de los afectos siempre resucita la fuerza.

Durante el recorrido, me crucé con muchos corredores e hinchadas de otros países. La Maratón de Buenos Aires es un evento internacional en el que participan deportistas de América Latina y el mundo. Este año, además, se volvió una prueba clasificatoria para los Juegos Olímpicos de Río 2016. Con esto, aquellos que alcanzaron un tiempo menor a 2 horas y 26 minutos clasificaron directamente. El argentino Luis Molina lo logró con 2 horas, 15 minutos y 23 segundos, quedando cuarto en la clasificación general. El top tres fue de Kenia, con Jonathan Chesoo (2 horas, 12 minutos y 24 segundos) a la cabeza. Entre las mujeres, Abeba Gebrene de Etiopia se llevó el oro con 2 horas, 30 minutos y 33 segundos, y Mariel Alasia fue la primera mujer argentina con 3 horas, 0 minutos y 29 segundos. La Maratón de Buenos Aires, como toda carrera, tuvo podio y tiempos mejores que otros, pero la felicidad que se siente al cruzar el arco no distingue de puestos. Cruzar el arco es siempre una mezcla de emociones única. Cruzar el arco de esta maratón fue para mí palpar un logro, celebrar la constancia y superar los miedos que muchas veces están en mi cabeza. Detrás de ese logro están las horas de entrenamiento, el sacrificio de levantarme temprano para correr y el de volver tarde a casa para sumar kilómetros. Hay esfuerzo, hay luchas diarias contra la voluntad y el cansancio. Es seguir aunque llueva, seguir aunque haga frío, seguir si hay viento o si aparece el calor. Es seguir. Para entrenar el cuerpo y la voluntad. Para acostumbrar a los músculos e incorporar el hábito de continuar avanzando por un objetivo. Mi entrenador siempre dice que a las carreras se va a buscar la medalla, que las ganamos en cada entrenamiento. Será por eso que durante el recorrido uno piensa, recuerda y se emociona mucho. Será por eso que las lágrimas se me cayeron varias veces.

La Maratón de Buenos Aires, esa que alguna vez todos los runners deberíamos correr, la hice en esta edición 2015. Me di el gusto de disfrutarla en cada paso, de vivir en primera persona eso que había visto y acompañado. Me topé con los dolores del cuerpo y pude superarlos. Me topé con el aburrimiento de la mente y lo sorteé también. Viví una fiesta en mi ciudad. No hay otra palabra que lo defina mejor. Una fiesta runner que se repite año a año para celebrar el esfuerzo de ir por más.