Tecnología

La oficina en casa: mitos y verdades

por Alan Laursen

27/08/2013

¿Qué es esto de trabajar a distancia desde nuestro hogar? ¿Podemos trabajar en bata, pantuflas y tomando mate con el resto? ¿Es un privilegio habilitado sólo para unos pocos? ¿Tengo que estar todo el día en Internet? ¡Enterate!

La oficina en casa: mitos y verdades
Muchas veces, el teletrabajo es menospreciado debido a que la persona se encuentra en la comodidad de su hogar. Lo cierto es que requiere disciplina y responsabilidad por parte de quien lo lleva a cabo. | Imagen: .comunicae.es

Posiblemente alguna vez, estresado y cansado, hayas pensado en lo lindo que sería levantarte a la mañana y ponerte a trabajar allí, evitando el transporte, las vicisitudes del clima, sin tener que lidiar con el jefe y su malhumor ni con las indirectas de tus compañeros de laburo. Visto así suena lindo, y el teletrabajo (trabajo a distancia) parece ser para muchos un ideal que sólo algunos privilegiados alcanzan. Es cierto que tiene las ventajas antes mencionadas, sin embargo el imaginario colectivo desconoce que no es todo tan color de rosa, y que implica la misma o más responsabilidad que si estuvieras trabajando de forma presencial. Por otra parte también circulan una serie de prejuicios al respecto que terminan afectando al teletrabajo y su valorización social.

"Una de las ventajas del teletrabajo es permitirle a la empresa tener trabajadores a lo largo y ancho del mundo", explica Flavia.Sin embargo, esta puede convertirse en la forma de trabajo del mañana y por eso no debemos dejar de prestarle atención. Sin duda es un cambio de paradigma al que la cultura, las leyes y todo lo que sostiene el paradigma laboral actual, deberán acostumbrarse. Aún más desactualizada quedará aquella famosa frase de nuestro historial político nacional “de casa al trabajo y del trabajo a casa”.

Para hablarnos de las características inherentes a esta forma de trabajo, los prejuicios que la sociedad tiene y la proyección a futuro del teletrabajo, entrevistamos a Flavia Ricci, oriunda de Tres Arroyos, Licenciada en Comunicación Social con orientación en Planificación Institucional de la UNLP, quien posteriormente se capacitó en un posgrado en Barcelona, España, en la universidad Pompeu Fabra. Allí hizo el Master en Comunicación Empresarial y Tecnologías Digitales. Flavia, además de ser una experta en la temática, realiza su labor profesional de modo virtual mediante el trabajo a distancia.

Magna: Flavia, ¿Cómo empezó tu relación con esta modalidad de trabajo?

Flavia: Yo teletrabajo aproximadamente desde el año 2000. No de forma continua, a veces he trabajado presencialmente en algunas empresas y luego he cambiado de trabajo y he vuelto a teletrabajar. Actualmente soy profesora en un pos título del Ministerio de Educación de la Nación (Argentina) y doy clases específicamente en una materia que es “Redes Sociales”. Y eso, cada uno de los tutores que estamos a lo largo y a lo ancho de este país, lo hacemos teletrabajando.

M: ¿Qué es en pocas palabras el “teletrabajo”?

F: El teletrabajo si lo tuviera que sintetizar es, como la palabra lo dice, trabajar a distancia.  La mayoría de la gente lo asocia con trabajar a distancia desde su casa, pero en realidad no necesariamente uno tiene que trabajar desde su casa. Puedo tener por ejemplo una oficina en determinado lugar, por ejemplo en Buenos Aires y teletrabajar para una empresa de Mar del Plata. O si tenés la capacidad de concentración, trabajar desde un bar, ahora que hay wi-fi en muchísimos ámbitos. Esto es algo muy común en las grandes ciudades.

M: ¿Qué herramientas tenés que tener para trabajar a distancia?

F: Básicamente lo que uno tiene que tener… antiguamente cuando yo arranqué era imprescindible tener el teléfono y una PC con acceso a Internet. Hoy en día te diría que con todas las tecnologías, programas y aplicaciones que existen -la mayoría gratuitos- ya casi como que el teléfono es prescindible. Es decir, tenés posibilidades de hacer conferencias o videoconferencias por Skype, o por Google que ofrece una tecnología llamada Hangout, que también son encuentros de videoconferencia. Nosotros básicamente lo que utilizamos es eso, ya el teléfono no, porque además justamente estamos a distancia y las llamadas a larga distancia no nos convienen.

M: ¿Cuáles son los orígenes del teletrabajo y cómo fue cambiando?

F: El teletrabajo se inició cuando un empleado o empleada trabajaba a distancia sin que hubiese una tecnología de por medio. Yo podía estar en mi casa redactando un artículo y ese artículo llevárselo después a un medio de comunicación y eso significaba ya teletrabajo, por más que en esa época –hablando de 15 o 20 años atrás- no estaban las tecnologías tan presentes.

