Sexo

¿La mujer no existe?

por Sol Chipian | Lic. en Psicología UBA

26/03/2013

¿Quién dijo que las relaciones entre hombres y mujeres son complicadas? Desterremos esta creencia popular, no hay nada complicado si uno esta dispuesto a amar con los “oídos” abiertos.

¿La mujer no existe?

“Hay mujeres, hay mujeres veneno, mujeres imán, mujeres de fuego

y helado metal, mujeres consuelo, mujeres fatal”. (JOAQUÍN SABINA) 

Hace un tiempo que vengo parando la oreja en diferentes conversaciones como charlas de café, un viernes de pizza o un domingo de asado y escucho casualmente las mismas frases. No importa el estado civil del hombre en cuestión, soltero, separado o felizmente casado, el común denominador es siempre el mismo.

Charla de café: “Y vos Tito, ¿cómo andas? Hace mucho que no te veo acompañado, ¿qué te anda pasando?, ¿qué es lo que estas buscando?”

R: “Y la verdad es que no sé que ando buscando pero sí sé qué NO ando buscando y es QUE ME ROMPAN LAS P…..”

Viernes de pizza: “Qué haces Negro, me entere de que te peleaste con la Rubia, ¡qué cagada che!”

N: “Sí, pero yo estoy joya eh, la verdad es que ME TENIA LOS H… AL PLATO”

Domingo de asado: “Zurdo, vos no ibas a hacer el asado, ¡te hiciste el sota eh! Casi llegas para los duraznos con crema”

Z: “¿¡Qué queres que haga!? Si mi mujer lo primero que hace cuando abre los ojos es HINCHARME LAS GUINDAS. Una hora decidiendo si se ponía las chatitas, los zuecos o las botas de lluvia, por que viste q todavía ellaS siguen creyéndole a los del pronóstico del tiempo”.

Me llama mucho la atención la constante hinchazón de testículos a la que los caballeros hacen mención, por eso y porque el 8 de marzo pasado se festejó el Día Internacional de la Mujer, algo que siempre trae repercusiones. Y es que hoy el tema que me convoca es La mujer.

Cuando de repercusiones hablo me refiero a lo que me han comentado recientemente sobre un grupo feminista que lanza por tierra parte de la última enseñanza de Jacques Lacan (psicoanalista que reelaboró la teoría de Sigmund Freud): La mujer no existe.

La crítica era: ¿como podía ser que la mujer no existiera?, dando por sentado el machismo de Lacan.

La clase de La mujer es lo que no existe, la mujer como garantía de placer y fantasías, la mujer como categoría universal.

En cambio Sí existen LaS mujeres, únicas todas ellas, indescifrables, y al ser únicas cada una tendrá un modo singular de acceder a la femineidad.

Sé que el título y su correspondiente contenido hacen suponer que esta nota es sobre la mujer, pero les anticipo que no se trata solo de ellaS porque, no nos engañemos, ¿qué hubiese sido de nosotras si Aquel hombre no nos hubiese dado su costilla?

“Pero gordo, ¿vos entendes lo que te digo? Ana se enojó porque no la llamé para ver cómo le había ido con el tipo este que conoció hace 15 días. Que entre paréntesis es igual a Claudio, ¿te acordas de Claudio, no? El nabo ese que la terminó dejando por Romina ¡Su prima! La verdad es que no sé qué decirle, por eso no la llame, qué le voy a decir, no te das cuanta de que es igual al otro gil, pero bueno después a llorar a la iglesia”.

“Dale Pablo, contestame algo, ¿te importa lo que te estoy contando? Disimula por lo menos…”

“No sé Gorda, no le des bola, ya se le va a pasar, si ya la conoces. Es grande Ana ya, son sus elecciones, vení, metete en la camucha que empieza la peli”.

“No, dejá Pablo, no se puede hablar con vos, vos no me escuchas. No tengo ganas de ver una película ahora”.

Y Pablo se queda pestañeando ininterrumpidamente sin entender lo que pasó, como cuando sigue de largo y no para el 67 que va a Villa Martelli un domingo a la mañana.

¿Por qué pretendemos que el otro nos responda lo que queremos escuchar? Pablo fue muy claro, no fantaseó sobre las posibles conductas de Ana frente a su nuevo amor, tampoco sobre las posibles opiniones que le daría la gorda (como la llama cariñosamente él) a su amiga sobre el “supuesto” gil “posible” novio de su “desafortunada” amiga.

Sí, Pablo fue conciso, pero útil. No hizo de un simple enojo una tragedia griega, ¿qué hubiese querido Ana que le contestara? ¿algo a la altura del “dramón”?

¿Qué quiere la mujer?, preguntó Freud, interrogante que ha quedado sin respuesta. Si bien él no pudo determinar esto con plenitud, Lacan quien lo continuó.

Entonces me dirijo a los hombres para decirles: señores, no traten de entendernos, sólo ámennos. Y qué mejor manera de amar si no es escuchando, quizás no siempre entendiendo, ni coincidiendo, tampoco consintiendo, sólo escuchando.

Y eso Freud sí lo logro, noS escucho, ¡sí! a nosotras laS mujereS. Se centró en los comienzos de su teoría, en el padecimiento de las mujeres, les permitió hablar de su sexualidad, algo prohibido, remoto, impenetrable.

Y a ustedes, señoras, les digo: el hombre que tienen al lado las está escuchando, quizás no les está respondiendo lo que ustedes quieren escuchar, pero ¿alguna vez se preguntaron qué es exactamente lo que quieren escuchar, que es lo que están demandando?

Sabemos que a muchas de nosotras las tragedias griegas nos encantan, nos llenan las meriendas, entre un vigilante y una madalena le contamos a Marisa que Clarisa volvió nuevamente con su ex.

Pero no siempre lo complicado y lo trágico es divertido, y lejos de quitarle importancia a lo que le estamos contando, nuestro hombre nos sitúa nuevamente en la realidad y pretende no distraernos de lo que realmente sí es importante. Disfrutar de nuestra pareja, del encuentro entre ese hombre al que le gusta la vida tal cual es, y de esa mujer que a veces se “enrolla” pero que aún así puede meterse a la camucha un viernes a la noche a mirar una peli pochoclera sin que nada más importe.

Entonces señores y señoras no pretendan entenderse siempre, solo ámense, ¿qué mejor que eso?