Sociedad

La vuelta a clases: ¡Otra vez sopa (de letras)!

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12/03/2014

La vuelta a clases: ¡Otra vez sopa (de letras)!

Marzo ya llegó y las clases otra vez no comenzaron a tiempo. ¿Qué conclusiones se pueden sacar de todo esto? Te brindamos algunas, ¡las demás quedan a tu cargo!

Por Alan Laursen | alaursen@revistamagna.com.ar

Ya empezó el tercer mes del 2014 y como en todo marzo estos últimos años, a la compra de los nuevos útiles para empezar la escuela, la búsqueda de precios en guardapolvos, la pelea por los cupos en algunos lugares del país, la tristeza de dejar atrás las vacaciones y los nervios de los primerizos, se suma el paro docente que muchas veces dilata el comienzo de clases, haciendo que la fecha oficial casi nunca se cumpla. No obstante esto, que puede ocasionar molestias en muchas familias, el paro docente como manifestación de la lucha de los trabajadores de la educación por sus derechos y su dignidad me parece absolutamente lícito. Es lícito porque si dejamos de lado lo superficial que es el paro en sí y buceamos en lo profundo, hay muchas cuestiones que son el reflejo de una sociedad en crisis.

Cómo ha cambiado el colegio en los últimos años: en los ' 60, los padres le preguntaban a su hijo "¿Qué significan estas malas notas?". En la actualidad, la misma pregunta es dirigida al docente. | Imagen: webalia.com

La imagen del docente ha pasado del prestigio a la precarización. En evocaciones de los más mayores, la figura del docente se hacía con cariño y con respeto. Es cierto que la educación era más rígida y seguramente se utilizaban metodologías que hoy nos escandalizarían, pero el docente como figura, como actor social, estaba muy bien considerado. Ser docente era hasta prestigioso. Y ni que decir que si te sancionaban por mal comportamiento, los padres y el docente estaban prestos a “arruinarte el día”. Por eso sorprende tanto en estas épocas que los padres vayan a pedirle explicaciones al docente, muchas veces de mala manera y con violencia, de por qué amonestó al santo de su hijo (“¡Si en casa es re tranquilito!”).

Por supuesto que esto no aparece de la nada, sino que va de la mano de las constantes crisis económicas, malas políticas de estado y también de la globalización, que por más efectos positivos que haya traído, todavía no sabemos cómo lidiar con los negativos.

De Jacinta Pichimahuida a Noelia

Para la sociedad argentina, el personaje televisivo de Jacinta Pichimahuida representaba a una maestra dulce y amorosa que con la misma dulzura y amor resolvía los casos de peleas, discriminación y problemas de los niños que tenían lugar dentro del aula. Tal vez un poco naïf, lo cierto es que este programa encarnó la imagen social de la maestra comprensiva en el marco de una escuela que era “como la segunda casa” de las blancas palomitas.

Noelia y Jacinta Pichimahuida supieron reflejar desde la pantalla chica diferentes aspectos de la educación argentina. | Imagen: Internet

Ya en los años '90, con la precarización laboral, la ausencia comprometida del Estado respecto a “lo público” y también los cambios socioculturales, la escuela pasó a tener un rol de “segundo hogar” pero para brindar alimentos a los estudiantes que iban sin comer, contenerlos, incluso vestirlos y asearlos además del rol central de instrucción que se veía muchas veces disminuido. La imagen del docente pasó a ser puesta en cuestión, dejando por un lado ese costado naïf pero también poniendo de manifiesto los problemas graves que la educación pública tenía que sortear. Fiel reflejo de todo esto fue la protesta conocida como “la Carpa Blanca” llevada a cabo por los sectores docentes, quienes justamente instalaron una carpa blanca frente a la Casa Rosada entre 1997 y 1999 para reclamar al Gobierno de Carlos Menem mayor inversión en la educación pública. Tal vez el personaje de Noelia de Antonio Gasalla refleje un poco la situación escolar de aquellos años, parodiando a una docente argentina, corrupta y ventajera sí, pero a la vez mostrando en esas actitudes caricaturizadas la necesidad de sobrevivir con lo poco que había, en escuelas deficitarias y con magros sueldos, recurriendo a cualquier clase de artilugios para ganar “algunos mangos extra”.

Desafortunadamente “lo grotesco” no es exclusividad de la parodia, ya que vemos que más de una década después la situación no ha cambiado mucho y que incluso ha empeorado en otros aspectos. Al bajo sueldo docente se le suma el hecho de lidiar con situaciones como las drogas, las armas en manos de chicos cada vez más jóvenes, la inseguridad y la pobre infraestructura en algunos casos.

La "Carpa Blanca" fue una de las protestas más extensas de la década de 1990 en Argentina. A través de ella, los sectores docentes reclamaban un aumento en los fondos económicos destinados a la educación. | Imagen: commons.wikimedia.org

Educación vs. formación

Sin dudas, el sistema educativo merece una profunda revisión y necesita cambiar, actualizarse, modernizarse. Pero también, para que algo cambie, la sociedad necesitará cambiar de la mano de los gobiernos y desde las actitudes diarias. Y como asistimos a una crisis de instituciones, también la familia ha quedado atrapada en estos cambios positivos y negativos a la vez. Puede ser un lugar común decir que “la educación empieza por casa” pero no hay, creo, frase más acertada para describir la situación actual. El respeto a los otros, la tolerancia, las buenas costumbres y los valores se profundizan a través de la escuela pero deben ser también impartidos desde el hogar. A la escuela lo que le corresponde es la instrucción, es un error que cometen muchos padres el de pretender que la escuela se haga cargo de sus hijos y que funcione como un mero depósito o guardería.

En estos momentos de paro en que los padres se ponen nerviosos -lo cual es en parte entendible por la incertidumbre que les genera- muchos son comprensivos pero otros piden a los docentes mayor vocación y que no hagan paro y “protesten de otra manera”. ¿Qué más hay que hacer para hacerse escuchar? ¿Qué más vocación puede haber que ir a dar clases por un sueldo insultante, a una escuela en crisis y a estudiantes cada vez más descreídos de la educación y de la escuela? Que existen docentes a los que no les importa la educación, los hay, pero son los menos. Y lo particular no invalida lo general en este caso. Vayamos pensando en las consecuencias de todo esto para el futuro. Tal vez así y sólo así seamos capaces de reaccionar y dar valor a lo realmente valorable, a lo que nadie puede quitarnos, que es el conocimiento adquirido. La única manera de destruir el conocimiento es no fomentándolo, destruyéndolo. En pleno siglo XXI lamentablemente todavía hay gente a la que le conviene la ignorancia. ¡Todos ellos al rincón!