Hoy en día gracias a las tecnologías, simultáneamente a que yo estoy redactando ese artículo -por ejemplo para un medio gráfico de comunicación- se lo puedo estar enviando o compartiendo en ese momento al jefe de redacción sin siquiera moverme de mi casa. Eso también facilitó que cada vez el teletrabajo sea más a distancia físicamente. Antiguamente como no había tantas tecnologías o no estaban tan globalizadas, ni había tanto acceso a Internet, en determinado momento yo tenía que apersonarme en una oficina y decirle “bueno esto yo lo hice a distancia pero te lo muestro”. Hoy en día no, se manda un adjunto por Internet y puedo estar trabajando para un medio de comunicación que esté en Francia, Estados Unidos o Colombia, y jamás estar presencialmente con esa gente. Yo creo que en eso sí han aportado muchos las tecnologías digitales sobre todo, y esa es la gran evolución.

Una de las ventajas del teletrabajo es permitirle a la empresa tener trabajadores a lo largo y ancho del mundo y de manera descentralizada e incluso sin la necesidad de hacer encuentros presenciales con esos trabajadores.

M: ¿Cuán desarrollado está en nuestro país?

F: En Argentina se le está queriendo dar ahora un marco legal desde la provincia de Buenos Aires, porque digamos que el teletrabajo  te brinda un montón de ventajas, como la posibilidad de trabajar por ejemplo para varias empresas, desde tu casa o una oficina sin tener que ir presencialmente como decíamos antes. Pero también, quienes teletrabajamos habitualmente lo hacemos de manera autónoma con lo cual de momento como no hay ningún marco legal en este país -porque en otros países como Colombia sí que los hay y desde hace años- quedamos un poco a la buena de Dios por decirlo de algún modo. Haría falta ese marco para que verdaderamente se valore en todos los sentidos al teletrabajo, que se lo tome como cualquier trabajo con todas las responsabilidades requeridas tanto para el empleado como para el empleador. Y en ese sentido hay todavía mucho por hacer en Argentina.

Faltaría empezar por ese marco legal y después de ahí darle forma a un montón de cuestiones. Hay mucha gente que padece la flexibilidad laboral a partir de que teletrabaja, no quedan claras las responsabilidades del empleado ni del empleador, muchas veces no hay contrato de por medio…en estos momentos no sólo en Argentina sino a nivel mundial, hay una gama de posibilidades muy amplias en cuanto al teletrabajo que en algunos casos no son muy positivas para el empleado.

M: ¿Crees que no se lo valora y que se lo menosprecia frente al trabajo presencial, llamémosle “tradicional”?

F: Habitualmente la gente tiene la idea, incluso el mismo empleador, de que quien va presencialmente a una empresa y cumple un horario supuestamente es más eficiente y más eficaz que quien teletrabaja. Y en ese sentido está desconociendo que todos los que teletrabajamos indudablemente tenemos que tener una disciplina. Muchas veces escucho que me dicen “uh, qué bueno vos que teletrabajás, que bueno porque podes hacer lo que querés” y yo en realidad por más que teletrabajo desde mi propia casa, las 8 horas de trabajo las cumplo –que en algunos casos se transforman en más porque tengo la computadora al lado- y no dejo cosas para mañana como sí haría quien está en una empresa a partir de que se va. Yo ese horario lo cumplo sí o sí, por más que me toquen el timbre o me llamen por teléfono, yo hago exactamente lo mismo que si estuviera presente en una empresa.  En el imaginario de la gente todavía no existe esta idea; creen que hacemos lo que queremos, o no trabajamos o no tenemos la misma disciplina que un empleado que va presencialmente a su trabajo. Creo que mucha gente supone que no tenés que tener disciplina o que podés tener tus propios horarios, que en cierta forma es cierto, pero pasa lo mismo si yo tengo un comercio. Tengo mis propios horarios pero hay que respetar un horario comercial y de interacción e interactividad con la gente. Del mismo modo ocurre con los que teletrabajamos.

M: Creen que lo que hacés no es trabajo…

F: Hay muchos prejuicios sobre el teletrabajo. Se lo asocia con algo informal y eso repercute en el prestigio de lo que hacés. Por eso reitero la importancia del marco legal y de mostrar las diferencias del teletrabajo y el trabajo presencial,  pero partiendo de la premisa que los dos son trabajo. Hay gente que está presente en un trabajo y se hace la que trabaja o se va a tomar café a la cocina… ¡y de esa gente no se dice nada! El teletrabajador no necesita hacerse el que no trabaja ¡si nadie te está mirando! Tenés que trabajar y punto.

Mucha gente cree que como no te ven –como ocurriría presencialmente- hacés lo que querés y creo que contrariamente, el valor del teletrabajador es que sin ningún control  de nadie que esté mirando, aún así tenemos la disciplina, la eficacia, la eficiencia, el entusiasmo, de ir cumpliendo con los objetivos que se nos facilitan. Algo que tendríamos que tener en cuenta es que una empresa que quiere teletrabajadores tiene que capacitar previamente a una persona o contar con gente que ya tenga experiencia teletrabajando, pero la disciplina en sí corre a nivel de cada persona.

