Sociedad

La sociedad como espejo del yo

por Ana Virginia Lona

16/08/2016

Lo que somos en cada momento de nuestro desarrollo es producto de nuestra capacidad para interiorizar al otro, reinterpretándolo, incorporándolo como si se tratara de nosotros mismos.

La sociedad como espejo del yo
Las neuronas espejo se activarían cuando un individuo realiza una acción pero también cuando observa una similar realizada por otros. | Imagen: rinconpsicologia.com

Negamos la importancia de la presencia del otro, concebido como alguien totalmente ajeno a nosotros, en algunos ámbitos y en otros la exigimos como competencia para realizar ciertas acciones sociales. Ocurre lo primero en los espacios en los que nuestras actividades cotidianas se desarrollan -el trabajo, la escuela y la calle donde vivimos-, y lo segundo en los momentos destinados al disfrute.

Nos gusta salir del cine o de una obra de teatro con esa sensación de que todos los que han trabajado en ello han sabido interpretarnos a nosotros, a ellos mismos y al mundo en el cual y con el cual interactuamos. Mientras que en otros espacios de interacción con el otro, en cuanto nuestras inseguridades, miedos, incertidumbres o, incluso, nuestras alegrías y deseos, salen a la luz, nos acorazamos tras la idea de que ningún otro ser humano tiene inferencia en el modo en que actuamos.

Estamos convencidos de que nuestra evolución individual no depende del otro, en ningún aspecto y en ninguna circunstancia en que nuestra debilidad se evidencie ante el mundo.

Nada más lejos de la realidad.

Lo que somos en cada momento de nuestro desarrollo, tanto individuos como sociedad, es producto de nuestra capacidad para interiorizar al otro, reinterpretándolo, incorporándolo como si se tratara de nosotros mismos.

Esta capacidad está regulada por las neuronas espejo. Esto es lo que un grupo de neurólogos ha descubierto a mediados de los ‘90. El hallazgo, aunque revolucionario, era algo que, desde hace siglos, en ámbitos del arte y la filosofía, ya se intuía.

En los tiempos de la Antigua Grecia se tenía plena consciencia de esta capacidad humana y se ponía en juego durante las representaciones dramáticas. Ellos sabían bien que la representación operaría de manera tal que produciría una transformación en los espectadores. Se trata de la catarsis. Para que ésta sea eficaz, lo que se pone en escena es la imitación del otro1. Dicho esto grosso modo, claro.

Lo que somos en nuestro cerebro

Las neuronas espejo fueron descubiertas por Giacomo Rizzolatti, Leonardo Fogassi y Vittorio Gallese, sus conclusiones se conocieron en 1996. Los investigadores plantean que las neuronas espejo se activan cuando un individuo realiza una acción pero también cuando observa una similar realizada por otros.

Los autores de este descubrimiento, luego de profundizar sus investigaciones, afirman haber encontrado dos sistemas de este tipo de neuronas. Uno se ubica en el área de Broca y el otro en la corteza parietal del cerebro. Estos dos sistemas neuronales están constituidos por células que tienen una doble función, se activan con la acción motriz pero también con la observación de ésta2. No todo quedó allí: los estudios en este campo demostraron que el comportamiento neuronal especular también sucede cuando hay emociones involucradas en alguna acción en particular. Esto último nos permite interpretarla como si la realizáramos nosotros, lo que también nos ayuda a comprender lo que otro experimenta y las circunstancias de esa experiencia3.

Este hallazgo abre la puerta para pensar que el lenguaje humano, en sus orígenes, pudo haber estado mediado por este sistema neuronal. La empatía se abordó teniendo en cuenta esta capacidad especular de nuestras neuronas4.

De esta manera, el comportamiento social de los humanos se puede comprender desde este punto de vista: lo que el otro hace no nos es indiferente, ni tampoco lo que nosotros hacemos desde la mirada del otro.

El teatro como espacio especular

El arte es un espacio cultural que nos permite expresarnos pero también es uno donde se realiza este intercambio especular de manera mucho más consciente. En el mundo de la dramaturgia, por ejemplo, los testimonios de los actores dan cuenta de esta característica tan humana que tiende a la emulación.

Cristina Medina es una actriz jujeña, diseñadora gráfica y mamá, estudiante de teatro de la Universidad Nacional de Córdoba que se encuentra incursionando en la dramaturgia independiente de La Docta. Ella nos cuenta: “Me impulsó a actuar el amor a la actuación, hacer personajes, vivir distintas vidas, poder ser otras personas, vivir muchas historias y después volver a ser yo misma. Es muy divertido porque se puede jugar mucho. Metiéndome en el mundo del teatro descubrí lo importante que es no juzgar ninguna vida y lo aburrida que sería la vida si no existiera la diversidad. Si fuéramos todos iguales no habría vida. Amo actuar, es muy divertido, ¡es lo más!”

Por otro lado, Fernanda Jaramillo, actriz de Córdoba, radióloga y mamá, dice que siempre amó el teatro aunque se acercó a él cuando sufrió “un ataque de estrés y sabía que era mi mejor medicina. Me hizo tener un poco más de carácter ya que podía expresarlo sobre las tablas”.

Matías Gabriel Lona, actor y dramaturgo, fue seducido por el teatro por “la catarsis y la autoexploración de las posibilidades del ser”.

¿Qué ocurrió en el medio? El teatro, tal como lo expresan Cristina y Matías, los enfrenta a otras vidas que han experimentado antes en su propia piel pero imitándolas pudieron sentir lo que otros sienten, de manera tal que la perspectiva de la realidad se amplió.

Esta imagen especular no sólo involucra al otro, sino a un yo reflejado en el otro. Esto es con lo que Fernanda se encontró: una imagen de sí misma que pedía un cambio para mejorar su calidad de vida y su interacción con el otro. El teatro los ha interpelado como sujetos sociales, les ha ayudado a tomar consciencia de que la presencia del otro conforma nuestra visión del mundo y del yo.

Como espectadores de obras teatrales o fílmicas, la observación del otro, que experimenta diversas situaciones muy distintas a las nuestras o muy similares también, nos acerca más al otro, pero también a ese yo, que es un otro para los demás, y que nos viene dado por lo que éstos dicen de nosotros.

Las neuronas espejo forman parte de nuestro desarrollo y de nuestro camino evolutivo, desde lo que llamamos la prehistoria hasta el presente. La creencia de que somos llaneros solitarios también es un comportamiento imitado que intenta desnaturalizar una estrategia de supervivencia que nos permitió poblar el planeta. Al mismo tiempo, permite naturalizar ciertos comportamientos que atentan contra la humanidad y que están al servicio de intereses que poco abogan por la continuidad de nuestro bienestar y del planeta.


1. Aspectos del teatro griego antiguo de Antonio Villarrubia Medina.

2. Mirroring and understanding action de Corrado Sinigaglia.

3. Neuronas espejo o especulares de Nse. Marita Castro en Asociación Educar.

4. Reseña de "Las neuronas espejo. Los mecanismos de la empatía emocional" de RIZZOLATTI, G. y SINIGAGLIA, C. de Nolasc Acarín Tusell; Anuario de Psicología 2007, 38 (2).