Más allá del líquido horizonte

La tan poderosa palabra amistad

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25/07/2014

La tan poderosa palabra amistad

En una entrega de sus diarios de viaje, nuestro navegante nos cuenta cómo un momento de felicidad compartida con un amigo puede volverse oscuro cuando otro desaparece.

Por Carlos Blanco Fernández

Llegué a Río de Janeiro el domingo a las 9:00 luego de un apacible viaje acompañado por la luna. Me encontraba muy cerca del canal de acceso al Iate Clube de Río de Janeiro cuando recibí una llamada de mi buen amigo Pedro. Dada su siempre excelente cordialidad, pensé que quería conocer mi hora de llegada para poder disfrutar, como siempre, nuestras charlas marineras. No fue así, necesitaba ayuda. Me costó darme cuenta de que él no estaba esperándome,  sino que se encontraba a la deriva en su barco, con problemas de motor. Había tenido un viaje muy cansador por los inconvenientes mencionados y, finalmente, los vientos reinantes en la Bahía de Guanabara no le permitían ingresar a vela al famoso Iate Clube. Llevaban 24 horas de navegación desde que partieron de Angra.

"Algún día navegaremos las mismas aguas o el mismo cielo y volveremos a reír".

Luego de algunos minutos de transmisión radial para conocer su posición, partí hacia las coordenadas transmitidas. Se encontraban a 8 millas al sur del Pão de Açúcar.

Afortunadamente, pude remolcarlo sin inconvenientes. Tanto Pedro como sus cuatro simpáticos amigos estaban bien, cansados, pero sin perder el buen humor.

Estoy feliz, no siempre se tiene la oportunidad de brindar una mano a quien hizo lo propio con anterioridad. Es algo más en esta hermosa aventura, no trascendente por el hecho de realizar un auxilio, sino porque ello tiene que ver con la tan poderosa palabra Amistad.

Muchas veces he querido escribir sobre lo que significan y significaron los amigos durante esta experiencia. Sin embargo, es tal el valor que asigno a ello, que siempre me he visto limitado para hacerlo.

Lo que he comentado, la situación vivida, abre las puertas para realizar una mención. Nada ha sido más importante que los amigos. Mis amigos del mar y aquellos que en la tierra participan de esta, mi hermosa aventura. Los que me ayudaron, los que comparten, los que me esperan, los que tienen su corazón contento porque soy muy feliz. Los que están y los que partieron.

Después de 30 horas de navegación, incluido el viaje desde Buzios y el auxilio mencionado, finalmente, pude tener noticias recientes.

Como he dicho otras veces, la felicidad no es plena, solo momentánea. Mi gran amigo Augusto, quien también fuera un amigo dilecto de mi padre, nos dejó. Perdimos su caballerosidad, su palabra, su gentileza en el hoy, pero ganamos el recuerdo y ejemplo de una vida de corrección y dedicación a su familia y al trabajo.

Querido Augusto, son muy pocas las palabras para tantas cosas compartidas. Pero algún día navegaremos las mismas aguas o el mismo cielo y volveremos a reír.

En la figura de mi tan querido amigo Augusto los veo a Ustedes, a quienes me han regalado el más precioso tesoro: su amistad. A todos y cada uno, quienes viven en mí, muchas gracias.