M: ¿No existe el riesgo de que lo personal y lo laboral, al trabajar desde tu casa, se superpongan?

F: No tanto. Hay muchos casos de gente que trabaja presencialmente y no deja de pensar en su trabajo aun en su casa, o lo siguen llamando por teléfono así esté cenando con su familia, con amigos o en cualquier ámbito. Yo creo que en realidad podría llegar a haber riesgo pero lo importante es llegar a diferenciar que uno por conectarse a Internet no necesariamente tiene que ir a chequear los mails del trabajo cuando en realidad estabas por chatear con amigos o algún familiar que vive lejos. Eso creo que va en cada uno. Es importante tener la misma responsabilidad cuando uno comienza el trabajo como cuando uno finaliza. Finalizar es finalizar, creo que es sano para cualquiera de los que teletrabajamos tener eso bastante en claro.

M: ¿Y las interrupciones del entorno?

F: Creo que es importante que los que teletrabajan marquen a los demás esos espacios, porque corrés el riesgo de que los que saben que teletrabajás desde tu casa pueden venir a tomar mate, tocarte el timbre, hablarte por teléfono, y es importante que marquemos esa frontera y decir “ok, estoy en mi casa pero estoy trabajando”. Me ha pasado que me digan “paso por tu casa porque vos siempre estás en tu casa, ¿no?”, y yo les digo, “sí, pero hacé de cuenta que yo no estoy”. Mi casa durante 8 horas por día de lunes a viernes se transforma en una oficina. Si yo estuviera en una oficina no irías a tomar mate. Por eso yo atiendo a partir de que termino, de la misma forma que si yo estuviese trabajando presencialmente en la empresa, a las 10 de la mañana en mi casa no me encontrarías. Es importante -repito- que nosotros mismos marquemos esa frontera, porque la gente en principio cree que porque uno está en su casa tiene que atender. No asocian la casa con el trabajo evidentemente. También corre a nivel familiar.

M: ¿Y qué tipo de profesionales hacen esto del trabajo a distancia?

F: Esto básicamente arrancó de la mano de los programadores y de los diseñadores web, y ahora sí se está extendiendo a otras profesiones como en el caso de los psicólogos, que incorporaron el Skype por ejemplo como una forma de trabajar con sus pacientes sin que estos tengan que concurrir al consultorio. Lo mismo ocurre en el caso del periodismo con todo este tema de la globalización, y que en Internet puedo estar leyendo Clarín, La Nación, El País de Madrid, o La Vanguardia de Barcelona o el New York Times, gracias a las tecnologías. Y de esa misma forma en que yo, Licenciado en Comunicación Social, puedo leer esos medios también puedo enviar mi CV para ver si esta gente necesita algún empleado freelance. Eso indudablemente fue facilitado por las tecnologías digitales y por Internet.  Antes yo no era capaz, especialmente en pueblos chicos, de enterarme si esos diarios estaban buscando empleados, y así me enterara, no sabría cómo -hace 30 años- redactar un artículo y hacérselos llegar llegado el caso.

También la pueden incorporar parcialmente abogados o contadores, por ejemplo, aunque después tengan que apersonarse. El teletrabajo permite esa flexibilidad, no es todo blanco o negro, podés hacer algunas instancias de teletrabajo y otras de instancia presencial.

M: Y por supuesto -como es tu caso- en lo educativo.

F: En lo educativo se ha extendido muchísimo, especialmente con el e-learning, en donde tenés capacitaciones on-line enteramente o con algunas instancias presenciales.

M: Esto hablando de educación superior

F: Claro, hay una edad también. Así como yo creo que no todo el mundo está capacitado para ser teletrabajador, también la educación a distancia no es para cualquier persona y de cualquier edad. Hay instancias como la primaria o incluso la secundaria, en donde se juegan además de todos los conocimientos que adquieren los chicos, una serie de conocimientos que se adquieren a nivel personal que se logran al socializar, al estar lejos de su casa y tener que verse con otros adultos que no son los de su familia, a aprender a manejar la frustración... son cosas que más allá de los conocimientos pedagógicos, te forman como persona y eso la educación a distancia no lo permite.

Ya para estudiar a distancia tenés que tener ciertas habilidades que un niño creo, no tiene, ni tampoco en la secundaria. Sería muy difícil enseñar a leer o escribir a distancia porque necesitas un acompañamiento presencial del docente, para manejar esto de la tolerancia a la frustración. El contacto físico es imprescindible y no se va a poder reemplazar jamás. Es beneficiosa la educación a distancia cuando uno es adulto, hablamos de universidad, de posgrados, por cuestiones de formación, de ventajas, de distancias, etc.